Haz lo que amas, una premisa que no siempre puede cumplirse

No siempre podemos dedicar nuestra vida a aquello que amamos. Aun así, es posible disfrutar de momentos gratificantes. Aunque haya sueños que no conquistemos, el destino puede abrirnos otros caminos altamente satisfactorios.
Haz lo que amas, una premisa que no siempre puede cumplirse
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 23 mayo, 2022

Haz lo que amas y nunca tendrás que trabajar. Haz lo que amas y el dinero siempre te seguirá. Si haces lo que amas, siempre serás feliz…”. Podríamos dar más ejemplos de este tipo frases -aparentemente- tan alentadoras y positivas. Sin embargo, no haríamos más que reforzar una premisa algo dudosa y también peligrosa para el bienestar psicológico.

Es cierto que nada podría satisfacernos tanto como dedicar nuestra vida a una tarea que amamos. De hecho, son muchos los que lo consiguen. Sin embargo, no siempre se tiene la suerte de orientar nuestra existencia a una labor que es nuestra pasión. Hay ingenieros que una vez soñaron con trabajar en la NASA y ahora trabajan en una pequeña empresa familiar.

Hay quien estudió ciencias políticas para cambiar el mundo y ahora dedica su vida a dar clases a alumnos de primaria. Esperando, quizá, que sean estos quienes logren esa ansiada transformación social. Es evidente que, en ocasiones, el destino da un giro de última hora y no nos es posible tocar con los dedos los sueños que nos trazamos años atrás.

Sin embargo, no por ello somos unos fracasados ni seremos menos felices. Si bien no hemos orientado nuestra existencia a aquella área que, una vez, fue nuestro máximo anhelo, podemos amar muchas de las cosas que hacemos diariamente.

Hombre feliz pensando en haz lo que amas
Alcanzar la realización personal a través del trabajo no siempre es fácil, por ello hay que focalizarse también en otras áreas de la vida.

Haz lo que amas vs. Encuentra un significado a cada cosa que haces

Hay algo innegable que nos define casi a la mayoría: somos bastante malos en determinar qué es lo que nos hará felices el día de mañana. Hacemos planes, trazamos objetivos a largo plazo apostando que, cuando alcancemos ciertos logros, tendremos la dicha asegurada. Esto nos empuja a formarnos en ciertos estudios, a realizar una serie de esfuerzos personales con la idea clara de conquistar nuestros deseos.

Nos dejamos llevar también por esa presión social que nos insta para que logremos el trabajo de nuestros sueños. El “haz lo que amas y no tendrás que trabajar nunca más”, que dijo Confucio, cala lo indecible en nuestro inconsciente colectivo. Sin embargo, esa premisa se derrumba en infinidad de ocasiones. No siempre conquistamos nuestros sueños de infancia . Y más aún…

El trabajo que asumíamos que iba a darnos una felicidad absoluta, no siempre resulta ser tan perfecto como pensábamos. Porque para que una ocupación laboral sea verdaderamente gratificante, deben confluir múltiples variables. Desde un ambiente agradable, buenos compañeros, condiciones dignas, un líder adecuado, etc. A veces, dedicándonos a lo que amamos, podemos acabar odiando lo que nos rodea…

Muchas de las metas que nos marcamos en nuestra primera juventud no terminan haciéndose realidad. Por ello, lo adecuado es variar nuestros objetivos en función de las circunstancias. Aunque nos dediquemos a algo que no amamos al 100 %, debemos encontrar un sentido a todo lo que hacemos.

La vida y sus inesperados cambios de sentido

Es cierto, el destino en ocasiones nos juega malas pasadas. Hay quien soñaba con ser arqueólogo y acaba en una empresa de marketing. Abundan los que ansiaban dar la vuelta al mundo y aún no han salido de su ciudad natal. Son muchos también los que querían tener un título universitario y, sin embargo, la vida les preparó otros planes.

No hay nada malo en esto. “El haz lo que amas y logra lo que siempre has soñado” es una premisa difícil de alcanzar, y no por ello debemos decepcionarnos o sentirnos menos competentes. Es más, psicólogos de la Universidad de Stanford y el Yale-NUS College nos insisten en algo muy concreto en un trabajo de investigación del 2018.

A las personas se nos presiona desde niños a que clarifiquemos una pasión y la hagamos realidad. Como si nuestros intereses y rumbos vitales fueran a ser siempre fijos. Un camino recto sin bifurcaciones, trampas y senderos adyacentes. Cuando el devenir de la vida, y hasta nosotros mismos, cambiamos de manera constante…

Mujer aburrida en el trabajo pensando que no es fácil lo de Haz lo que amas
El trabajo perfecto no existe, pero podemos encontrar un sentido a esa labor que ocupa nuestra vida.

El trabajo perfecto no existe, pero basta con hallar sentido a lo que haces

Haz lo que amas y siempre serás feliz“, nos decían. Sin embargo, a veces, aún teniendo el trabajo de tus sueños, se puede sufrir, desesperarse y hasta desear pedir la baja un tiempo. Les sucede a los sanitarios, los educadores, los ingenieros y hasta jardineros. Hay momentos en que las cosas se tuercen y el ánimo se apaga.

Esa labor que no hace mucho asumíamos que nos haría dichosos un día sí y otro también, evidencia sus grietas y complicaciones. Ahora bien, hay un aspecto que no podemos dejar de lado. Ninguna ocupación laboral es 100 % perfecta, lo decisivo es que encontremos el sentido a lo que hacemos. Reducir un poco el entusiasmo y añadir cierto pragmatismo es muchísimo más útil en todos los casos.

La felicidad no está en tener una vida perfecta y un trabajo ideal, sino en sentirnos bien con aquello que hacemos, aceptando que siempre existirán altibajos.

Haz lo que amas si puedes y si no, practica el estoicismo

Es evidente que en este mundo hay personas afortunadas. De las que conquistan sus sueños y aman lo que hacen sin encontrar ni una fisura a ese sentimiento de satisfacción. Ahora bien, lo cierto es que abundan más los de ese otro sector. Quienes no aman lo que hacen, pero lo aceptan porque les da un sueldo y, porque siempre hay instantes gratos que valen la pena.

La vida no es perfecta, lo sabemos. Sin embargo, dentro de sus inherentes dificultades siempre podemos hallar oportunidades. La clave está en nuestra actitud, en asumir que no tenemos control sobre todas las cosas, pero podemos variar nuestro enfoque y pensamientos para adaptarnos a cada situación.

Ser estoicos no pasa de moda y, como decía Epicteto, el secreto del bienestar no está en buscar la perfección, sino en conquistar el crecimiento y el desarrollo personal. Aunque no se cumplan nuestros sueños más elevados, siempre podemos reorientar metas y trazar nuevos propósitos personales, vitales y laborales.

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  • O'Keefe, P. A., Dweck, C. S., & Walton, G. M. (2018). Implicit Theories of Interest: Finding Your Passion or Developing It?. Psychological science29(10), 1653–1664. https://doi.org/10.1177/0956797618780643