Jane Goodall, de aficionada a referente mundial

04 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Girod de la Malla
Jane Goodall revolucionó el panorama científico mostrando al mundo que chimpancés y humanos no somos tan distintos. ¿Qué es lo que nos hace parecidos? Vamos a conocerlo a continuación.

Jane Goodall es la mayor experta en chimpancés del mundo y lucha por su conservación y respeto de manera incansable. A pesar de la imposibilidad de resumir décadas de estudio sobre los primates en apenas unas cuantas palabras, este artículo intenta acercar algunas de sus grandes aportaciones en el entendimiento de la conducta.

Es igualmente imposible plasmar en un artículo su extraordinaria personalidad, su compromiso con el mundo, su bondad, etc. Por ello, este artículo también pretende ser una invitación a investigar sobre esta increíble mujer, además de a leerla y escucharla. Ella es el mejor ejemplo de que pequeños cambios conjuntos pueden cambiar el mundo.

“La destrucción del hábitat está a menudo relacionada con la codicia y el materialismo del mundo desarrollado”.

-Jane Goodall-

Cría de chimpancé con su madre

¿Quién es Jane Goodall?

Jane Goodall (3 de abril de 1934) es una primatóloga, etóloga y antropóloga inglesa famosa por haber estudiado durante varias décadas a los chimpancés en el Parque Nacional de Gombe Stream (Tanzania).

Desde niña era amante de los animales, pero la primera vez que deseó ir a África realmente a estudiar a los animales fue cuando leyó Tarzán de los monos. Cuenta que estaba celosa porque Tarzán se había casado con la Jane equivocada.

Su primera experiencia observando la conducta de los animales fue cuando tenía 4 años y quiso entender cómo ponían huevos las gallinas. Estuvo escondida observando durante más de cuatro horas tan absorta que incluso sus padres llamaron a la policía. Ante esto su madre supo responder con interés y permitió que su hija contara sus hallazgos. Jane dice que, gracias al interés de su madre, ese día nació una científica.

A nivel personal, su caso quizá sea el mejor ejemplo de que fomentar la curiosidad de los niños y ayudarles a que experimenten por sí mismos y se cuestionen las cosas, es el camino correcto para que se desarrollen felices, sean comprometidos y apasionados por aquello a lo que se dedican.

La primera vez que viajó a Gombe lo hizo acompañada de su madre, ya que en aquella época no se consideraba seguro que una mujer joven y soltera viajase sola a esa zona. Pasaron allí cuatro meses en los que Jane solo pudo observar a los chimpancés desde la distancia.

Consiguió obtener su doctorado en etología, lo que le permitió seguir estudiando la conducta de los primates. En 1960, el paleontólogo Louis Leakey la envió a Tanzania a estudiar las interacciones sociales y familiares de los chimpancés salvajes. Así fue como empezaron varias décadas apasionantes de estudios de campo.

Los primeros hallazgos de Jane

Una de las primeras cosas que descubrió de los chimpancés, cuando aún solo podía observarlos con prismáticos desde la distancia, fue que eran capaces de construir y utilizar herramientas. Esta habilidad se creía exclusivamente humana, por lo que su hallazgo significaba que los chimpancés son mucho más parecidos a los humanos de lo que se pensaba. Esta afirmación, como otras muchas, tuvo mala acogida en el mundo científico.

Observó que eran seres muy sociales. Pasaban mucho tiempo acicalándose unos a otros, jugando entre ellos o haciéndose cosquillas. Se tocaban, se abrazaban, se cogían las manos e incluso se besaban.

Estudió sus sonidos de llamada y su lenguaje no verbal como forma de expresar miedo, tristeza o como señal de amenaza o peligro. Esto también supuso una revolución, ya que estas conductas típicamente humanas no podían imaginarse en primates.

“Ahora debemos redefinir herramienta’, redefinir ‘hombre’ o aceptar a los chimpancés como humanos”.

-Louis Leakey-

La conducta maternal en chimpancés y humanos

Respecto a la conducta maternal, tenemos ejemplos que hoy en día podríamos equiparar con dos estilos de crianza distintos. Observó que, por lo general, las madres eran protectoras y favorecían la independencia de las crías, las cuidaban y estimulaban para favorecer su desarrollo, al igual que hacen las madres humanas. Es lo que hoy conocemos como una base de apego segura.

Sin embargo, la observación de la chimpancé Passion, una madre indiferente e insensible, demostró la importancia de la conducta maternal y el apego seguro para el correcto desarrollo de las crías, tal y como ocurre en humanos.

Descubrió que las crías dependían muchos años de sus madres, ya que aprendían por observación a valerse por sí mismas. En concreto, estudió el caso de Flint, un chimpancé que, siendo adolescente, seguía mamando y requiriendo atención constante de su madre Flo. Ella era anciana y un día murió en un accidente. Flint la encontró y, tras pasar un largo rato observando, volvió a la comunidad. La depresión que parecía tener se agravó, dejo de comer y acabó muriendo.

El caso de Flint podría extrapolarse al estudio de Spitz sobre los efectos de la separación de madres e hijos. La separación puede provocar en la criatura una depresión anaclítica o síndrome de hospitalismo, que puede terminar en muerte por marasmo.

Se ha descrito una mínima parte de los hallazgos de Jane Goodall: los más significativos y aquellos que más fácilmente se pueden relacionar con la comprensión de la conducta humana. Sin embargo, sus estudios fueron la base de todas las posteriores investigaciones con chimpancés.

Sus investigaciones la han convertido en la primatóloga más importante del mundo, gracias a lo que fue galardonada con múltiples premios.

Las críticas a Jane Goodall y a su trabajo

En cuanto ingresó en la universidad para hacer el doctorado, se la acusó de estar haciendo mal las investigaciones. Se le criticó que pusiera nombre a los chimpancés, ya que eso no era científico y sugería antropomorfismo. Mucho más criticado fue que les atribuyera emociones o sentimientos y que insinuara que estos tenían personalidades diferentes.

Se la intentó desacreditar en numerosas ocasiones por el simple hecho de ser mujer, sobre todo cuando sugirió la similitud entre humanos y primates. Los titulares atribuían su éxito no a su increíble labor, sino a sus preciosas piernas o a su pelo rubio. Haciendo caso omiso a las críticas, utilizó algunas de ellas a su favor para conseguir más financiación y poder seguir con sus estudios.

Jane Goodall

De investigadora a activista

Tras la cumbre de la Academia de Chicago para la conservación donde se pudo ver el impacto de la deforestación, abandonó el trabajo de campo y se convirtió en activista. Gracias a su lucha por la conservación de estos primates y su hábitat es considerada “embajadora mundial de los chimpancés”.

A esto hay que añadir los numerosos programas educativos del Instituto Jane Goodall y las conferencias que ofrece para concienciar a los humanos del impacto que puede tener nuestra conducta en la naturaleza y fomentar el respeto por los animales y el medio ambiente. Considera que por mucho intelecto que tenga, el ser humano no es inteligente, ya que está acabando con su único hogar.

“Ahora que finalmente nos hemos dado cuenta del terrible daño que hemos ocasionado al medio ambiente, estamos extremando nuestro ingenio para hallar soluciones tecnológicas”.

-Jane Goodall-