Érase una vez en Hollywood: el cuento de Quentin Tarantino

7 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la crítica de cine Leah Padalino
Érase una vez en Hollywood es la última propuesta del aclamado cineasta Quentin Tarantino. Muchos de nosotros, cuando vimos el trailer, no sabíamos qué esperar en las salas de cine; pero, finalmente, logró sorprendernos y brindarnos una maravillosa reescritura del pasado. En este artículo, te desvelamos algunas de sus claves.

Tarantino lo ha vuelto a hacer. En el mundo de las prisas y la inmediatez, ha logrado congregar a infinidad de personas en una sala de cine durante unas tres horas, sin mirar el móvil, sin hablar y tan solo por el deleite que supone el cine. Y eso es, precisamente, lo que nos ha brindado, CINE, así, en mayúsculas y sin complejos, puro amor al séptimo arte, a las referencias y a todo lo que le gusta al director. Érase una vez en Hollywood es la última película del cineasta que lleva décadas grabando a golpe de sangre y referencia su seña de identidad en el imaginario colectivo.

Y es que cuando un artista, sea del tipo que sea, hace lo que verdaderamente siente, se nota. Y, ahora, Tarantino tiene en su poder a un público que espera con ansias su último largometraje, un dinero que avala sus producciones y le permite hacer lo que realmente desea.

Sin importar si es correcto o está de moda, Quentin Tarantino se recrea en sus influencias, se sumerge en sus fetiches y nos brinda una reescritura de la historia; reinterpretando lo que ya fue, pero que pudo ser, bailando con el más absoluto entretenimiento.

Érase una vez en Hollywood nos demuestra que no todo está dicho, que no todo el cine comercial es igual y que todavía hay quien está dispuesto a sentarse durante horas y, sencillamente, dejarse llevar.

Parece que la película no la ha hecho para nadie, sino para él mismo y, ahí, reside la clave de su despliegue, de ese festín en el que, a diferencia de sus predecesoras, la salsa de tomate se hace esperar hasta el final.

La intertextualidad como clave

Tarantino aprendió cine viendo cine, empapándose de las joyas, de las olvidadas y de las desechadas del séptimo arte. Y eso es lo que quiere transmitir a su público, porque hasta en lo oscuro puede haber arte.

Desde sus inicios, ya nos dejó claro que él pone en su cine todo lo que le gusta, desde su música hasta su bombardeo referencial como cinéfilo, pasando por sus fetiches.

Podemos aprender cine viendo una película de Tarantino, podemos curiosear e investigar entre esos spaghetti western pasados de moda y sumergirnos en el kungfupara terminar descubriendo auténticos diamantes que el cine más comercial nos quiso ocultar.

El arte va más allá de las modas, de las imposiciones y de la política; el arte debe ser valorado como arte en sí mismo. Y si un director que nos gusta nos propone una película (de forma directa o indirecta), tal vez, terminemos por darle una oportunidad.

Chicas hablando con un hombre

Cuando vimos el trailer de Érase una vez en Hollywood, el desconcierto reinaba; sabemos qué le gusta al cineasta, conocemos su filmografía y, aún así,  no sabíamos muy bien qué esperar.

¿Iba a hablar de Charles Manson y los asesinatos perpetrados por ‘la familia’? ¿Sería una historia de ficción? ¿Un homenaje a aquellas viejas glorias del western estadounidense que huyeron a Europa en busca de un papel mejor? Sí y no, y de todo un poco.

Érase una vez en Hollywood es un vaivén de referencias, resulta casi imposible interceptarlas todas y todavía es más interesante salir del cine y comentar con los compañeros qué elementos intertextuales han dectectado. Todos crecemos con una cultura heredada y estamos más o menos predispuestos a captar determinados mensajes.

Quentin Tarantino pone ante nuestros ojos todo lo que le gusta, tenga o no sentido, y finalmente construye una historia que bien podía haber ocurrido o no.

Siguiendo con esta idea de las referencias, el propio título evoca a un cineasta al que Tarantino admira profundamente, pues jamás ha escondido su amor por el cine de Sergio Leone.

Leone escribió dos «cuentos» con título similar al que hoy comentamos: por un lado, el que fue su último spaghetti western o, mejor dicho, western crepuscular, C’era una volta il west (aunque en España se tradujo como Hasta que llegó su hora); por otro, la que iba a ser la gran experiencia americana del italiano, hablamos de Érase una vez en América, la extensa película que los soñados Estados Unidos no lograban apreciar.

El elemento nostálgico se hace patente desde las primeras secuencias, ese Hollywood idealizado termina por tornarse en un ambiente inhóspito en el que los actores han de conformarse con lo que viene a determinada edad. Una fábula grotesca, inverosímil y real al mismo tiempo que termina por mostrarnos la cara más amarga de la industria cinematográfica. 

Y todo ello en medio del trasfondo del elemento conocido y trágico: el asesinato de Sharon Tate, a quien nos presentan como una joven llena de vida, que busca deleitarse entre su público mientras observa risueña una de sus películas.

Nosotros, los espectadores, conocemos su trágico destino e, inevitablemente, nos compadecemos y empatizamos con su mirada, pero también con la de un actor que bien podría ser un Clint Eastwood que sufrió las consecuencias de la madurez y de una industria que se empeñaba en encasillarlo sin brindarle la oportunidad de brillar.

La nostalgia emana desde cada rincón de la pantalla, el recuerdo de una época gloriosa, pero plagada de dureza se entremezcla con la ensoñación de Tarantino. Con ese »contar de otra manera lo que podría haber ocurrido». Y tampoco falta la ironía, ni la coreográfica violencia característica de su cine; una violencia patética, bella y entretenida a partes iguales.

Por momentos, nos parece ver dos películas de manera simultánea, dos verdades o dos mentiras que terminan por conjugarse en un final sorprendente y risible a la par que espeluznante.

Hombres hablando

Érase una vez en Hollywood, el cuento de Tarantino

ADVERTENCIA: A partir de este momento, el artículo puede contener spoilers

Tarantino nos brinda un cuento del Hollywood del pasado, de un lugar en el que los sueños se hacen realidad, pero también se esfuman con facilidad. La historia de personajes reales se entremezcla con la de los ficticios, aunque bien podrían haber pertenecido a la realidad.

De hecho, Érase una vez en Hollywood juega con nuestros conocimientos de la época, nos sumerge en calles inundadas por vehículos del pasado y nos introduce a las jóvenes de ‘la familia’ de Charles Manson a través de una canción fácilmente reconocible, I’ll never say never to always.

Pero, ¿realmente esperamos ver el trágico final de Sharon Tate en un filme de Tarantino? No, definitivamente, no. Esa no es la clase de violencia que le gusta al estadounidense, no es la violencia estética, entretenida y amenizada por la música a la que nos tiene acostumbrados.

Aunque Sharon Tate no resulta uno de los personajes más fundamentales de la cinta, lo cierto es que el cineasta juega con el blocking y la composición para que nuestra mirada se dirija, en todo momento, hacia ella. Por ejemplo, la viste de amarillo en medio de una fiesta multitudinaria, su cámara se mueve de manera que nuestra atención se centre en la joven, nos obliga a empatizar y a conocerla sin demasiadas palabras.

Conocemos a Sharon a través de la opinión de otros personajes y de su forma de interactuar con el entorno. ¿De verdad nos quiere presentar a un personaje de forma enternecedora para mostrarnos el más horrible de los finales? Por supuesto que no y, si prestamos la suficiente atención, al comienzo del filme, Tarantino ya nos ha desvelado el final.

Gracias a una escena que remite directamente a una de sus anteriores películas, Malditos Bastardos, los espectadores podemos, sin demasiada dificultad, anticipar el final. ¿Qué hizo con Malditos Bastardos? Reescribir la historia, vengar un episodio oscuro del pasado y terminar asesinando al mismísimo Adolf Hitler.

Por ello, esa referencia del comienzo conecta directamente con lo que vamos a ver en Érase una vez en Hollywood. No, no vamos a ver una violencia cruda, trágica y dolorosa; sino una violencia divertida, un baile de sangre, llamas y acción.

Historias que, en apariencia, son distantes, pero conectan en un final ecléctico. Detalles absolutamente cuidados y juegos constantes, todo es posible en el cine de Tarantino y Érase una vez en Hollywood se convierte, así, en un homenaje al cine, una oda al séptimo arte y un despliegue de su habilidad para contar historias, para satirizar la vida, reírse de todo y, especialmente, disfrutar.

La salsa de tomate se hace esperar, pero se presenta como una catarsis, como una liberación para nuestra conciencia, como un »así tenían que haber sido las cosas».