Hijos a la sombra de súper-mamás - La Mente es Maravillosa

Hijos a la sombra de súper-mamás

Anet Diner Gutverg 10 julio, 2017 en Psicología 0 compartidos

Madre, una palabra muy grande. Hermosa para muchos, con una gran cantidad de significados, alrededor de la que crecen recuerdos, esencias y, por supuesto, hijos. Sin embargo, también es un rol que tiene límites, como la persona que lo desempeña y sobrepasarlos puede poner en peligro tanto a la madre como a los niños, haciéndolos dependientes e inseguros.

No pretendo que este sea otro artículo que enumere las cosas que hacemos mal, así que quiero hablar de las conductas y actitudes que podemos hacer para equilibrar nuestro rol de madres, sin intentar acapararlo ni controlarlo todo, dejando un espacio para que las capacidades de nuestros hijos afronten retos que motiven su desarrollo. Por su bien y también por el suyo.

Solo quiero lo mejor para mis hijos

Este mensaje refleja uno de los axiomas por el que se rigen muchas madres. Es un mensaje ambiguo, ya que parte del deseo de los padres y no tiene en cuenta a los hijos, como personas con deseos y necesidades propias. En este sentido, se parece al mensaje que reza “solo quiero que mis hijos tengan lo que yo no tuve (que no les falte de nada)”.

Madre con su hija encima de la cama

Cada hijo es único y tiene necesidades individuales, gustos y personalidad propia, pero cuando los padres, y sobre todo las madres, tienen deseos y fantasías para sus hijos resulta difícil darles voz propia y escuchar lo que tienen que decir. Qué deporte o actividad extra-escolar quieren hacer, qué quieren comer, cómo quieren vestir o qué quieren estudiar o hacer con su vida.

La misión de las madres es la de ser auxiliadoras y acompañar el crecimiento de sus hijos, no desear por ellos: lo mejor para una madre puede no ser lo mejor para su hijo. Como cuando son pequeños, los hijos son dependientes de sus padres tanto económica como en términos de amor y cariño pueden terminar anteponiendo los deseos de sus padres a los suyos.

Escuchar antes de dirigir

Los hijos, por muy pequeños e indefensos que parezcan, tienen gustos y deseos desde muy temprano. Darles opciones y capacidad de decisión fomenta esta característica y hace que se sientan especiales y confiados a la hora de ir conquistando poco a poco su autonomía. Los padres creemos saber lo que es mejor para nuestros hijos, pero si tomamos decisiones por ellos los hacemos inseguros.

Desde pequeños podemos involucrar a nuestros hijos en decisiones, dándoles opciones cerradas para cenar o comer. Por ejemplo, poder elegir el tipo de pescado que prefieren o consultándoles algunos cambios que realizaremos, como modificar la decoración de su habitación. En el caso de que no puedan decidir, informarles y hacerles participes de decisiones familiares, como mudarse o cambiarse de colegio.

Autonomía = Confianza

Las madres siempre veremos a nuestros hijos como pequeños indefensos y nos cuesta mucho fomentar su autonomía. Sin embargo, no hacerlo puede llegar a generar hijos dependientes que no sepan hacer las cosas por sí mismos o que las sepan hacer pero que las hagan con una gran inseguridad.

Fomentar la autonomía puede hacerse desde que son muy pequeños. La puesta en marcha de esta pretensión comienza por no hacer nada que el niño pueda hacer por él mismo. Se puede empezar tan pronto como los 8 u 9 meses, por ejemplo, introduciendo el método de Baby-Led Weaning o alimentación complementaria a demanda.

Hijo ayudando a sus padres a recoger

Otra forma de fomentar la independencia de nuestros hijos es pasa por involucrarlos en las tareas del hogar: que nos ayuden a sacar la basura, a hacer sus camas o a poner la lavadora, que cuiden de sus mascotas o de las plantas, incluso que ayuden en la preparación de alimentos o la limpieza en función de sus capacidades. Sí, que normalmente son más de las que suponemos.

A los hijos les encanta y hace que se sientan útiles. Como he dicho antes, podemos fomentar la autonomía incluso desde que son pequeños. Sin embargo, si no lo hemos hecho, siempre estamos a tiempo de empezar. Os aseguro que al hacerlo no solo dejaremos de ser sus “directores”, sino que criaremos niños capaces de resolver sus problemas, con mayor autoestima y confianza en sí mismos.

Sé alguien en la vida

El mundo actual sufrimos de “titulitis” y los padres nos dejamos influenciar por esto y priorizamos los estudios y las notas de nuestros hijos por sobre otras experiencias, igual o más enriquecedoras, pero que no incrementan la nota de forma directa en ninguna asignatura. La educación y los estudios se convierten en lo fundamental y en casi lo único que importa de nuestros hijos.

Centralizamos todo en esta concepción de la educación (muy restringida), los castigamos o reñimos cuando no sacan buenas notas, hacemos que dediquen sus tardes a los libros, fines de semana y vacaciones para que estudien. Además, cuando nuestros hijos fracasan buscamos un trastorno o problema cognitivo detrás de su fracaso escolar.

Para evitar esto, las madres no dudan en sacrificar también sus ratos libres para estudiar o hacer los deberes con sus hijos. Controlan que realicen los deberes e incluso llegan a hacerlos por ellos para que saquen buena nota. Sin embargo, nuestro trabajo es procurarles el tiempo y el espacio adecuados y ayudarles a que se organicen adecuadamente, animarles pero no hacer por ellos. A medida que crecen, los niños tienen que integrar que los deberes son su responsabilidad y que tienen tres fines y solo tienen sentido i responden a ellos:

  • Consolidar lo aprendido en clase.
  • Profundizar en lo aprendido en clase.
  • Crear una rutina de trabajo.

Niño caminando solo

Es difícil crecer con nuestros hijos, ir poco a poco dándoles un espacio que les permita crecer y en el que existan retos que comprometan y estimulen sus capacidades. Sin embargo, es necesario. Tan necesario como proporcionarles un hogar, alimento o ropa. En este sentido, la madre protectora y directora tiene que ir dando paso poco a poco a la madre que acompaña y anima, que da su opinión pero que no decide.

Esto implica que vamos a tener que apoyarles en sueños y metas que no nos gusten. Quizás no sean las que nosotras hubiéramos elegido para ellos, pero no olvidemos que es su vida, no la nuestra, y que como adultos tenemos un gran poder para hacer que esta sea maravillosa, pero también para frustrar sus sueños. Es este, y no otro, realmente el verdadero sacrificio que requiere la educación.

Anet Diner Gutverg

Psicóloga, Psicoanalista. Siempre un buen oído, una escucha activa y una perspectiva positiva de la vida.

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