6 emociones básicas, latidos de un lenguaje universal

Raquel Aldana · 6 febrero, 2016

Asco, miedo, sorpresa, alegría, enfado y tristeza: son las 6 emociones básicas. O, dicho de otra forma, son los 6 colores de nuestra paleta, con los que somos capaces de pintar el resto de emociones complejas. Seguro que las conoces, aunque probablemente nunca te las han presentado. Bueno, igual sí, porque las emociones están de moda en la psicología.

No obstante, nos referimos a que seguro que las conoces porque las experimentaste antes de que alguien te dijera su nombre y te lo aprendieras. Si bien es algo que probablemente sucedió hace unos años, no siempre tenemos claro cómo se manifiestan estas emociones y cuál es su utilidad.

Las 6 emociones básicas -al igual que el resto- no tienen una constitución física, como la puede tener una casa, un coche o una muñeca. Sin embargo, hablamos de ellas entendiendo que son comunes, universales. Asumimos que todos nos referimos a lo mismo cuando las introducimos en nuestro discurso y que este discurso es comprensible -convenientemente traducido- en cualquier lugar del planeta.

mujer con una nube simbolizando 6 emociones básicas

¿Qué papel juegan las 6 emociones básicas?

A pesar del reconocimiento del que gozan actualmente, las emociones no siempre han sido bien recibidas por ramas como la filosofía, la psicología o la medicina.

En muchas ocasiones han jugado un papel complicado en la historia, pues las emociones eran las señaladas como las responsables del caos, del desorden y de la incomprensión.

Así, eran desterradas y encerradas en una caja negra (la mente), en la que muy pocos se atrevían a investigar. Sin embargo, poco a poco nos hemos ido dando cuenta de que es imposible explicar nuestro comportamiento sin tenerlas en cuenta.

De esta forma, no nos ha quedado más remedio que darles el protagonismo que en realidad tienen y tratarlas como el factor importante que configuran, pues articulan gran parte de nuestra vida desde que nos encontramos en el vientre de nuestras madres.

mujer sobre un barco simbolizando 6 emociones básicas

¿Qué distingue a estas 6 emociones básicas del resto?

Como hemos dicho en la introducción, parece que las emociones básicas son la base del resto de emociones complejas que somos capaces de sentir. Por otro lado, parece que la expresión que se dibuja en nuestro rostro cuando la sentimos es muy parecida en todas las personas. De hecho, esto sucede con independencia del entorno en el que la persona se haya socializado.

Además, igual que existe una similitud universal en nuestro rostro, también hay una activación muy parecida de nuestro sistema nervioso. Finalmente, destacar que los sucesos que las desencadenan son muy parecidos.

1. Asco

Es la emoción más desagradable de las seis. Tiene un gran poder para condicionar nuestro comportamiento, especialmente si hablamos de alimentos. La función del asco es protectora, no solamente para el momento en el que la experimentamos, sino también para el futuro, pues escribe con cincel en nuestra memoria.

Es una emoción que dice: “Cuidado, no te acerques” o “Cuidado, no te vuelvas a acercar”.

Mujer con miedo, una de las 6 emociones básicas

2. Miedo

El miedo es la emoción del peligro y la amenaza. Cuando la experimentamos, la activación que se produce en nuestro cuerpo es intensa. Esto es así porque intenta prepararnos para la lucha o para una huída lo más rápida posible.

Cuando sentimos miedo automáticamente, nuestra mente, que es muy lista, le dice al corazón que se ponga a bombear más rápido y fuerte. La razón no es otra que preparar a los músculos para que actúen. Así, esta emoción es la que más presión interna produce y la que orgánicamente podemos aguantar menos tiempo.

Finamente, no podemos olvidar que el miedo es un ingrediente principal en algunos de los trastornos psicológicos más comunes, como las fobias. Esto nos sirve para recordar que el miedo no surge ante un peligro real, sino ante “algo” que la persona percibe como tal. Un “algo” que puede ser la visión de una araña, pero también un recuerdo de esta o la idea de que de un momento a otro va a aparecer alguna.

3. Tristeza

La tristeza es la emoción de la pena, de la pérdida y del daño. Habitualmente, tiene muchos más pensamientos asociados que las anteriores. Así, la forma en la que la elaboremos de manera consciente tiene una relevancia mucho mayor. Además, promueve un estado de ánimo, el pesimismo.

Crece y permanece mucho más tiempo cuando la persona que la experimenta tiene una sensación de soledad percibida. Podemos decir también que se alimenta de los efectos que produce, del propio desánimo que genera y lo cuesta arriba que vuelve el hecho de hacer actividades que nos gusten.

La tristeza es la emoción inspiradora. Genera un estado en el que muchas personas son mucho más creativas, ya sea escribiendo, componiendo, pintando un cuadro o realizando cualquier otra actividad.

Chica con cara de tristeza, una de las seis emociones básicas

4. Sorpresa

Es la emoción neutra y breve. No neutra en el sentido de que no irrita el corazón o la mente, sino en el sentido de no podemos decir que produzca un buen o mal estado emocional. De hecho, también suele actuar como precursora de otras emociones que sí tienen valencia: miedo, alegría, tristeza, etc.

Inesperada, la sorpresa es la emoción del sobresalto. Aparece cuando sucede algo que no esperamos. Este “algo”, al igual que el miedo, puede estar presente en la realidad o simplemente en el hilo de pensamientos de nuestra mente. Así, nace del “ver”, “oír”, “oler”, etc. pero también “del darse cuenta” de la solución de un problema en el que podemos estar distraídos trabajando.

 

5. Alegría

La emoción de la sonrisa y del bienestar. Opuesta en muchos aspectos a la tristeza. Por un lado, no parece ni mucho menos tan inspiradora. Por otro, la alegría suele ir acompañada de una gran carga de energía que nos da unas ganas enormes de ponernos a hacer cosas.

Es contagiosa y desgraciadamente la aprovechamos poco. La alegría ha sido la gran víctima de esa corriente que afirma que las emociones deben expresarse lo menos posible. Por el contrario, al ser la emoción que genera el estado de ánimo más positivo, por norma general, es mejor manifestarla mucho más de lo que hacemos.

El estado de ánimo que genera la alegría es el optimismo. Unas gafas con las que todo parece mejor. Algo que en sí no es bueno, lo bueno es que hace mucho más poderosa esta energía que nos da la propia alegría, extendiéndola en el tiempo. De las 6 emociones básicas, esta es la más deseada con diferencia.

Mujer con una sonrisa, una de las 6 emociones básicas

6. Ira

Enfado. Lo habitual es que tenga un objeto: los demás, la suerte y, habitualmente, nosotros mismos. La ira genera fuerza. Nos podemos imaginar como en el contexto de una pelea, el hecho de que uno de los oponentes golpee al otro aumenta la ira de este.

La ira es el producto de la diferencia entre un estado que se ha producido y otro que nos hubiera gustado que se hubiera producido en su lugar. Por otro lado, el estado de ánimo al que da paso habitualmente es al de la frustración.

Este estado, provoca una insistencia para que haya una identificación del culpable. En su defecto también puede ser alguien que ocupe su puesto. Esto es así, porque es una emoción que nos produce la necesidad inmediata de librarnos de ella.

La ira es una emoción caracterizada por su capacidad de destrucción. Ataca aquello que nos ha herido para que no lo vuelva a hacer. Así, en el fondo, su función es protectora y promueve la adaptación, como el conjunto de las 6 emociones básicas.

Mujer con ira, una de las 6 emociones básicas

El reconocimiento a nuestras 6 emociones básicas

Es cierto, como hemos visto en la descripción de estas 6 emociones, que 5 de las seis emociones son bautizadas comúnmente como positivas o negativas. Sin embargo, no olvidemos que todas las emociones tienen una razón para existir. Es lo que se conoce como la parte adaptativa de las emociones.

O sea, puede que unas nos resulten más deseables que otras, pero cada una de estas 6 emociones básicas constituye sin ninguna duda un lenguaje universal que todos debemos manejar para comprendernos de manera adecuada.

Conocerlas, comprenderlas e identificarlas en nosotros y en los demás es imprescindible para que les saquemos todo el partido que nos pueden aportar. Así, siendo hábiles con ellas, cuidaremos nuestra salud emocional y seremos mucho mejores para las personas que queremos.