El jorobado de Notre Dame, la historia más oscura de Disney

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 16 enero, 2018
Leah Padalino · 16 enero, 2018

El jorobado de Notre Dame (1996), pese a ser una película infantil, tiene una trama oscura y difícil de digerir. No me refiero a una oscuridad alegre, como la de Pesadilla antes de Navidad, ni tampoco a la oscuridad aterradora que presenta Taron y el caldero mágico, una de las grandes desconocidas de Disney. No, la oscuridad de El jorobado de Notre Dame no tiene nada que ver con todo esto, es una oscuridad distinta, real y cruda. Quizás, por este motivo, muchos niños de los 90 no supimos apreciarla.

El jorobado de Notre Dame no es una película desconocida, pues contó con una buena publicidad, obtuvo buenas críticas y buenas recaudaciones. Sin embargo, lo cierto es que cuando se estrenó muchos éramos demasiado pequeños para comprenderla y quizás este sea el motivo de no encontrar esta película entre los Top 10 de Disney.

Por este motivo, no ha gozado de gran reconocimiento entre el público infantil y ha sido en muchos casos relegada al baúl del olvido. Por otro lado, aunque no son pocas las películas de Disney que esconden una trama turbia y un trasfondo digno de análisis, El jorobado de Notre Dame se aleja bastante del estereotipo de Disney y nos presenta una historia cargada de crítica a la sociedad y al poder, especialmente, al de la Iglesia.

La película está basada en Nuestra señora de París, novela de Víctor Hugo publicada en 1831. Este hecho también produjo el rechazo entre los seguidores del escritor francés, pues esperaban encontrar una obra aún más sombría y fiel a la original. Pero, como era de esperar, Disney nos endulzó una obra que de dulce tiene poco para que los niños no salieran atemorizados del cine. Sin embargo, incluso con este esfuerzo, la película fue lo bastante lúgubre para muchos niños que no supimos apreciarla en su día.

La de Disney no es la única adaptación de la novela de Hugo, pues existen otras más crudas y destinadas a un público adulto, como Esmeralda, la zíngara (1936) o El jorobado de Notre Dame (1956). Viéndola desde la lejanía y con una perspectiva adulta, nos damos cuenta de que estamos ante una gran película de animación, cuyos escenarios son fascinantes y el mensaje que esconde El jorobado de Notre Dame, sin duda, nos sorprende y nos cautiva.

Escena de coronación en la película El jorobado de Notre Dame

Lo eclesiástico en El jorobado de Notre Dame

La principal diferencia respecto a la obra original de Víctor Hugo la encontramos en el personaje del juez Frollo. En la versión original, Frollo es el archidiácono de Notre Dame, pero en la versión de Disney es un juez, algo totalmente comprensible teniendo en cuenta que está dirigida a un público infantil.

La imagen de la Iglesia queda bastante desprestigiada en la película porque, a pesar de presentarnos a Frollo como juez, el personaje está muy vinculado a la catedral, posee unas fuertes creencias religiosas y, en ocasiones, su atuendo se acerca mucho al eclesiástico.

Frollo debería ser un hombre de ley, un personaje respetable y justo, pero es todo lo contrario. Ya desde el comienzo vemos su maldad, su soberbia y su desprecio por los diferentes. Frollo odia a los gitanos, odia a todos aquellos que no sean como él; pero la vida le jugará una mala pasada y terminará experimentando emociones que jamás pensó que podría llegar a desarrollar.

Frollo comienza a obsesionarse con la gitana Esmeralda, sus sentimientos hacia ella no son sanos en absoluto. Esmeralda se convierte en una especie de objeto muy preciado y tentador, será la encarnación del mal. Al mismo tiempo, aparece en Frollo un deseo enfermizo que le llevará a plantearse su fe. Frollo considera que su deseo hacia Esmeralda es una especie de prueba de Dios y debe evitar el pecado, pero ese deseo es tan obsesivo que llegará a anhelar que sea de su propiedad y, de no serlo, deberá morir.

Toda esta obsesión irracional de Frollo desembocará en uno de los momentos musicales más perturbadores de todo el universo Disney. Una canción en la que las connotaciones religiosas se hacen patentes desde el comienzo: coros eclesiásticos, un crucifijo gigante, el atuendo de Frollo, etc. Todo ello, visto desde una perspectiva adulta, nos hace pensar que, quizás, Frollo no es simplemente un juez, sino que está vinculado a la Iglesia.

“Estás deforme y eres feo, y esos son crímenes que el mundo no permite”.

-Frollo, El jorobado de Notre Dame-

Este momento musical me parece crucial para profundizar un poco más en el personaje; no solo estamos ante un juez cruel y despiadado que impone su ley condenando a un gran número de inocentes, sino que esconde algo más. Frollo es un personaje realmente turbio e incomodo, ese deseo irracional y obsesivo hacia Esmeralda nos resulta casi más aterrador que cualquier otra cosa de la película y, sin duda, creo que fue muy arriesgado por todo lo que conlleva la escena. Nos presentan a un villano que, de verdad, da miedo; tras esa imagen de puritano y señor de la ley, se esconde un hombre de muy dudosa moral.

La obra de Víctor Hugo no muestra compasión, es despiadada, en cambio, El jorobado de Notre Dame es una versión azucarada, más digerible para el público en general y, por supuesto, menos polémica. Pero a través del personaje de Frollo y, especialmente, de la escena musical, vemos lo que tal vez sea un rastro de la obra original, una huella de esa dura crítica a la Iglesia y a su indiscutible poder.

Quasimodo feliz

Lo diferente en El jorobado de Notre Dame

Más allá de la crítica a la sociedad y a la Iglesia, El jorobado de Notre Dame es un canto a las diferencias, a la aceptación. La bondad es algo que no va ligado a la imagen, así, tenemos a un juez cruel y a un personaje inocente y de buen corazón cuya imagen resulta desagradable para la mayoría de las personas. Quasimodo no puede ser aceptado en sociedad debido a su aspecto, por ello, el único día que se atreve a salir de Notre Dame es “el día de todo al revés”, una especie de carnaval donde lo grotesco es celebrado.

Quasimodo genera fascinación ante el público por su “disfraz”, pero al descubrir que no se trata de un disfraz, sino de su verdadero aspecto, será calificado de monstruo. Solo un personaje mostrará compasión por Quasimodo, Esmeralda, la joven gitana que, por su procedencia, es marginada y perseguida igual que Quasimodo. Esmeralda es toda una guerrera, es la única que se atreve a enfrentar al juez Frollo y a pedir justicia e igualdad para todos.

El propio Quasimodo, debido a su reclusión, se califica a sí mismo como monstruo, Frollo ha creado en él una gran inseguridad. Al no tener contacto con la sociedad, Quasimodo ha establecido una especie de amistad con las gárgolas de la catedral, que serán una especie de conciencia para Quasimodo. Esmeralda, junto a las gárgolas, será la que logre que Quasimodo abra los ojos y vea la realidad tal y como es. También tendrá un papel importante el capitán Febo, un soldado que dará la espalda al juez Frollo y se unirá a la lucha por la igualdad.

¿Quién es el verdadero monstruo en Notre Dame? La película nos muestra la verdadera naturaleza del monstruo, un monstruo camuflado que camina entre nosotros día tras día y que goza del respeto de la sociedad. En definitiva, El jorobado de Notre Dame es una película que hay que rescatar y cuya trama es más compleja y tenebrosa que la mayoría de películas infantiles, pero al mismo tiempo, está cargada de profundos valores que la convierten en una apología de la justicia y la igualdad.

“La vida no es un deporte que se mira, si pasas el tiempo observando, verás tu vida pasar y te quedarás atrás”.

-Gárgolas, El jorobado de Notre Dame-