Hidrofobia, el miedo al agua - La Mente es Maravillosa

Hidrofobia, el miedo al agua

Marián Carrero Puerto 11 septiembre, 2018 en Psicología clínica 0 compartidos

El agua es uno de los elementos más indispensables para la vida de los seres vivos. Por lo que no entrar en contacto con ella de forma habitual resulta complejo, convirtiéndose en un problema para quienes padecen de hidrofobia.

La hidrofobia o miedo al agua está definido como el hándicap que el ser humano puede padecer cuando entra en contacto por primera vez con el medio acuático. Durante las primeras etapas de exploración, descubrimiento y adaptación nos encontramos con un comportamiento reacio hacia el agua (Saquicela y Jacinto, 2010).

La hidrofobia o fobia al agua es una alteración psicológica que se caracteriza por presentar un miedo irracional, excesivo e injustificado hacia el agua.

Síntomas de la hidrofobia

Síntomas físicos:

  • Incremento de la tasa cardíaca.
  • Aumento de la tasa respiratoria.
  • Hiperventilación o sensaciones de ahogo.
  • Tensión muscular generalizada.
  • Sudoración excesiva por todo el cuerpo y/o sudores fríos.
  • Dolores de estómago y/o cabeza.
  • Sensación de irrealidad o despersonalización.
  • Dilatación pupilar.
  • Mareos, náuseas y vómitos.

Mujer con hidrofobia con mareo en un barco

Síntomas cognitivos:

Los síntomas físicos refuerzan a los cognitivos, provocando pensamientos negativos cuando la persona está cerca del agua. Además, estos pensamientos negativos producen y alimentan dudas sobre la capacidad que tiene la persona con hidrofobia de enfrentarse al agua.

Síntomas conductuales:

  • Evitación. La persona evita a toda costa el contacto con el agua, lo que contribuye al incremento del temor e impide su superación.
  • Escape. Cuando la persona no ha podido evitar el contacto con el agua, intentará salir de la situación lo antes posible.

Causas de la hidrofobia

Según Calamnia (1993), podemos agrupar las causas de la hidrofobia en dos bloques:

  • Educación de miedo hacia el medio acuático. El adulto trasmite su propio miedo, de manera que el niño lo integra en su organismo antes de haber experimentado el miedo en primera persona. Es la forma más frecuente.
  • Malas experiencias previas o situaciones estresantes como inmersiones provocadas.

Según Zubiaur y Gutiérrez (2003), la hidrofobia ante el comportamiento motor puede deberse a múltiples factores:

– Temores ante amenazas psicológicas:

  • Miedo al fracaso. Es una de las causas más generales en niños y va incrementando con la edad. Puede ser porque no confíe en sus capacidades o que tema a las consecuencias del fracaso.
  • Miedo a ser evaluado negativamente.
  • Miedo a hacer el ridículo social. Esta influye mucho en la etapa de adolescencia y en muchos casos puede perdurar en la edad adulta.
  • Miedo a la competición.

– Miedo por inseguridad física:

Las personas que son principiantes han de enfrentarse a movimientos poco habituales, a menudo en medios desacostumbrados, o realizar movimientos inusuales que pueden producir la pérdida de orientación espacial o del equilibrio pudiendo producir miedo.

Si a esto le sumamos la novedad de la situación, inseguridad en los resultados y la importancia de conseguir el éxito, el sentimiento de miedo durante, y quizás después de la ejecución, puede llegar a ser muy intenso.

Persona ahogándose

¿Cómo tratar la hidrofobia?

La terapia de exposición, como en casi todas las fobias, suele ser el tratamiento más utilizado a la hora de tratar la hidrofobia. La exposición puede ser de dos tipos: exposición in vivo o exposición virtual (esta última gracias a la llegada de las nuevas tecnologías). En cualquier caso, la persona se expone al ambiente temeroso y aprende a “desaprender su miedo” al agua de manera gradual, pasando de las situaciones que le producen más temor a aquellas que le producen menos.

En combinación con la terapia de exposición, los médicos a menudo prescriben ciertos medicamentos que pueden ayudar a los fóbicos a volver a aprender a reaccionar ante los miedos. Los ISRS o los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina pueden reducir los ataques de ansiedad y pánico. Recuerde que: los medicamentos no tienen efectos duraderos y pueden tener síntomas de abstinencia. Por lo tanto, se debe tener cuidado para evitar el uso a largo plazo.

Se utilizan también técnicas de reducción de estrés como la relajación, el yoga, la meditación etc. Además, cada día se utilizan más ayudas que se centran en la recuperación de la conciencia plena: mindfulness y focusing.

Marián Carrero Puerto

Psicóloga. Monitora de mindfulness y colaboradora del Centro de Psicología Renacer. “La respiración consciente es mi ancla”.

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