Inteligencia emocional en la pareja, claves y consejos

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 29 diciembre, 2018

A veces no es fácil. A veces pesan demasiado las emociones y nos sentimos desbordados, cercados por una realidad que no podemos afrontar.

Nadie llega a este mundo con un manual bajo el brazo y un chip instalado en su corazón, capaces de dictarnos qué hacer y cómo actuar en cada momento.

Las relaciones de pareja son complejas, hay que armonizar dos universos en uno solo para que juntos, se integren en un mismo pentagrama, en un misma carretera donde discurrir con tranquilidad y felicidad.

Pero ¿cómo lograrlo? Discusiones, diferencia de intereses, sentimiento de soledad o incomprensión…la Inteligencia emocional nos ofrece un marco teórico desde el cual, poder aprender y revalorizar muchos aspectos de nuestra vida.

Hay que tener clara una cosa, el barco de una relación de pareja, no podrá navegar con un solo capitán. Se necesita la cooperación de dos personas para afrontar mareas y tempestades. ¿Quieres conocer las principales claves?

 

Amar no es solo querer, es comprender

Esta frase nos la dejó la genial escritora Françoise Sagan. Y es precisamente, la base que nutre a la Inteligencia emocional. El comprender las emociones propias y ajenas, el saber identificar en el otro sus necesidades y realidades.

Este tipo de conocimiento empieza siempre en uno mismo, si sabemos identificar nuestras propias emociones (alegría, rabia, desilusión, miedo, ansiedad), también hemos de ser capaces de reconocer las emociones de nuestra pareja.

«Puedes buscar a través del universo entero a alguien que se merezca tu amor y afecto más que tú mismo, y esa persona no se encontrará en ningún lugar. Tú mismo, tanto como cualquier persona en el universo, te mereces tu propio amor y afecto».

-Buda-

Sin duda, conocernos a nosotros mismos es el mejor camino para conocer y comprender a los demás. Entre otras cosas, descubriremos que a la gran mayoría nos mueve la misma motivación, ser felices. Y en este camino a la felicidad a veces podemos errar en nuestro comportamiento. Así que, del mismo modo que podemos equivocarnos nosotros también pueden equivocarse otros.

Ser el espejo del otro

Una relación debe ser un camino para que dos personas, crezcan no solo como individuos sino también como pareja. Es decir, hay que permitir que el otro piense de forma diferente, que tenga sus propias necesidades y que madure tanto a nivel profesional como personal, dentro de la propia pareja.

No se trata en absoluto de vetar o prohibir, de cercarnos en una relación donde no hay libertad. Hay que tomar conciencia de que en una relación emocionalmente inteligente, cada persona debe ser el espejo del otro: “yo te comprendo y te respeto”, “sé lo que sientes, sé lo que necesitas”.

No hay que cambiar al otro a nuestra voluntad, hay que ir encajando piezas entre los dos para que la relación sea armónica. “Enamorarse es encontrarse a sí mismo, fuera de sí mismo”

Comunicación

Debemos practicar una escucha activa. Bien es cierto que en ocasiones, nos pueden decir cosas que no queremos escuchar, pero el entendimiento parte siempre desde este punto. La comunicación es una parte esencial de la pareja, ya que si esta falla, falla todo. De esta forma, es una pieza clave aprender a escuchar al otro sin intervenir hasta que acabe su turno de palabra. Por muy obvio que esto parezca, en muchas relaciones no existe ningún tipo de escucha y sólo se escuchan palabras superpuestas.

Todo conflicto, toda diferencia, necesita de un buen diálogo desde donde comunicar ideas, emociones, sentimientos… siempre es importante verbalizar este complejo mundo interior en voz alta “yo siento que…” “yo pienso qué…” “me siento…” “lo que me pasa es…”

Habla en primera persona para que la otra persona te entienda, pero escucha también sus palabras.
Las personas hábiles en Inteligencia Emocional, suelen establecer reglas a la hora de comunicar, saben negociar, buscando el momento idóneo en el que, sencillamente, sentarse y hablar.

Hay quienes por ejemplo, prefieren guardar silencio hasta llegar a casa, a un ambiente íntimo en el cual dejar salir al exterior lo que sentimos, pensamos y necesitamos. No debemos exigir que la otra persona hable cuando estemos en plena discusión. La ira nubla la razón y será mejor dejar que pasen unos minutos o unas horas. La prisa a la hora de solucionar problemas de pareja no es nuestra amiga. Mejor dejar que las emociones se calmen y hablar desde la serenidad.

Si queremos que el otro sepa algo que nos incomoda es recomendable señalar la conducta que no nos gusta en lugar de culpar a la persona. Por ejemplo, en lugar de decir: «eres un desastre, otra vez has dejado la ropa en medio, nunca cambiarás». Se aconseja cambiarlo por: «me gustaría que dejaras la ropa en si sitio, así está todo más ordenado».

Autoconocimiento y aceptación del otro

Para construir una relación de pareja eficiente, es esencial que nos conozcamos a nosotros mismos ¿cuáles son mis límites? ¿cuáles mis inseguridades, mis miedos, mis necesidades?

En ocasiones, las personas inmaduras son las que más dificultades tienen para establecer un vínculo con su pareja. Son individuos con muchas inseguridades, llenas de dudas, de celos… de aspectos no superados a nivel personal. Es esencial que te conozcas a ti mismo, solo entonces, podremos comprender también a la otra persona. Para mantener el vínculo es indispensable también saber aceptar al otro.

Las descalificaciones nunca son buenas. Todos tenemos virtudes y defectos… limitaciones que hay que saber ver y aceptar. Si amas a una persona, no quieras cambiar su personalidad. Hay que construir entre ambos un modo de existencia donde los dos os aceptéis, pero si nos empeñamos en cambiar su personalidad, abocaremos al otro a una triste infelicidad.

El amor es una gran aventura. Pero es un largo trayecto que requiere tiempo y sabiduría, siendo la Inteligencia Emocional un excelente estandarte desde donde poder guiarnos, desde donde dotar de equilibrio a esos momentos de crisis o dudas que todos hemos sentido alguna vez.