Fobias alimentarias: me da miedo comer y no por engordar

21 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Girod de la Malla
¿Sabes en qué consisten las fobias alimentarias? Pueden llegar a tener consecuencias graves y limitan la vida de las personas. Sigue leyendo para conocerlas.

¿Cuántos tipos de fobias conoces? Probablemente, si nos ponemos a pensar encontremos que hay cientos de tipos de fobias, unas más frecuentes que otras. Fobia a los perros, a la oscuridad, a las alturas… Son fobias que conocemos o incluso, quizá, hayamos padecido en algún momento. Sin embargo, existe un tipo de fobia mucho menos conocido e incapacitante: las fobias alimentarias.

Las fobias alimentarias son una familia de fobias que incluyen desde miedo a probar alimentos nuevos hasta miedo a tragar la comida, pasando por el miedo a comer determinados tipos de alimentos por miedo a sufrir una intoxicación. La alimentación es una necesidad primaria, por lo que si esta se ve alterada puede acarrear graves consecuencias.

¿Qué tipos de fobias alimentarias se conocen? ¿Tienen alguna relación con otros trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia nerviosa? ¿Cuáles son las consecuencias? Aquí respondemos a estas y otras cuestiones.

Niños sin ganas de comer con fobias alimentarias

En primer lugar, ¿qué son las fobias?

Las fobias son reacciones de miedo irracional ante estímulos inofensivos o ante estímulos no tan inofensivos, pero que se encuentran bajo control; por ejemplo, porque la persona dispone de los recursos necesarios para hacerle frente.

Las respuestas fóbicas resultan desadaptativas y pueden afectar a la vida diaria de las personas, lo que hace que requieran atención y tratamiento. Más aún cuando la fobia afecta a una necesidad fisiológica básica como es la alimentación.

Las fobias suelen aparecer a partir de la infancia o la adolescencia y se suelen adquirir por aprendizaje. La experiencia directa con el estímulo fóbico y el aprendizaje vicario (por observación de otras personas) son las principales formas de adquisición de las fobias. Por ejemplo, haber sufrido un atragantamiento con un cacahuete puede ser suficiente para la adquisición de la fobia a comer cacahuetes.

Por otra parte, existe un efecto muy curioso, el efecto García, que está relacionado con el miedo a sufrir una intoxicación alimentaria. Este efecto explica por qué rechazamos sistemáticamente alimentos (o sabores similares a esos alimentos) que en algún momento nos sentaron mal.

Cuando sufrimos una intoxicación alimentaria o un alimento nos sienta mal (aunque sea de manera leve) se produce una aversión condicionada al sabor, producida por el emparejamiento de un determinado sabor a una sensación desagradable.

Existen muchos tipos diferentes de fobias, pero en este artículo nos vamos a centra en las, ya mencionadas fobias alimentarias. ¿Qué son y qué tipos existen?

Entrando en materia: las fobias alimentarias

Las fobias alimentarias son una familia de fobias relacionadas con diferentes aspectos relacionados con los alimentos. Puede estar implicado el miedo a probar alimentos nuevos, el miedo a tragarlos, el miedo a intoxicarse, el miedo a comer un determinado grupo de alimentos… Como la mayoría de las fobias, las fobias alimentarias se suelen adquirir por aprendizaje.

La consecuencia principal es la evitación activa del estímulo fóbico, lo que puede conducir a restringir de manera exagerada la ingesta, pudiendo llegar a producir desnutrición y un infrapeso grave.

Neofobia alimentaria: miedo a los alimentos desconocidos o nuevos

La neofobia es la fobia y el rechazo a probar nuevos alimentos. Literalmente significa ‘miedo a probar alimentos desconocidos’. La neofobia es un fenómeno muy frecuente en la infancia, especialmente en torno a los 2-3 años, que tiende a ir desapareciendo después de los 5 años. Aunque en algunos casos puede persistir hasta la edad adulta.

Existe una explicación evolutiva para este fenómeno. Se puede considerar la neofobia como un mecanismo de defensa, ya que en épocas muy anteriores, en las que las personas recolectaban sus propios alimentos, el no rechazar un alimento nuevo podía ponerle en riesgo de sufrir una intoxicación o llevarle a la muerte.

Por lo tanto, los niños de 2-3 años que rechazan comida, no son “malos comedores”, sino que se están adaptando a nuevos sabores y texturas que poco a poco acabaran tolerando (salvo excepciones).

Existe una predisposición genética para este tipo de fobia. Se estima que el 78 % de los casos de neofobia alimentaria son heredados. Además, el aprendizaje tiene un papel fundamental. Los niños aprenden, en gran medida, por la observación de modelos (padres, hermanos mayores). Por ello, cabe esperar que si en casa observan como sus modelos rechazan probar alimentos, ellos lo repitan, considerando que es lo correcto.

Niña tapándose la boca por fobias alimentarias

Fagofobia: miedo a tragar los alimentos

La fagofobia consiste en la fobia a tragar los alimentos producida por un miedo irracional a ahogarse o asfixiarse al deglutir. A diferencia de la neofobia, puede producirse a cualquier edad y suele estar asociada a haber sufrido un episodio de atragantamiento.

Es lógico pensar que si hemos estado a punto de ahogarnos con un determinado alimento, lo rechacemos por no volver a tener que pasar por lo mismo. El problema es que este miedo puede generalizarse a otros alimentos y limitar mucho la gama de alimentos que ingiere la persona. Se puede acabar desarrollando una fobia a tragar todo tipo de alimentos, incluso los líquidos.

Cuando la fobia está relacionada con la fobia a trabar alimentos sólidos, se puede empezar a ingerir alimentos líquidos o triturados, pasando a alimentos fácilmente desmenuzables y masticables, hasta llegar a alimentos sólidos de menor a mayor consistencia.

En caso de que la fobia esté relacionada con líquidos, se puede empezar por utilizar espesantes y gelificantes que cambien la textura de los líquidos para poder mantener la hidratación del cuerpo. Progresivamente se puede ir disminuyendo la proporción de espesante.

Cibofobia: miedo a intoxicaciones o reacciones alérgicas

La cibofobia está más relacionada con la seguridad alimentaria en general, que con el miedo a comer un determinado tipo de alimentos. Consiste en miedo a sufrir una posible intoxicación alimentaria o una reacción alérgica. Esto les lleva a revisar concienzudamente el estado de los alimentos antes de comerlos, así como las fechas de caducidad.

Esta fobia está muy relacionada con el efecto García, que antes mencionábamos. Suele estar muy asociada a haber padecido una intoxicación alimentaria o una reacción alérgica tras comer un determinado tipo de alimentos. Sin embargo, aunque la fobia, en un primer momento pudiera estar circunscrita a un alimento concreto, el miedo puede generalizarse a distintos alimentos de una misma familia.

Otras fobias alimentarias

La micofobia es el miedo a consumir hongos o setas por la posibilidad de envenenamiento. Lo curioso de esta fobia es que no se limita a la ingesta de hongos, sino que puede generalizarse y provocar aversión y miedo al simple hecho de verlos o tocarlos.

Por otra parte, la lacanofobia se define como el miedo a los vegetales. Este miedo puede asociarse a un solo vegetal en concreto o a una familia entera de vegetales.

Está muy asociado a situaciones traumáticas vividas en la infancia, relacionadas con la ingestión forzosa de estos alimentos. Como por ejemplo haber sido obligado a comer a pesar de tener arcadas, o haber tenido que desayunar las espinacas de la cena anterior. Puede estar relacionado también con haber encontrado algún insecto en las verduras.

Mujer intentando comer vegetales

Fobias alimentarias versus trastornos de la conducta alimentaria

Como hemos visto, las fobias alimentarias, aunque empiecen por estar asociadas a un alimento concreto, pueden generalizarse a otros. Esto puede limitar, además de la variedad de alimentos que se ingieren, la calidad de la alimentación en general, pudiendo llegar a causar un descenso de peso exagerado.

Este infrapeso es común a algunos trastornos de la conducta alimentaria, como puede ser la anorexia nerviosa. En esta, el descenso de peso se produce por una reducción deliberad de la cantidad y variedad de los alimentos que se ingieren, como forma de controlar el peso.

Y he aquí la diferencia principal. Mientras que en las fobias alimentarias el miedo está centrado en aspectos muy relacionados con los alimentos en sí, como la familia a la que pertenecen o su estado de conservación, en la anorexia nerviosa el miedo se centra en el temor patológico a aumentar de peso.

Por eso es importante explorar bien qué puede haber detrás de un infrapeso, qué tipo de miedo a conducido al adelgazamiento, porque diferentes trastornos requieren diferentes abordajes.

Para terminar: algunas observaciones sobre el tratamiento

La intervención en la anorexia nerviosa se centra en la rehabilitación nutricional con el objetivo de asegurar la estabilidad biológica de la persona, antes de pasar a trabajar a nivel cognitivo, la distorsión de la imagen corporal, las creencias sobrevaloradas respecto al peso corporal, etc.

En el caso de las fobias alimentarias, si las consecuencias son graves y si llevan tiempo acompañando a la persona, quizá sea necesario reestablecer el peso como primera medida. Sin embargo, el tratamiento de la fobia en sí tiene que ir más encaminado a favorecer el contacto progresivo con el estímulo fóbico para tratar de descondicionar la fobia.