Haz espacio para que llegue lo nuevo (3 niveles)

Joana Pérez · 8 noviembre, 2017

A todos nos llega un momento en el que queremos hacer cambios que nos devuelvan a la senda del crecimiento, porque tenemos la sensación de que nos hemos estancado o avanzamos muy lento. Miramos a nuestro alrededor y parecemos tortugas. Ante esta sensación, generalmente, lo que hacemos es llenarnos de actividades, cosas o personas nuevas sin antes haber dejado libre un espacio que puedan ocupar.

Frente a este cambio, es importante que, antes de iniciarlo, te desprendas de todo aquello que no deseas y generes el espacio suficiente para que lo nuevo pueda asentarse y aportarte todo aquello que buscas. Lo cierto es que, sin espacio, cualquier elemento que pensemos incorporar se terminará disolviendo en el fondo de nuestro armario temporal.

La importancia de los tres espacios

La vida es un flujo constante de situaciones, relaciones…todo va y viene. Todo llega y todo pasa. Pero, si quieres ganar en prosperidad (o al menos tener la sensación de que lo haces), necesitas generar un nuevo espacio en tu corazón, en tu mente y también en el plano físico, por supuesto.

Mujer con los ojos cerrados meditando buscando su espacio

Limpia y sana todas esas heridas que te mantienen paralizado y te impiden avanzar. Si retenemos lo que se ha de ir, impedimos que llegue lo que deseamos, estrangulando nuestro crecimiento personal. Aprender a soltar todo aquello que nos aporta sufrimiento o, simplemente, no nos aporta nada es el primer paso.

Permite que salga lo viejo, pues ningún cubo lleno de barro parecerá más limpio por añadirle agua. Por ejemplo, ¿cuántos de nosotros no estamos a gusto en el puesto de trabajo que tenemos, pero no nos atrevemos a buscar una alternativa por miedo, falsa comodidad o por falta de confianza en nosotros mismos? Si no dejamos marchar lo que ya no nos sirve o nos aburre, ¿cómo podría llegar lo bueno a nuestra vida?

El espacio físico

Haz una limpieza a fondo de tu casa, así te darás cuenta de quién eres y de cómo reaccionas ante la elección de soltar, aunque sea sólo deshacerse de un pequeño objeto. Los armarios, cajones y trasteros suelen estar llenos de muchos “por si acaso”, cuando a la hora de la verdad rara vez optamos por emplear este tipo de recursos, aunque la ocasión se presente. Desprendernos y soltar todos aquellos objetos que son innecesarios es un acto completamente liberador.

Puedes regalar o vender aquello que no te sirve. Lo que no te sirve a ti puede servir a muchas otras personas. En el caso de que no se te ocurra a quién regalar un objeto o una prenda, seguro que en tu ciudad existen centros y organismos que se dedican a encontrar a los receptores adecuados.

El espacio mental

Ya has limpiado el espacio en el que vives y te has desprendido de todas aquellas cosas materiales que no utilizas ni vas a utilizar. Pues vamos con el segundo paso: limpiar tu mente. En esta “caja” habitan muchos pensamientos y creencias sobre tu pasado que generan un ruido molesto, impidiendo que centres tu atención en avanzar.

Solo una nueva actitud, más lúcida y cariñosa con nosotros puede ayudarnos a identificar lo que ya no nos conviene. Piensa que cuando centras tu atención en pensamientos inútiles, difícilmente queda espacio para cambiar esos pensamientos por otros.

Pensamientos que gobiernan tu vida porque, sin pretenderlo, les has dando todo el poder. En este sentido, la renovación demanda que vacíes la mente de toda esa basura y que te desprendas de todos los pensamientos y creencias que actúan como un lastre.

De esta manera, podemos lograr un cambio en nuestro sistema de creencias y, por extensión, un cambio en nuestra forma de ser y de mirar. Es decir, podemos concedernos una oportunidad: la de construir un versión mejorada de nosotros mismos. Reconociendo nuestros miedos, para poder ser valientes; mirando a nuestros temores, para encontrar la mejor estrategia que les reste poder.

Pájaros echando a volar

El espacio emocional

Es probable que hayas pasado por algunas experiencias que dejaron en ti un poso de inseguridad, miedo, tristeza, culpa… Pues bien, el hecho de que se hayan quedado contigo quiere decir que no maduraste emocionalmente. Te has quedado anclado en esa emoción/sentimiento, y ahora tu mente y tu cuerpo lo viven y reviven constantemente, hasta convertirse en inconscientes y, por lo tanto, escapando a tu control.

Nuestro propósito es aprender y adquirir sabiduría, pero si te has quedado atrapado en esa emoción, tendrás un enorme obstáculo que sortear para trasformar la experiencia en aprendizaje. Mientras esa emoción siga adherida a tu mente y a tu cuerpo, no serás libre para pasar al futuro que deseas. Permite expresar todas esas emociones encapsuladas que actúan como barrera; sánalas y déjalas marchar. Solo así podrán llegar otras emociones más agradables.