Cómo explicamos el comportamiento: la teoría de la atribución

Es habitual que los seres humanos intentemos establecer las causas de todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Estas teorías describen, desde la psicología, los mecanismos que ponemos en juego en la búsqueda de respuestas.
Cómo explicamos el comportamiento: la teoría de la atribución

Última actualización: 18 noviembre, 2022

En psicología social, la atribución es el proceso de inferir las causas de los acontecimientos o comportamientos. El psicólogo austriaco Fritz Heider, padre de la teoría de la atribución, la definió como un método para evaluar cómo la gente explica el origen de su propio comportamiento y el de los demás.

Teorías aparte, en nuestro día a día, la atribución es algo que todos hacemos constantemente, sin ninguna conciencia de los procesos subyacentes y los prejuicios que conducen a nuestras inferencias. Las atribuciones que hacemos a diario no son algo menor.

Las atribuciones que realizamos tienen una influencia importante en nuestros sentimientos y también en la forma de pensar y relacionarnos con otras personas.

En este sentido, somos propensos a hacer atribuciones internas o externas, dependiendo de nuestra personalidad o de la influencia que tienen en nosotros diferentes factores. Los sesgos cognitivos, por ejemplo, desempeñan un papel importante en este aspecto y en nuestra toma de decisiones.

Teoría de la atribución de Heider

Compañeros de trabajo hablando

En su libro La psicología de las relaciones interpersonales (1958), Heider sugirió que las personas observan a otros para analizar su comportamiento. Además, postuló que llegan a sus propias conclusiones para explicar el sentido de las acciones que observan.

La teoría de la atribución de Heider trata de analizar cómo explicamos el comportamiento de las personas y los acontecimientos de la vida. En psicología social esto se llama proceso atributivo. Para Heider, tendemos a atribuir la conducta de los demás a una de entre dos causas posibles: una causa interna o una causa externa.

Las causas internas o atribuciones internas se refieren a características y rasgos individuales, como rasgos de personalidad, inteligencia, motivación, etc. Las causas externas o atribuciones externas son las que se otorgan a las fuerzas situacionales, como la suerte, al tiempo meteorológico o a las acciones de terceras personas.

Teoría de la interferencia correspondiente de Jones y Davis

En 1965, Edward Jones y Keith Davis sugirieron que las personas hacen inferencias sobre otros cuando las acciones son intencionales, y no accidentales, en su teoría de la interferencia correspondiente. El objetivo de esta teoría es explicar por qué la gente da atribuciones internas o externas.

Según esta teoría, cuando las personas ven a otros actuar de cierta manera, buscan una correspondencia entre los motivos y sus comportamientos. De este modo, las inferencias que hacemos se basarían en el grado de elección, la probabilidad de aparición de la conducta y los efectos de ese comportamiento.

Esta teoría solo se ocupa de cómo las personas realizan atribuciones internas, pero no aborda cómo las personas hacen atribuciones infiriendo causas circunstanciales o externas.

Davis usó el término inferencia correspondiente para aludir a una ocasión en la que una persona infiere que el comportamiento de otra coincide con su personalidad. Es un término alternativo a la atribución disposicional. Entonces, ¿qué nos lleva a hacer una inferencia correspondiente? Jones y Davis dicen que recurrimos a cinco fuentes de información:

  • Elección: si un comportamiento se elige libremente, se cree que se debe a factores internos (disposicionales).
  • Comportamiento accidental versus intencional: el comportamiento intencional probablemente se atribuya a la personalidad de la persona, y el comportamiento accidental probablemente se atribuya a la situación/causas externas.
  • Deseabilidad social: los comportamientos bajos en deseabilidad social nos llevan a hacer inferencias disposicionales (internas) más que los comportamientos socialmente indeseables. Por ejemplo, si observas a una persona subirse a un autobús y sentarse en el suelo en lugar de uno de los asientos. Este comportamiento tiene baja deseabilidad social y es probable que se corresponda con la personalidad del individuo.
  • Relevancia hedonista: si el comportamiento de la otra persona parece tener la intención directa de beneficiarnos o perjudicarnos.
  • Personalismo: si el comportamiento de la otra persona parece tener la intención de tener un impacto en nosotros, asumimos que es «personal», y no solo un subproducto de la situación en la que ambos nos encontramos.

Modelo motivacional de Weiner

Mujer con éxito

La teoría de Weiner, derivaba del trabajo de Heider, es un modelo integrador de las adscripciones causales y de los efectos cognitivos, afectivos y conductuales que las atribuciones pueden tener.

Weiner desarrolló la teoría de la atribución para explicar la asociación entre la inferencia causal y éxito y el fracaso académico. Para ello se centró en identificar las diferencias en las necesidades y rendimiento de las personas cuando piensan en sus éxitos o fracasos.

El modelo motivacional de Weiner (1986) explica la conducta de logro mediante las atribuciones causales percibidas por las personas en resultados de logro anteriores. Dicho de una manera más sencilla, el éxito estaría relacionado con cómo las personas han explicado sus éxitos anteriores.

Esta teoría relaciona las expectativas para el futuro con la estabilidad de las atribuciones realizadas. Así, las atribuciones más estables sostienen las expectativas de obtener el mismo resultado en el futuro, mientras que las atribuciones más inestables producen cambios de las expectativas sobre el resultado futuro.



Así, si pensamos que nuestro éxito se debió a un momento de inspiración, supondremos que la probabilidad de repetirlo es menor que si suponemos que se produjo porque somos personas inteligentes. La inspiración va y viene, la inteligencia está «siempre con nosotros».

Modelo de covariación de Kelley

Amigos divirtiéndose

Harol Kelley aborda el estudio de la validez atributiva para explicar cómo deciden las personas que sus impresiones sobre un objeto son correctas. Según el modelo de variación de Kelley, las personas hacen inferencias causales para explicar por qué otras personas se comportan de una manera determinada.

Esta forma de realizar atribuciones tiene que ver con la percepción social y la autopercepción. De acuerdo con este modelo, las causas de un resultado se pueden atribuir a la persona (interno), al estímulo (externo), a la circunstancia o a alguna combinación de estos factores.

Criterios y atribuciones

Así, las atribuciones se hacen sobre la base de tres criterios: consenso, carácter distintivo y consistencia.

  • Consenso: existe «consenso» cuando todas a la mayor parte de las personas responden frente al estímulo o situación, de igual modo que la persona observada.
  • Carácter distintivo: cuando la persona observada responde de forma distinta a otros estímulos o situaciones similares.
  • Consistencia: cuando la persona responde siempre de la misma forma o parecida al estímulo o situación considerada.

Así, en función de estos tres parámetros, estableció tres tipos de atribuciones.

  • «Consenso alto/distintividad alta/consistencia alta»: es propio fin de la conducta el que hace que la persona actúe así.
  • «Consenso bajo/distintividad baja/consistencia alta»: son las características personales las que hacen que la persona actúe así.
  • «Consenso bajo/distintividad alta/consistencia baja»: son las circunstancias que rodean a la decisión las que hacen que el sujeto actúe así.

Los sesgos atribucionales

Con frecuencia hacemos atribuciones causales erróneas, aunque nos parezcan lógicas. Esto se debe en buena medida a la presencia de los sesgos atribucionales. Veamos algunos de estos sesgos.



  • Error fundamental de atribución: es la tendencia a atribuir las conductas a factores internos de la persona que las lleva a cabo, ignorando o minimizando la influencia de los factores situacionales.
  • Diferencias entre actor y observador: mientras solemos atribuir nuestras propias conductas a las circunstancias, interpretamos los mismos comportamientos en otros como consecuencia de sus características personales.
  • Falso consenso: ocurre cuando pensamos que los demás tienen opiniones y actitudes más similares a las nuestras de lo que realmente son.
  • Falsa peculiaridad: tendemos a creer que nuestras cualidades positivas son únicas o poco frecuentes, aunque no sea así.
  • Atribución egocéntrica: hace referencia al hecho de que sobrestimamos nuestras contribuciones en tareas grupales. También recordamos más las aportaciones propias que las de los demás.
  • Sesgo favorable al yo: alude a nuestra tendencia natural a atribuir los éxitos a factores internos y los fracasos a causas externas.

Para concluir, sea siguiendo un modelo u otro, lo cierto es que ninguna persona se priva del «placer» de intentar darle una explicación a su conducta y a las de los demás. Esto es así porque hacer bien esta tarea nos da una gran ventaja para operar en el mundo, ya que entendemos que una atribución correcta nos hará ser más hábiles a la hora de predecir resultados y acciones.


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  • Cortada de Kohan, N., & Macbeth, G. (2006). Los sesgos cognitivos en la toma de decisiones.
  • Domínguez Espinosa, A. D. C., Aguilera Mijares, S., Acosta Canales, T. T., Navarro Contreras, G., & Ruiz Paniagua, Z. (2012). La deseabilidad social revalorada: más que una distorsión, una necesidad de aprobación social. Acta de investigación psicológica2(3), 808-824.
  • McLeod, S. A. (2012). Attribution theory. Simply Psychology. www.simplypsychology.org/attribution-theory.html

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