Hollywood: otro pasado y un nuevo presente

19 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la crítica de cine Leah Padalino
Hollywood es una de esas series que ha logrado dividir a la crítica. Sin embargo, no hay que olvidar que no es más que una reescritura y que su reivindicación reside, precisamente, en una justicia poética que desdibuja los roles de una época.

En solo 7 episodios, Hollywood ha logrado reescribir el pasado. La nueva serie de Ian Brennan y Ryan Murphy para Netflix ha dividido totalmente a la crítica: la adoras o la odias. Para muchos, se ha quedado en la superficie y en lo ilusorio de reescribir una época marcada por el glamur, pero también por las desigualdades.

Hollywood nos devuelve a esa época en la que el cine brillaba y era la máxima forma de entretenimiento. Nos invita a viajar al Hollywood de los años 40 y 50, a esa ciudad en la que los sueños parecían fabricarse en el celuloide y en la que las estrellas se equiparaban con las divinidades.

Pero lejos de esa apariencia divina, había historias bastante más oscuras. La serie arranca presentándonos un mundo bastante cruel, efímero e injusto para, finalmente, imaginar cómo serían los Óscar en la actualidad si el pasado se hubiese podido reescribir. En la ciudad de los sueños, todos podemos imaginar.

Palimpsesto: verdades y mentiras

Cuando decimos que Hollywood es una reescritura, queremos decir que, sobre un trasfondo real, escribe una nueva historia. En este sentido, el concepto de palimpsesto es, probablemente, el más adecuado. Un palimpsesto no es más que un manuscrito que ha sido borrado para poder escribir sobre él, aunque conserva algunas huellas del original o anterior.

En realidad, toda historia basada en hechos reales tiene algo de palimpsesto, pues, aunque hay un trasfondo real, se da pie a la ficción o imaginación. En el caso de Hollywood, vemos con claridad la época que pretende reescribir, una época en la que importaba más una cara bonita y la imagen que se proyectaba que la calidad interpretativa. Así, identificamos a algunos personajes conocidos, como Rock Hudson o Vivien Leigh; sin embargo, la mayor parte de lo que vemos es, puramente, ficción.

Los seguidores de Ryan Murphy sabrán perfectamente que el guionista es un fan absoluto de aquellos años dorados de Hollywood y, especialmente, de la actriz Bette Davis. Sin ir más lejos, en 2017, retrató una de las enemistades más sonadas del celuloide en la serie FEUD: Bette and Joan.

Tal vez, por este motivo, algunos espectadores y algunos críticos esperaban ver una crítica mordaz de la época y de la industria cinematográfica. En FEUD: Bette and Joan, Murphy se recreaba en los ambientes, en sus actrices, pero apuntaba directamente a los principales culpables de dicha enemistad y emitía una dura crítica a la industria.

Sin embargo, Hollywood no es así; la historia se puede reescribir de múltiples maneras, puede haber un buen número de trazos de realidad o, incluso, reinventarlo todo desde el principio.

En este sentido, a muchos Hollywood les habrá recordado a la reciente Érase una vez en Hollywood de Quentin Tarantino, no por abordar una época o cuestión común -aunque la industria está muy presente en ambas-, sino por partir de algo real y trágico para darle un final de cuento de hadas.

Hollywood no es más que un cuento de hadas, aunque no exento de crítica; pero se trata de una crítica sutil que reside más en la reescritura que en una crítica directa. Es decir, la crítica reside, precisamente, en ese cambio del pasado, en esa justicia poética que cambiaría para siempre nuestro presente. Igualmente, pese a la división que ha generado, el público y la crítica en general suelen coincidir en un aplauso unánime hacia su ambientación y puesta en escena.

Pareja abrazada

Y si…

Y si… Eso es Hollywood: y si las cosas hubiesen sido distintas, y si la homosexualidad no hubiese sido un problema, y si las estrellas hubiesen podido vivir su vida sin consecuencias, y si no existiese el racismo…

Quizás, para los espectadores actuales el cine no sea esa meta inalcanzable y la vida de las estrellas no sea la idealización más absoluta. En la era de la inmediatez, todos sabemos que nuestros ídolos no son perfectos y cada vez son más los que se animan a hablar de sus imperfecciones (ya sea físicas, problemas de salud mental, etc.). Pero en los años 50, el cine era, probablemente, la mayor forma de entretenimiento y un lugar en el que reconocer los cánones.

Por ello, las estrellas se encontraban sumamente expuestas y se veían obligadas a esconder su orientación sexual, por ejemplo. Es cierto que los cánones de belleza siguen permitiendo como desviación un intervalo muy estrecho, pero estamos asistiendo a cambios constantes que desdibujan los modelos impuestos.

Así, Hollywood se recrea en un pasado en el que todo permanecía oculto, en el que la igualdad de oportunidades no era más que un sueño que ni siquiera podíamos ver en el celuloide.

Lo interesante es que se acerca a un joven que, como muchos otros, siente que puede tener una oportunidad en la fábrica de sueños. Este joven es Jack, un veterano de guerra cuya esposa está embarazada de gemelos; pero lejos de idealizarlo, vemos cómo los problemas económicos contrastan enormemente con sus sueños de ser una gran estrella.

Entre arpías, representantes que se creen dueños de sus clientes y de sus vidas y mujeres que viven a la sombra de sus maridos, los protagonistas de la serie deberán luchar por un proyecto que se aleja enormemente de los cánones que establece la industria.

Este proyecto no es otro que Peg, posteriormente Meg, un filme escrito por un afroamericano y que, como Hollywood, se trata de un palimpsesto basado en la historia real de Peg Entwistle, una joven que vio frustrada su carrera y se suicidó lanzándose al vacío desde la H del icónico cartel de Hollywood.

Es decir, un proyecto que supone toda una reivindicación de los estándares de la industria, que muestra, precisamente, la cara más oscura de Hollywood. A todo ello, hay que añadirle el hecho de estar protagonizada por una actriz negra, Camille, que hasta el momento había sido obligada a hacer papeles de criada, únicamente, por su color de piel.

Algo que refleja especialmente bien la serie y que nos remite directa e indirectamente a Lo que el viento se llevó y cómo los actores y actrices negros se veían obligados a hacer de criados y, además, representar sus papeles de forma ridiculizada y caricaturesca.

Hollywood: justicia poética

Hollywood termina siendo un cuento de hadas, pero hace justicia poética. Castiga la maldad de una época y reescribe una historia premiando la justicia y la igualdad. Vemos a un Rock Hudson que logra vivir su vida sin esconderse, a una actriz negra recibiendo un Óscar por un papel protagonista y a una mujer dirigiendo unos estudios de prestigio.

Además, pone sobre la mesa la cuestión racial llevándola a su máximo, pues nos presenta a Raymond, un joven cineasta de origen asiático que, sin embargo, apenas posee rasgos asiáticos. Por ello, a diferencia de otros personajes asiáticos, Raymond goza de cierto privilegio.

Igualmente, si nos paramos a pensar en el tema de la prostitución, con frecuencia, nos encontraremos con la situación de que, ante personajes masculinos que se desenvuelven en ella, la cuestión es tratada en tono cómico o más amable; mientras que si se trata de mujeres se tiende enormemente al dramatismo.

Personas en un salón

Hollywood, en este sentido, puede resultarnos frívola al tratar el tema de la prostitución masculina de una forma bastante amable, pero no hay que olvidar que se aleja de lo trágico y de lo cómico para presentárnoslo sin tapujos. Es decir, reescribe los roles y reivindica que muchas estrellas fueron víctimas de la prostitución con el único fin de alcanzar la cima.

Pese a ser un cuento de hadas, tampoco rechaza emitir críticas, como la comentada anteriormente acerca de la prostitución o los representantes de actores; en esta línea, cabe destacar a un Jim Parsons que se aleja del Sheldon Cooper que todos conocemos para mostrarnos a un hombre que, además de poseer un trasfondo histórico, en términos contemporáneos, nos recordará enormemente a Harvey Weinstein.

Y toda esta crítica inicial termina por recordarnos que solo nuestra lucha puede cambiar el futuro y el presente. Si en el Hollywood de los 50 un grupo de personas se hubiese propuesto sacar un proyecto como Meg adelante, tal vez nuestro presente sería muy distinto.

Puedes amarla u odiarla, pero lo cierto es que Hollywood, en su fantasía, termina por recordarnos que la lucha no ha terminado, que queda mucho por hacer y que la reivindicación por la igualdad debe estar presente: es la única vía para que todos podamos tener las mismas oportunidades.