Ideas erróneas sobre el trastorno antisocial de la personalidad

20 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Los trastornos mentales necesitan menos mitos y más sensibilidades. Así, un ejemplo de estas falsas ideas es pensar, por ejemplo, que quienes padecen una personalidad antisocial son psicópatas y están abocados a la maldad y la criminalidad.

En la actualidad, siguen apareciendo numerosas ideas erróneas sobre el trastorno antisocial de la personalidad. Curiosamente, esta distorsión incurre a veces en unas ideas un tanto oscuras de la propia condición clínica, como también en las más glamurosas, incentivadas quizá por el mundo del cine y las series de televisión.

Un buen ejemplo de ello, sería sin duda el personaje de Randle McMurphy en la película El nido del cuco. En esta producción, Jack Nicholson interpretó a la perfección a un hombre que bajo su aparente encanto, se escondía un evidente trastorno antisocial de la personalidad.

También podríamos nombrar a Patrick Bateman de la novela y película American Psycho, a Dexter o al personaje de T. Bag de la serie Prison Break. Todos estas figuras adquirieron el interés del gran público por un tipo de personalidad, tan llamativa como singular, en la que siempre presente la violencia más extrema y sancionable.

Un ejemplo más reciente de ello (y también de la fascinación popular) lo tenemos sin duda en la conocida película Joker. Ahora bien ¿qué hay de cierto en toda esta iconografía que se ha llegado a realizar sobre el trastorno antisocial? ¿Qué hay de verdad y dónde empieza el mito?

Analicemos a continuación con detalle este tema.

 Solo el 10% de las personas diagnosticadas con un trastorno de la personalidad antisocial cumplen con los criterios para la psicopatía.

Cerebro iluminado

Ideas erróneas sobre el trastorno antisocial de la personalidad

La personalidad antisocial afecta a casi el 3% de la población. Sabemos también que una buena parte de las personas que permanecen en las instituciones penitenciarias, lo sufre. Es, además, uno de los trastornos de la personalidad del grupo B, incluido en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) y, como ya venimos señalando, se alza como una de las condiciones que mayores ideas falsas -o medio falsas- aglutina.

Para empezar, hay quien los designa como «psicópatas» mientras otros los denominan «sociópatas». Por otro lado, también es muy recurrente relacionar la personalidad antisocial con la criminalidad. De hecho, cabe señalar que uno de los mayores estigmas que sufren estos hombres y mujeres diagnosticados con dicho trastorno es precisamente atribuirles ese matiz de de violencia casi intrínseca

Estas ideas erróneas sobre el trastorno antisocial de la personalidad hacen que no lleguemos a comprender una realidad que, en ocasiones, es más cercana de lo que podamos pensar. Veamos no obstante en qué se basan esas ideas falsas.

La persona con un trastorno antisocial de la personalidad es violenta y no tiene sentimientos

Una idea muy común es atribuir a las personas con un trastorno antisocial de la personalidad una falta absoluta de empatía y de emociones. Asimismo, este perfil, según el ideario popular, está abocado a las conductas delictivas. ¿Qué hay de cierto en estos supuestos?

  • En primer lugar, tener un trastorno mental no es sinónimo de criminalidad o maldad. La persona con este diagnóstico tiene un mayor riesgo de conducta delictiva por su hostilidad a las normas sociales, pero no siempre se deriva en violencia.
  • En realidad, la personalidad antisocial tiene como principal problema la impulsividad. Actúan sin tener en cuenta las consecuencias, son irresponsables e imprudentes. Además, rechazan las normas sociales, tienen problemas para adaptarse a contextos estructurados como la escuela, un trabajo, un entorno familiar, etc.
  • Este tipo de comportamiento, como bien podemos suponer, implica que en algún momento puedan tener algún problema y más de una desavenencia en cualquier contexto social.
  • Asimismo, otro factor común es la falta de responsabilidad hacia sí mismos. De ahí que, a menudo, presenten problemas con el consumo de drogas, alcohol, etc.

¿Son psicópatas o son sociópatas?

Otras de las ideas erróneas sobre el trastorno de la personalidad es la denominación casi arbitraria que se hace de ellos: o bien son psicópatas o bien son sociópatas. Para comprender mejor este tema recomendamos el libro de David Lykken,  Las personalidades antisociales. En él nos deja clara una idea: debemos ver esta categoría clínica como un espectro en el que la persona puede evidenciar una mayor o menor gravedad.

  • La psicopatía es una forma severa del propio trastorno de la personalidad antisocial. Además, hay quien considera aquello de que los psicópatas “nacen” y los sociópatas “se hacen”. Es decir, en los primeros habría en muchos casos un factor genético, tal y como nos releva un estudio de la Universidad de Londres del 2012.
  • Se sabe además, que solo el 10% de las personas diagnosticadas con un trastorno de la personalidad antisocial cumplen con los criterios para la psicopatía.
  • Por otro lado, la sociopatía es el subgénero más amplio del trastorno de personalidad antisocial. En este caso, tendríamos a esas personas con problemas en su infancia y adolescencia. La falta de afecto, de protección, de apego seguro, la ausencia de normas sociales y morales en esos primeros años derivan en muchos casos en esos comportamientos antisociales.
Niño estresado por sus padres violentos

Todas las personas con un trastorno antisocial son solitarias, se sienten rechazadas y se comportan de igual modo

No es lo mismo ser asocial que antisocial. Mientras el primer comportamiento da forma a ese desinterés por la interacción social e incluso del compromiso con los demás, la figura del antisocial va más allá.

No es solo un mero deseo de soledad. Hay una aversión muy marcada hacia sociedad, hay rechazo activo y un deseo de reacción frente a lo establecido.

Todas las personas con un trastorno de la personalidad antisocial son hombres

Cuando pensamos en la personalidad antisocial es casi inevitable imaginar un rostro masculino. El mundo del cine, la literatura y la televisión han incentivado esa idea. Pero, ¿es correcta? ¿Es verdad que este trastorno afecta solo a hombres? La respuesta, de nuevo, es «no».

La personalidad antisocial no se puede tratar

Otra de las ideas erróneas sobre el trastorno antisocial de la personalidad es que no hay tratamiento. Esa maldad o ese comportamiento delictivo es para siempre. En realidad, sí lo hay y sí pueden percibirse mejorías. No obstante, el principal problema es lograr la implicación del propio paciente. En muchos casos, si llegan a terapia es por imposición legal al estar en la cárcel o bien por que la familia les impulsa a ello.

En gran parte de las ocasiones llegan con otros problemas, traumas de infancia, abuso de drogas, etc…  De ahí que debe hacerse una intervención muy individualizada y partiendo siempre de una adecuado diagnóstico. Los datos nos dicen además que se han obtenido buenos resultados con la terapia cognitiva centrada en esquemas. Se trata de ayudarles a identificar y abordar patrones de conducta desadaptativos y desarrollar formas más efectivas de relacionarse.

Para concluir la personalidad antisocial, al igual que cualquier otro trastorno mental, necesita menos mitos y más sensibilidades. Si visualizamos a las personas de manera realista y objetiva, venceremos los estigmas para ofrecer una ayuda adecuada.

Hombre triste pensando en el suicidio

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona
  • Hesse, M. (2010). What should be done with antisocial personality disorder in the new edition of the diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM-V)? BMC Medicine, 8, 66. doi: 10.1186/1741-7015-8-66
  • Lykken, D. (1994). Las personalidades antisociales. Barcelona: Herder
  • Sheehan, L., Nieweglowski, K., & Corrigan, P. (2016, January 16). The stigma of personality disorders. Current Psychiatry Reports, 18, 11. doi: 10.1007/s11920-015-0654-1