Familia y depresión: ¿cómo se relacionan?

23 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
El estilo parental y el clima emocional de una familia pueden ser el desencadenante e incluso el origen de una depresión. La contrapartida es que el mismo núcleo, con la intervención adecuada, puede ser ese punto de apoyo que contribuya de manera decisiva al éxito de la terapia.

Familia y depresión mantienen un vínculo singular. Como dicen muchos expertos, es una carretera de dos direcciones. Por un lado, los trastornos depresivos tienen un impacto potencial grande en el núcleo familiar. A su vez, las propias personas que integran un hogar pueden ser una ayuda valiosa para esa figura que transita con esta condición psicológica tan dura.

Dicho de otro modo, la familia puede ser el origen de la depresión o ser, en cambio, la mejor alianza para superarla. La verdad es que, al hablar de estas realidades clínicas, es primordial tener en cuenta ese entorno cercano que rodea al paciente. Algo común es encontrarnos con un historial familiar en el que los trastornos del del estado del ánimo navegan entre otros miembros: padres, tíos, abuelos…

Por ejemplo, ¿quiere decir esto que, si mi madre sufrió una depresión, la padeceré yo también? En desórdenes mentales, como en cualquier enfermedad, no hay una correlación directa. Hay un riesgo, una pequeña probabilidad. Ahora bien, hay otros elementos que no siempre tenemos en cuenta y que en ocasiones pueden ser más determinantes.

Hablamos, por ejemplo, del estilo de crianza, del clima emocional, del tipo de comunicación, del apego… Las familias pueden ser fábricas de sufrimiento o burbujas de felicidad. Esos elementos parentales son siempre decisivos para el bienestar psicológico de los niños y, en esencia, de todos los miembros de ese núcleo familiar.

Monigotes de papel representando la relación de la familia y depresión

Familia y depresión: origen del trastorno o refugio emocional

Familia y depresión presentan una interacción tan compleja como decisiva. No podemos pasar por alto, por ejemplo, cómo influye en todos los miembros de un núcleo familiar la presencia de un miembro con depresión. El estilo de comunicación varía, alguien con indefensión y un enfoque mental negativo y derrotista impregnará la atmósfera de desesperanza, de mal humor, afectando así a la calidad de las relaciones.

Si esa persona no recibe asistencia (un hecho más común de lo que pensamos), es muy probable que el ambiente de ese hogar quede impregnado durante meses o años de la sombra alargada de dicho trastorno. Nadie es inmune, ni la pareja de la persona con depresión y aún menos los hijos.

A veces, hechos tan comunes, como el desempleo o las depresiones postparto configuran situaciones desafiantes para los núcleos familiares, hasta el punto de quedar suspendidos en estados de gran vulnerabilidad social.

Analicemos con detalle alguna de estas situaciones y su impacto.

Progenitores con depresión y el cambio de roles

Más allá de la multiplicidad de factores que originan el desarrollo de una depresión, está la propia persona afectada y el impacto en su entorno cercano. Un hecho de especial sensibilidad es el cambio de roles que suele darse cuando son los padres o las madres quienes sufren este trastorno del estado del ánimo.

La falta de energía, de ánimo, motivación y ganas de vivir hacen que en muchos casos sean los niños los que acaben atendiendo a sus padres. De pronto y sin quererlo, se convierten asumen el rol de cuidadores. Pueden responsabilizarse o llevar a cabo tareas que no son propias de su edad, pagando con ello un precio grande a cambio.

Familias y depresión: cuando los padres son el origen de una alteración psicológica

Lo señalábamos al inicio: hay familias que actúan como auténticas fábricas de sufrimiento. Estudios, como los llevados a cabo en la Universidad de Texas en Austin (Texas), señalan que es importante considerar los factores psicosociales de las familias cuando nos encontramos con adolescentes con depresión. En estos casos es común encontrar los siguientes desencadenantes:

  • Antecedentes psiquiátricos de los padres (depresión, ansiedad, trastorno bipolar, trastorno límite de la personalidad…).
  • Maltrato físico y psicológico.
  • Estrés ambiental.
  • Clima emocional deficitario.
  • Falta de habilidades en la crianza y la educación.
  • Problemas económicos y carencias asistenciales.
  • El carácter de los niños y relación con los padres. En este estudio se evidenció que los adolescentes más impulsivos tenían problemas de relación con sus progenitores y esto les generaba angustia emocional. A la larga, existía un riesgo mayor de desarrollar depresión.

Estigma y falta de conciencia sobre la depresión

La depresión sigue siendo a día de hoy un estigma, una realidad mal manejada. Esa falta de comprensión hace que tengamos a menudo núcleos familiares encapsulados. Son familias con un miembro depresivo que no recibe atención y cuyo hecho, les aísla, elevando así la carga de sufrimiento.

Todos quedan impregnados por esa compleja dinámica, creándose una entropía de malestar en la cual todo se altera: el tipo de comunicación, el afecto, las expectativas, etc.

Hombre triste con baja autoestima

Cuando la familia sí es el soporte para la persona deprimida

Sabemos que, en algunos casos, la familia es el factor que precipita o desencadena la depresión. Ahora bien, es importante saber que en gran parte de las situaciones se alza en realidad como un soporte indispensable para la persona afectada por cualquier problema de salud mental.

Así, David Miklowitz, investigador clínico de la Universidad de Oxford y una de las personas que más han estudiado la relación entre familia y depresión, nos señala algo interesante. El núcleo familiar -más en concreto, el círculo de apoyo- es clave para que la persona salga de la depresión. 

Gracias a este soporte humano, el especialista cuenta con aliados que pueden trabajar en favor de la intervención; por ejemplo, supervisando los deberes del paciente establecidos en consulta o produciendo directamente que el paciente no se salte sesiones los días que menos le apetecen. Es más, es esencial que se les capacite en habilidades de comunicación, gestión emocional y resolución de problemas para que la interacción entre ellos y con la persona afectada sea siempre saludable y adecuada.

Con todos estos factores no solo se ven grandes avances, sino que además se reduce drásticamente la tasa de recaídas. Es por tanto un dato interesante. La familia puede actuar como ese pilar que favorezca el bienestar y la salud mental.

  • Janay B. Sander, Carolyn A. McCarty (2006) Youth Depression in the Family Context: Familial Risk Factors and Models of Treatment. Clinical Children Family Psycholy Rev. 2005 Sep; 8(3): 203–219. doi: 10.1007/s10567-005-6666-3