Grease: reviendo un clásico

Este artículo fue redactado y avalado por la crítica de cine Leah Padalino
· 9 marzo, 2019
Grease es una de esas películas inmortales que, por mucho tiempo que pase, seguimos disfrutando y cantando sus canciones. Sin embargo, desde la óptica actual, puede resultar difícil de digerir. ¿Se ha quedado anticuada?

Mucho se está hablando en los últimos meses acerca de canciones, películas o libros del pasado que, desde la óptica actual, no superarían el filtro de lo correcto. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Dejamos de escuchar esas canciones que nos han acompañado toda la vida? ¿Boicoteamos a nuestra película favorita?

En este sentido, pocas películas podrían pasar sin ser catalogadas de machistas, homófobas o racistas. Pero, de obviarlas, también nos estamos perdiendo una parte de nuestra historia y cultura. Tras mucho pensar sobre el tema, me decidí a volver a ver una película que disfruté mucho en mi infancia: el musical Grease (R. Kleiser, 1978).

Grease creó tendencia, se imitaron sus looks, todavía se cantan sus canciones y hasta cuenta con una secuela totalmente innecesaria. Todo gran éxito comercial tiene una secuela, por mala que sea. No hay muchas películas que puedan alardear de tales logros y de poseer una banda sonora absolutamente inmortal.

Tras volver a verla, me sorprendí al darme cuenta de que, a pesar de los años, todavía recordaba algunos de los diálogos y las letras de las canciones. Pero también me sorprendió ver que esa historia de amor ya no me resultaba atractiva ni convincente. Tal vez, lo único que tenemos que hacer es ponernos en el contexto del momento y el lugar para volver a disfrutar.

El cine, como las artes en general, está sujeto a unos cánones que no son, en absoluto, estáticos. Grease fue un rotundo éxito comercial en su época y su impronta ha pervivido durante mucho tiempo. Seguramente, si hoy se estrenase una película como Grease, ya no generaría el mismo impacto y no escaparía de la polémica.

En este artículo, me he propuesto darle una segunda oportunidad, analizar Grease desde la perspectiva actual para ver cómo ha evolucionado el gusto, el cine y el canon.

Grease is the time, is the place, is the motion. Grease is the way we are feeling…

Grease: gusto frente a calidad

Hacía muchos años que no veía la película y, aunque me acordaba prácticamente de todo, no la recordaba tan pobre. Los decorados y el vestuario tienen ese aire nostálgico que enamora, Grease era vintage ya en su época. Pero si hablamos de su argumento, de sus personajes y, en general, de calidad, la verdad es que deja mucho que desear.

La historia no puede ser más simple: dos adolescentes se enamoran en verano. Ambos saben que, cuando terminen las vacaciones, sus vidas se separarán para siempre. Pero Cupido parece que hizo bien su trabajo y, por cosas del destino, se reencuentran en el instituto.

Se produce su primer encuentro tras el verano y Danny saca a relucir su lado más oscuro, Sandy se decepciona y lo demás es historia; creo que no hace falta detenerse mucho más en su argumento. Desde mi punto de vista, el patetismo se respira ya desde el inicio y se mantiene a lo largo de todo el filme.

La mayoría de los actores superaba los 20 años con creces y la verosimilitud brilla por su ausencia. Las chicas van de rosa y los chicos visten de negro, ¿casualidad? No lo creo. La brecha de género está perfectamente definida; tan solo hay que escuchar la canción Summer Nights para darse cuenta de las intenciones: las chicas son románticas e, incluso, materialistas; mientras los chicos solo piensan en sexo.

Grease pretendía ser un filme inocente, no quería ofender a nadie, se ajusta a modelos que daban buenos resultados en su época. Lo que en un momento dado era aceptado, en otro, puede convertirse en ofensivo o polémico y Grease no es una excepción. Ya en su época no podíamos hablar de personajes profundos y, actualmente, todavía menos. Los modelos se han quedado anticuados, aunque, la verdad sea dicha, la diversión se mantiene.

Una banda sonora eterna

Uno de los puntos fuertes de Grease es, sin duda, su banda sonora. Canciones inolvidables que, durante años, han llenado pistas de baile ya sea en discotecas o en las fiestas del pueblo. ¿Quién no ha imitado el Grease Lightnin’ de John Travolta y el resto de los T-Birds? 

Me atrevería a decir que, de no ser por su banda sonora, Grease no habría cosechado tal éxito. También habría que añadir la labor del reparto, la química de sus protagonistas y un John Travolta que ya había demostrado sus dotes en la pista con Saturday Night Fever (1977). Música pegadiza, bailable, decorado lleno de color, vestuario retro y comedia romántica; el éxito estaba asegurado.

Grease necesita su banda sonora, la necesita para rellenar los vacíos que tiene su argumento. La música convierte a una película simple en un filme con encanto, capaz de engendrar legiones de fans. Ahora bien, ¿qué ocurre si escuchamos con detenimiento las letras de las canciones? Desde una perspectiva actual, volvemos a lo mismo, difícilmente pasan el filtro.

Un buen ejemplo de esto lo vemos en la canción Beauty School Dropout, el ángel de la guarda de Frenchy le da una serie de consejos para que continúe con sus estudios. Se mencionan únicamente profesiones que, en la época, se asociaban a mujeres: taquigrafía, peluquería… Se alude a la rinoplastia y a tareas domésticas como coser o limpiar.

La canción Grease Lightnin’, por el contrario, está perfectamente enmarcada en el mundo del motor, los coches y la mecánica; en definitiva, «cosas de hombres».

Tan solo se salvaría There are worse things I could do, pero ya hablaremos de ella más adelante. Si pensamos, por ejemplo, en You’re the one that I want y todo lo que implica la escena vinculada a la canción, lo único que podemos hacer es preguntarnos: ¿quién en su sano juicio cambiaría todo su ser por amor? Pese a ello, propongo que nos olvidemos, por unos instantes, del siglo en el que vivimos y disfrutemos de la música sin pensar demasiado.

Grease: ¿rompedora?

Pues sí, a pesar de todo lo que he dicho anteriormente, Grease tiene algo de rompedora. Es extremadamente inocente, extremadamente light… Pero qué pensaríais si os dijera que tenemos despropósitos más grandes en plena década de los 2000. ¿Os acordáis de High School Musical o Camp Rock?

Esas películas, «no aptas para diabéticos», que venían de la mano de Disney y nos vendieron con calzador a golpe de publicidad. Esas películas conquistaron a los preadolescentes y, en ellas, como mucho, la pareja de enamorados se daba la mano y había que esperar hasta la secuela para ver un beso.

Esto se justificó por pertenecer al sello Disney y estar enfocado a un público infantil, pero, aun así, no se lo perdonamos, hasta Blancanieves tiene su propio beso con el príncipe.

En Grease, lo más edulcorado es Sandy, pero el resto de personajes se mueve en un marco más común para los jóvenes: fiestas, diversión, sexo, alcohol, dudas respecto al futuro… Grease, además, se atreve a hablar de anticonceptivos y de embarazo en adolescentes.

Cuando vi la película en mi infancia (o preadolescencia), Sandy me resultaba entrañable y tierna. Rizzo, por el contrario, era la antagonista, la chica mala e insoportable que solo hacía que fastidiar la película. Pero, al verla ahora, mi percepción de los personajes ha cambiado drásticamente. Rizzo me ha sorprendido gratamente y he descubierto a un personaje mucho más interesante de lo que creía.

Personaje de Grease

Rizzo fuma y es la única chica que conduce del grupo; recordemos que estas acciones, hasta no hace mucho tiempo, eran «cosa de hombres». Rizzo es una joven independiente que quiere divertirse como lo hacen los chicos y, por ello, es castigada con burlas y etiquetas. En la canción There are worse things I could do, Rizzo nos muestra sus miedos, sus inseguridades, ella también llora y sufre.

A pesar de hacer las mismas cosas que los chicos, es criticada por sus actos, mientras ellos son héroes. Incluso los hombres la juzgan, aunque ellos hagan lo mismo. Rizzo rompe un poco el molde de «lo femenino», de cómo se supone que debe ser una chica, pero, por desgracia, la sociedad no está preparada.

Grease planteó algunas cuestiones bastante interesantes y, pese a sus fallos, su conjunto funcionó y sigue funcionando. Aunque si queremos ver un musical realmente rompedor de los 70, ese es The Rocky Horror Picture Show.

Grease no pretendía romperle los esquemas a nadie, tan solo quería hacernos pasar un rato agradable y eso es algo que no se puede discutir. Después de volver a verla, he de decir que he disfrutado, me ha divertido y tiene algunos momentos muy interesantes.

Por fin, le he encontrado sentido al coche volador del final. Siempre pensé que era una escena absurda, que rompía la verosimilitud. Pero Grease no quiere ser verosímil, sino una fantasía, un cuento y, por eso, el elemento mágico sirve para recordarnos que lo que acabamos de ver no es una historia real.

El cierre con We go together es un grito de alegría, juventud y ganas de vivir realmente contagiosas. En definitiva, podemos seguir disfrutando con el cine del pasado y, al mismo tiempo, aprender de una manera objetiva cómo han cambiado nuestros gustos y valores.

Grease is the word.