¿Hablas desde la emoción o con la emoción?

¿Sueles dejarte llevar por las emociones? ¿Qué significa actuar a través de la emoción? En este artículo hablamos sobre la gestión inteligente de las emociones.
¿Hablas desde la emoción o con la emoción?
Leticia Aguilar Iborra

Escrito y verificado por la psicóloga Leticia Aguilar Iborra el 09 octubre, 2021.

Última actualización: 09 octubre, 2021

La gestión de emociones en situaciones estresantes o en ciertos momentos de malestar implica un gran esfuerzo y un gran entrenamiento a seguir durante toda la vida. Esto repercute en la calidad de las relaciones afectivas, sociales, laborales y su mantenimiento a largo plazo.

Es frecuente que cualquiera se vea involucrado en una lucha constante consigo mismo, intentando eliminar el malestar provocado por las emociones negativas y que sus emociones positivas perduren.

Por otro lado, una gestión inteligente de nuestras emociones implica la observación de determinados estados emocionales y del contexto. El objetivo es conseguir un equilibrio entre el estado emocional y las demandas del ambiente, sean las que sean en el momento presente.

Las emociones primarias y secundarias

El ser humano, al igual que otros animales, está dotado de manera innata de las siguientes emociones:

  • Alegría.
  • Tristeza.
  • Enfado.
  • Sorpresa.
  • Asco.
  • Miedo.

Estas son las emociones básicas. Ponen en marcha al organismo para su supervivencia generando una respuesta adaptativa y se experimentan cambios físicos en función de la emoción que surja propiciada por el contexto.

A partir de las emociones primarias nacen las emociones secundarias. Las emociones secundarias no van necesariamente asociadas al ambiente que rodea al individuo. Son emociones que se experimentan en conjunto con determinadas formas de pensamiento. Por tanto, estas últimas no están relacionadas con la puesta en marcha del organismo de mecanismos de supervivencia.

Bolas con caras de emociones

Conciencia emocional

Para la gestión de emociones de una manera eficaz, es necesario tener cierta conciencia emocional de lo que ocurre debajo de la piel. Constituye un requisito previo para la inteligencia emocional, ya que permite la regulación de las propias emociones de manera consciente y de determinados comportamientos expresivos (si son adecuados o no).

La conciencia emocional para la gestión de emociones envuelve a procesos atencionales y perceptivos para localizar los antecedentes ambientales.

Es importante a su vez observar cómo ocurre la emoción para gestionar la activación física dependiente y que el individuo sea capaz de estimar las consecuencias inmediatas y a largo plazo para sí mismo y su entorno cuando expresa sus reacciones emocionales más inmediatas.

Las emociones en las relaciones con los demás

En condiciones normales, las personas suelen realizar una cierta gestión de emociones para conseguir objetivos. En otras palabras, regulan sus emociones a fin de conseguir objetivos prioritarios. Estos objetivos pueden ir encaminados desde los intentos de controlar reacciones físicas hasta modificar sucesos en el mundo exterior.

Las emociones vinculadas al mundo social implican el surgimiento de las emociones secundarias. Esto va de la mano con las interpretaciones que se hacen de las señales que proporciona el entorno y los propios pensamientos, favoreciendo los procesos de asignación de significado a circunstancias externas.

A diferencia de los animales, estas emociones son exclusivas a los seres humanos, pudiendo clasificarse en las siguientes categorías:

  • Culpa.
  • Vergüenza.
  • Envidia.
  • Celos.
  • Amor.
  • Optimismo.
  • Remordimiento.

La gestión de emociones secundarias en el mundo exterior

Las emociones que surgen en cualquier contexto son válidas e importantes en el individuo. Además, la persona que las experimenta tiene la capacidad para reconocer la emoción presente y poder diferenciar determinadas formas de actuación dependiendo del contexto.

Contrariamente, un escaso entrenamiento en el reconocimiento y en la expresión emocional puede generar conflictos. Es decir, si las emociones que se experimentan se interpretan como una señal de peligro o amenaza, la persona pondrá determinados mecanismos en marcha para la lucha por su supervivencia o la huida del supuesto peligro (pese a no haber una correspondencia clara entre emoción y amenaza real).

La gestión de emociones en contextos en los que parece haber un posible daño requiere de un intenso entrenamiento y de cierta tolerancia al malestar (ya sea por estrés, discusiones, etc.). De lo contrario, “hablar con la voz de las emociones” puede aumentar el riesgo de que el individuo empeore el escenario en el que se halla en el momento presente.

Pareja enfada

Consecuencias de una gestión de emociones inadecuada

Una mala gestión emocional tiene consecuencias en el área afectiva, social y laboral. Un reconocimiento deficiente de las emociones circundantes puede aumentar el riesgo de desarrollar dificultades en las relaciones interpersonales, produciendo en ocasiones su ruptura.

Esto se da, sobre todo, si la expresión emocional se canaliza a través de la agresión. Es como si la persona se pusiera unas gafas oscuras que le impidiesen ver lo que ocurre realmente “ahí afuera”.

La gestión óptima de las emociones pasa por identificar el estado emocional en el que estamos sumergidos y la energía asociada a él.

Dicho de otra manera, las emociones están ahí para informarnos -por ejemplo, de que alguien nos ha dañado- y para facilitar un contexto orgánico que facilite una respuesta. En este sentido, las emociones juegan a nuestro favor cuando somos capaces de modular y alinear esta respuesta con nuestros intereses.

“En este mundo traidor nada es verdad ni mentira. Todo depende según del color del cristal con el que se mira”.

-Ramón De Campoamor-

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