'Histéricas' y 'locas': las mujeres en la salud mental

La historia de la salud mental de las mujeres ha estado ligada a una discriminación nada saludable, girando en torno a conceptos y prácticas abusivas. En este artículo abordaremos las causas de este fenómeno y, sobre todo, sus consecuencias.
'Histéricas' y 'locas': las mujeres en la salud mental
Angela C. Tobias

Escrito y verificado por la psicóloga Angela C. Tobias.

Última actualización: 14 marzo, 2024

La psicología, como la medicina y otras ciencias de la salud, ha sido y es una de las disciplinas científicas instrumentalizadas para justificar los roles de género y las consecuentes prácticas negligentes contra el sexo femenino. Desde una demostrada infravaloración de los síntomas emocionales, sobre medicación en psiquiatría, trato paternalista por parte de los profesionales, prácticas negligentes y violencia médica en los tratamientos de salud mental en mujeres.

Como muchos otros ámbitos, la historia de la salud mental tiene un género de terror para las mujeres. Conocer el pasado es el único salvoconducto que tenemos si no queremos repetir los mismos errores y enfrentar las consecuencias indeseadas de los ya cometidos.

Ellos intelectuales, nosotras «locas»

Durante las primeras olas feministas en los años 70, y a partir de trabajos como Historia de la locura en la época clásica, de Michel Foucault, se empieza a cuestionar el papel de la mujer en las ciencias. Comienzan a surgir voces que reflexionan sobre la invisibilización de los trabajos de investigación realizados por mujeres, como autoras y pacientes, y cómo influye el androcentrismo en el concepto y tratamiento psicológico de las mismas.

El dimorfismo sexual entre hombres y mujeres no explica, sino que es utilizado para justificar la organización social asimétrica y la discriminación contra las mujeres. Científicas empiezan a cuestionar la existencia de una mujer biológicamente dispuesta a padecer ciertos problemas de salud mental.

Estas primeras investigadoras revolucionarias tuvieron que pagar un precio alto por cuestionar la norma. La incorporación de la mujer al ámbito científico o en las decisiones parlamentarias, con las primeras sufragistas, fue polemizado constantemente al tildar de «locas» a todas las que salían de un rol limitado a los cuidados, lo privado y lo doméstico.

Hombre y mujer miden fuerza
El papel de las mujeres en actividades consideradas para hombres desmolda lo que era norma.

La mujer en la psiquiatría: una historia de terror

El dimorfismo sexual fue el argumento empleado para muchas prácticas abusivas e, incluso, inhumanas en el tratamiento psiquiátrico y psicológico de las mujeres. La mujer victoriana era descrita como tendente a los mareos, la debilidad, la irritabilidad y a causar problemas, en general.

Esta visión de ellas como un ser débil y con propensión a los problemas de salud mental, ganó adeptos con las teorías desde la frenología, el conductismo y el psicoanálisis. Lejos de poner en cuestión este argumento, empezaron a realizar prácticas que relacionaban el aparato reproductivo femenino y su sistema nervioso.

Frenología, psicoanálisis y prácticas inhumanas

Con el auge de la frenología en el siglo XIX, se refuerzan las metáforas dualistas de género e inciden en un estereotipo femenino basado en el afecto, la sensibilidad, la dulzura y la abnegación. Sin embargo, el rol masculino gira alrededor de la lógica y la capacidad intelectual. Desde aquí, se justifica que el acceso de las mujeres a un ámbito no doméstico, las pone al borde de la locura.

Otros pioneros de la psicología, como Freud y Watson, sitúan a las mujeres como personas inferiores mentalmente y necesariamente relegadas al ámbito doméstico. Diversos tratados de salud mental vinculan el sistema reproductivo femenino con el sistema nervioso y los problemas de salud mental.

El llamado «útero ardiente» justificaba que las mujeres tenían problemas de salud mental debido a su represión sexual. Con base en este argumento, muchos tratamientos psicológicos se enfocaban en prescripción de coito matrimonial, masajes genitales realizados por psiquiatras y extirpación de los órganos sexuales. En España, varios compendios médicos relacionan la menstruación con la manía aguda.

La histeria y salirse de la norma siendo mujer

La mayoría de los casos psicologizados fueron de mujeres, como Anna O o Dora, que dieron el paso a hablar de la histeria. Se trataba de un perfil de mujer joven, insatisfecha y tendente a crear problemas. De esta forma, se «patologizó» a mujeres que ejercieron roles prototípicamente masculinos.

Desde el doble estándar de Chester, el estereotipo masculino se basa en la rebeldía, fortaleza e independencia. A partir de aquí las mujeres, particularmente aquellas revolucionarias sufragistas e investigadoras pioneras, son tildadas de histéricas por salir de su rol emotivo y sumiso.

Aunque estos conceptos y prácticas abusivas parezcan lejanas, hasta 1952 la Asociación de Psiquiatría Americana declaró la histeria como un mito obsoleto. En 2018 la Real Academia Española de la Lengua decidió retirar esta definición.

Igualdad de género
Las mujeres salieron del rol sumiso rompiendo mandatos de género.

Nuevos horizontes: psicología con perspectiva de género

La historia de la salud mental invisibiliza a las mujeres en sus estudios, transformándola en un objeto de investigación pasivo, como describe Sandra Harding en Ciencia y feminismo. Investigaciones recientes continúan señalando la exclusión de mujeres en ensayos clínicos de psicofármacos.

Pervive en la actualidad la asunción de los roles de género, lo que produce, por ejemplo, que sigan los desequilibrios manifiestos a la hora de asumir responsabilidades relacionadas con las tareas del hogar. Precisamente, el peso del mandato en el ámbito de los afectos y el núcleo familiar con el que siguen cargando las mujeres crea una disonancia -y, por extensión, una sensación de falta de adaptación- alrededor del deseo de independencia en los distintos ámbitos.

Estos mandatos, junto con los datos alarmantes en violencia de género, es lo que pone en peligro la salud mental de muchas mujeres. Tales concepciones no explican biológicamente la vulnerabilidad, sino que justifican y atentan contra nuestra salud mental.

Desde la psicología, comienzan a proponer cada vez más perspectivas de género que produzcan cambios sustentados en el conocimiento sobre conceptos y procedimientos en lo que respecta a la evaluación, intervención y seguimiento en salud mental. Todos nosotros somos responsables de que termine la historia de terror en salud mental contra las mujeres, ya sea con nuestro conocimiento y reivindicación fuera y dentro de las consultas.


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