Inteligencia colaborativa: saber pensar con personas que piensan diferente

2 diciembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
En un mundo cada vez más competitivo e individualista, saber aplicar una mentalidad de colaboración nos ayudaría mucho más como sociedad. Ante los retos que nos esperan, es esencial que aprendamos a pensar juntos para dar forma a un futuro mucho mejor.

La inteligencia colaborativa ofrece un poder transformador al ser humano. Este tipo de competencia se da cuando las personas somos capaces de compartir ideas, pensamientos y enfoques con un solo fin: el bien común. Muchos consideran que este tipo de inversión mental es lo que más necesitan las empresas, las instituciones y cualquier escenario social de nuestra actualidad.

Trabajar y pensar juntos por metas comunes es algo inspirador, sin embargo, admitámoslo, lograrlo no siempre es fácil.

Trabajar en equipo, por ejemplo, ya presenta sus dificultades y desavenencias. Asimismo, nadie nos ha enseñado tampoco cómo se desarrolla una mentalidad de colaboración, cómo se movilizan recursos internos como la creatividad, la motivación y el entusiasmo hacia los demás logrando una armonía conjunta donde todos ganemos.

Sin embargo, tanto si lo queremos como si no, esa es la clave del futuro. Necesitamos no solo empresas y compañías más inteligentes, es esencial contar con grupos de personas capaces de trabajar juntas sin egos, sin fricciones y desactivando ese pensamiento rígido que tantos muros suele poner al progreso y el bienestar.

Avanzamos por un presente y un porvenir cada vez más complejo donde necesitamos sintonizar esfuerzos y recursos en una misma dirección. ¿Cómo lograrlo? La inteligencia colaborativa podría ser el mejor ingrediente.

«Nadie sabe todo, todos saben algo, todo conocimiento reside en la humanidad».

-Pierre Lévy-

Mente de una mujer con símbolos digitales

Los pilares de la Inteligencia colaborativa

La inteligencia colectiva o la mentalidad de colaboración es un tema que ha interesado siempre a la psicología, la sociología y el mundo de la empresa. Es más, el campo de la biología lleva siglos estudiando este concepto al observarlo en el microuniverso de las bacterias y, por supuesto, en esos otros que nos pueden ser más cercanos y visibles.

Un ejemplo, el comportamiento colectivo de los animales es, sin duda, el más llamativo de todos. Pensemos en esas bandadas de pájaros volando en una misma dirección y siempre perfectamente sincronizados. Visualicemos también un banco de peces, los enjambres de krill, los grupos de delfines y por supuesto, esa comunidad de hormigas que hace una vida paralela a la nuestra en cualquier jardín, terraza y parque de nuestras ciudades.

¿Qué hace que todas estas especies actúen de manera simbiótica? ¿Es por mera supervivencia? Es posible, no obstante, autores de renombre como la doctora Dawna Marcova, experta en procesos de aprendizaje, liderazgo y talento del El Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) nos señala en su libro Inteligencia Colectiva, aspectos de gran relevancia que deberíamos considerar.

Aprender a pensar con personas que piensan diferente

Uno de los principios de la inteligencia colectiva es saber estar y saber dar nuestra aportación en un entorno donde otras personas, piensan diferente. Ahora bien, conseguirlo nunca es fácil porque según la doctora Marcova, estamos acostumbrados a vivir en los abismos de nuestra propia individualidad.

Podríamos decir sin equivocarnos que nos han enseñado a ser más competitivos que colaborativos y, ello implica no aceptar opiniones ajenas, significa ver al otro como un enemigo al que debo superar en competencias y sobre el que debo sobrepasar para alcanzar una meta. ¿Hacia dónde llegamos actuando de manera individualista y competitiva? Obviamente a ningún sitio.

En cambio, si aprovechamos nuestro talento creando una mentalidad de colaboración la cosa cambia. Porque dos piensan mejor que uno, porque a veces, al pensar diferente aunamos nuestras particulares visiones en algo más grande, más prodigioso e inspirador.

La diversidad intelectual, por tanto, es permitir que emerjan nuestros puntos fuertes en un escenario colectivo, ahí donde todas las fortalezas individuales trabajen en armonía.

Alinea tu intención con la intención de los demás

Los talentos que se comparten en un objetivo común nos permiten llegar más lejos. Algo tan inspirador como alinear nuestra intención con la de los demás, debería ser sin duda nuestra motivación cotidiana.

No obstante, somos conscientes de que algo así aún es muy difícil de lograr, porque aún abundan los que buscan ser «el más inteligente de la clase», el que más piensa, el que más hace, el que aspira a llegar más alto que los demás, pasando sobre la cabeza de estos.

Por ello, una de las bases de la inteligencia colectiva es la de animarnos a establecer cambios. Es momento de establecer esas condiciones más idóneas donde pueda desarrollarse este tipo de competencia. Veamos cómo.

«Los problemas importantes a los que nos enfrentamos no pueden resolverse con el mismo nivel de pensamiento que teníamos cuando los creamos».

-Albert Einstein-

Grupo de trabajadores unidos

Claves de la Inteligencia Colaborativa

Decía José Ortega y Gasset que “solo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. En cambio, si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde”. Estas acertadas palabras tienen ahora más relevancia que nunca, porque si hay algo que necesitamos ante los retos que se nos presentan, es mentes brillantes que sepan trabajar de manera colaborativa.

Es decir, cada uno debe aportar su excelencia, su creatividad, experiencia y visión particular al grupo, para crear así una entidad mucho más grande orientada a un mismo fin, el del progreso, el del bienestar común. Sin embargo ¿cuáles son los mecanismos para lograrlo? Estas serían las claves.

  • Disposición, voluntad y motivación para compartir conocimientos y recursos.
  • Crear espacios colaborativos tanto físicos como virtuales
  • Saber crear una adecuada confianza con los demás, ahí donde no exista la competición, el orgullo o el control.
  • Deben ser grupos por tanto basados en la horizontalidad y no en la verticalidad.
  • Es esencial comprender las dinámicas de un grupo (saber comunicar, solucionar problemas, etc)
  • Estar siempre abierto a nuevas ideas.
  • Disponer de las herramientas adecuadas (espacios físicos, formación y también espacios virtuales donde la comunicación sea constante).

Para concluir, un elemento más que necesita la inteligencia colaborativa es actitud. Una actitud comprometida hacia el cambio, ahí donde pesen mucho menos los individualismos y más la visión de grupo, de una comunidad que sabe avanzar hacia un mejor progreso.

  • Markova, Dawna (2015) Collaborative Intelligence: Thinking with People Who Think Differently. Spiegel & Grau 
  • Tapscott, D. y Williams, AD (2008). Cómo la colaboración masiva lo cambia todo EEUU. Penguin Group