Inteligencia y ansiedad: una relación de amor-odio

13 abril, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Andrés Navarro Romance
Existe una correlación entre inteligencia y ansiedad que se da de manera más frecuente de lo que parece. Descubre con nosotros los pormenores de esta relación.

Resulta típica la imagen del estudiante brillante, de impecable currículo, que a pesar de sus dotes intelectuales y su sobresaliente capacidad para el éxito académico, se consume en un mar de nervios cada vez que se aproxima un examen. Inteligencia y ansiedad, en este y otros ejemplos, parecen ir de la mano.

Esta hipotética relación entre un elevado nivel intelectual y la ansiedad ha sido estudiada y examinada, tanto por su evidente empirismo como por sus implicaciones teórico-practicas, en multitud de ocasiones y desde varias disciplinas.

Un estudio de la Universidad de Lakehead en Canadá ha establecido un firme respaldo a este vínculo entre la alta inteligencia -mentes brillantes, creativas y analíticas- y las tendencias ansiosas -miedo a lo social, anticipaciones y nerviosismo y preocupaciones excesivas, entre otras-.

Estas correlaciones entre desajustes psicológicos y aptitudes personales destacadas tienen un largo recorrido en ciencia. Hace unos años, cierta relación entre la creatividad y la predisposición a tendencias bipolares ganó relativa popularidad entre las disciplinas que estudian el cerebro y la mente humanas.

Chico estudiando

La cautela, sin embargo, ha de guiar la asimilación de posibles relaciones causales de este tipo: no es cierto que cualquier persona con un elevado potencial creativo o con un alto cociente intelectual encierre tras de sí algún tipo de desajuste o problema psicológico.

Sin embargo, lo que sí puede afirmarse es que existe con cierta frecuencia el estereotipo de la persona cuyas conductas y estados internos, en ocasiones, parecen no estar en sincronía con las capacidades de una mente más que privilegiada.

El asunto, ya de por sí interesante, merece por sus implicaciones clínicas, sociales, personales y académicas, un estudio pormenorizado y el esclarecimiento de la tipología de vínculo entre uno y otro rasgo.

La ciencia detrás de la relación entre inteligencia y ansiedad

Existe un refrán popular que afirma que la ignorancia puede dar la felicidad. Dándole la vuelta a este dicho, obtenemos que lo contrario de la estulticia -la sapiencia- puede entrar en sinonimia con la infelicidad. La ansiedad, por su parte, tiene la suficiente potestad como para infligir esa infelicidad en las personas.

«Un hombre sabio se buscará más oportunidades de las que se le presentan».

-Francis Bacon-

El hecho de que personas con alto CI suelan presentar, con mayor probabilidad, episodios de ansiedad e incluso ansiedad crónica y generalizada ha impulsado relevantes líneas de investigación encaminadas a dilucidar por qué una persona inteligente, con tanta frecuencia, puede experimentar frustración, infelicidad y llegar a tomar decisiones poco adecuadas para su bienestar.

Mientras que en el ámbito académico puede contemplarse a alumnos sobresalientes que muestran una tranquilidad y un equilibrio más que deseables, en más de una ocasión también pueden verse alumnos que a pesar de sus dotes intelectuales:

  • Tienden a anticiparse negativamente a los hechos.
  • Se frustran rápidamente ante cambios inesperados.
  • Muestran rasgos de estrés con una frecuencia e intensidad anormalmente alta.
  • Presentan un decremento considerable en su rendimiento académico.

Así, los comportamiento anteriores pueden obstaculizar el éxito académico y profesional y, probablemente, el personal.

Sustancia blanca: implicaciones en la inteligencia y la ansiedad

La sustancia blanca cerebral es responsable de la transmisión de la información bioeléctrica entre neuronas; no tanto así del procesamiento cerebral de la información, que se atribuye a la sustancia gris.

La conducción de los impulsos nerviosos apoya su eficiencia en la velocidad y en la ausencia de pérdida de potencial eléctrico, ambos optimizados a nivel de sustancia blanca. Podría decirse que la sustancia blanca es responsable de la eficiencia y agilidad de los procesos cognitivos y, por ende, de la inteligencia en sí misma.

Con el objetivo de profundizar en el estudio de esta relación entre inteligencia y ansiedad, los científicos responsables del mencionado estudio emplearon técnicas de neuroimagen -y, en concreto, resonancia magnética o RM– con el fin de evidenciar causas subyacentes.

Los hallazgos fueron tan sorprendentes como, casi en la misma medida, lógicos y esperables: las personas en las que convergía una alta inteligencia y unos rasgos marcadamente ansiosos presentaban, en general, mayor densidad de sustancia blanca. 

«Mientras los necios deciden, los inteligentes deliberan». 

-Plutarco-

Esta densidad incrementada, en términos estadísticos, podría dar cuenta de la potencia intelectual de estas personas y, al mismo tiempo, de sus tendencias a la ansiedad crónica y generalizada, ya que se ha relacionado la sustancia blanca con el control emocional. 

Neuronas del cerebro iluminadas

Explicación evolutiva

En el curso evolutivo de nuestra especie, parte de la comunidad científica opina que el desarrollo de la inteligencia y la disposición a experimentar ansiedad corrieron parejos.

La razón podría no ser otra que el hecho de que, con el objetivo de mejorar la supervivencia de nuestra especie, fuera útil optimizar el análisis y el procesamiento de la información para ser capaz de anticipar peligros.

Así, al desarrollar una mayor densidad de sustancia blanca se fomentaría esa inteligencia necesaria para la supervivencia. Por otro lado, al disponer el sistema nervioso de vías más rápidas y eficientes de comunicación y transmisión de información, los estados ansiosos aparecerían con mayor frecuencia.

Estas conclusiones nos conducen también a una posible explicación teórica del bloqueo emocional y conductual que implica una ansiedad de cuantía desproporcionada. Así, en el momento en que la ansiedad alcanza niveles excesivamente elevados, se produce la saturación de las vías de comunicación nerviosa y el potencial de la inteligencia disminuye de forma aguda, provocando en la persona sensación de parálisis.

Como hemos visto, disponer de una mente altamente inteligente es, en la mayoría de los casos, un elemento de deseabilidad para muchas personas. Pero las monedas tienen dos caras y, como hemos podido comprobar, un alto grado de inteligencia puede traer consigo rasgos de ansiedad y dificultad en el control emocional.

La inteligencia es importante, pero, ¿ser inteligente realmente lo es todo?