Juego patológico: diagnóstico, teorías y tratamiento

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Alicia Escaño Hidalgo
10 marzo, 2019
El juego, en ocasiones, pasa de ser un elemento de diversión a ser un auténtico problema. ¿En qué consiste el juego patológico?

El juego puede ser, para la mayoría de nosotros, una actividad recreativa más que no tiene por qué implicar ninguna consecuencia negativa. Las personas podemos jugar en reuniones sociales como forma de diversión o socialización con los otros o como una forma de pasar el tiempo.

Existen otros casos en los que el juego pasa de ser un mero entretenimiento a ser la parte central de la vida de la persona, haciéndose con el control de su vida.

Cuando la persona no puede dejar de pensar en el juego, siente la necesidad de mentir o invierte cantidades de dinero que no puede permitirse perder, es posible que se haya convertido en un jugador patológico.

Lo que determina que un juego sea patológico es la capacidad de la persona para controlar voluntariamente su implicación en el juego. Generalmente, la percepción de la persona sobre su propia capacidad puede estar alterada, siendo incapaz esta de reconocer la realidad hasta que las consecuencias se vuelven dramáticas.

Este sesgo, denominado ilusión de control, provoca que los jugadores piensen que controlan la situación y que podrán parar cuando quieran. En cambio, la realidad no es esa y, frecuentemente, el juego se les va de las manos, teniendo consecuencias importantes a nivel económico, familiar, social y laboral.

El DSM 5 reubicó esta categoría diagnóstica dentro del capítulo de los Trastornos relacionados con sustancias y otras adicciones. Lo que motivó el cambio fue el parecido que existe entre el juego y otras adicciones. En las dos entidades estarían implicados los mismos mecanismos cerebrales, en particular aquellos que tienen que ver con el sistema de recompensa.

Hombre jugando al póker

¿Cómo se diagnostica el juego patológico?

Para diagnosticar juego patológico a un paciente, el DSM5 nos dice que el juego debe ser problemático, persistente y recurrente y provocar un deterioro o malestar clínicamente significativo (la persona empieza a jugar para no sentirse mal; ante el juego, el resto de reforzadores ha perdido valor).

El paciente, además debe presentar cuatro o más criterios, de un total de 9 durante un periodo de 12 meses. Estos criterios son los siguientes:

  • Necesidad de apostar cantidades de dinero cada vez mayores para conseguir la excitación deseada.
  • Está nervioso o irritado cuando intenta reducir o abandonar el juego.
  • Ha hecho esfuerzos repetidos para controlar, reducir o abandonar el juego.
  • A menudo tiene la mente ocupada en las apuestas.
  • A menudo apuesta cuando siente desasosiego.
  • Después de perder dinero en las apuestas, suele volver otro día para intentar ganar.
  • Miente para ocultar su grado de implicación en el juego.
  • Ha puesto en peligro o ha perdido una relación importante, un empleo o una carrera académica o profesional.
  • Cuenta con los demás para que le den dinero para aliviar su situación financiera desesperada

Este comportamiento no debe ser explicado por ningún episodio maníaco, ya que entonces deberíamos atribuirlo a este diagnóstico y no al juego patológico.

Además de estas características diagnósticas que nos aporta el manual de la APA, existen una serie de distorsiones cognitivas que podemos encontrar con mucha frecuencia en estos pacientes.

Además de la ilusión de control, es normal que los jugadores presenten la correlación ilusoria (considerar que ciertas variables covarían cuando no es así: «si le hablo con cariño a los dados, sacaré mayor puntuación»), la fijación en las frecuencias absolutas (valoran su éxito en función de lo que han ganado y no tienen en cuenta todo lo que llevan perdido), la atribución flexible (atribuir los éxitos a factores personales y los fracasos a lo externo) o las explicaciones post-hoc (creer que predicen el resultado una vez que ya ha ocurrido).

Teorías explicativas sobre el juego patológico

Algunas perspectivas teóricas que han tratado de explicar el juego patológico son las siguientes:

El modelo de los estados de necesidad

Según esta teoría, el juego se ve como una conducta que satisface alguna carencia del sujeto. La adicción se adquiriría como un intento de controlar esta situación de estrés crónico que supone esta alteración.

Los factores que predispondrían al juego son: un nivel alterado de activación psicofisiológica aversiva y un estado alterado de identidad, como por ejemplo tener sentimientos de inferioridad, incapacidad o sentirse rechazado. Digamos que en este sentido, el juego actúa como tapadera de todas estas carencias no resueltas.

Teoría de la reversión de Brown

Se basa en el arousal/activación y en la teoría de la reversión de Apter. Propone dos sistemas que llevarían a la persona a la motivación por jugar y un nivel óptimo de activación.

Desde esta perspectiva se habla de un estado télico (el sujeto está motivado y orientado hacia una meta, disfrutando de su anticipación, pero con una baja activación) y el estado paratélico (estados de alta activación y goce con las sensaciones inmediatas).

Digamos que la persona en estado télico perciben el juego con ansiedad y los del estado paratélico están más atraídos por el juego. El télico inicia el juego para inducir un estado paratélico, donde la activación no se viva con ansiedad, sino con placer.

Digamos que el jugador aprende que, si sigue jugando a pesar de la ansiedad, luego vendrán los reforzadores y ganancias y por eso el problema se mantiene.

Modelo de Dickerson y Adcock

Explica cómo el juego se mantiene y se centra en la activación como variable clave. Los dos factores que modulan la activación son: el estado de ánimo y la ilusión de control. Este modulo explica que, cuanto más bajo sea el estado de ánimo, más duraría la conducta de jugar con el propósito de alcanzar el nivel óptimo de activación con el que el jugador se siente a gusto.

Modelo de Sharpe y Tarrier

Explica el problema en base al programa de reforzamiento típico del juego: el variable. La ganancia monetaria no es algo fijo. A veces se da y a veces no. Esta variabilidad favorece que la persona se quede enganchada al juego, ya que no puede anticipar cuándo va a ganar.

Hombre preocupado por el dinero

Tratamiento del juego patológico

Existen dos objetivos terapéuticos: la abstinencia completa o el juego controlado. La elección de uno u otro se hará en función del perfil de cada paciente. No obstante, la más usada es la abstinencia completa. Como tratamientos utilizados podemos encontrar los siguientes:

Grupos de Autoayuda «Jugadores anónimos»

Consideran el juego como una enfermedad crónica y progresiva sobre la que se puede intervenir para frenar su desarrollo, pero no curar.

El grupo constituye una red de apoyo social, pero las tasas de abandono son altas desde las primeras sesiones. No sería útil en pacientes en primeras fases, sino más bien en aquellos con más problemas asociados.

Farmacoterapia

Se pueden utilizar tres tipos de abordaje en este sentido: los estabilizadores del ánimo como el carbonato de litio junto a neurolépticos, los ISRS como la fluoxetina e incluso la naltrexona por su parecido con las adicciones a sustancias.

Programas multicomponentes

Existen dos maneras de llevar a cabo estos programas:

  • Internamiento. Si el perfil del paciente es de una persona sin apoyo social o familiar, con ideas de suicidio o desorganización conductual. Es decir, pacientes graves.
  • Ambulatorio. Desde esta perspectiva encontramos dos de los más famosos. El programa de Ladouceur y cols y el programa de Echeburúa y Baez. El primero incluye técnicas más cognitivas como la restructuración, la solución de problemas y la prevención de recaídas. Por otro lado, el de Echeburúa y Baez es de carácter más conductual, incluyendo estrategias como el control estimular y la exposición con prevención de respuesta, así como la terapia de grupo.

El tratamiento del juego patológico, al igual que ocurre en otro tipo de adicciones, no es fácil. En primer lugar requiere que la persona reconozca un problema, después tiene que darse cuenta de que no lo puede manejar por sí misma.

Finalmente, en muchos casos, contar con un buen círculo de apoyo es ese último empujón que anima a la persona a acudir a consulta, el que refuerza y consolidad los avances y también el que previene recaídas.

  • Belloch, A., Sandín, B. y Ramos, F (2008). Manual de psicopatología. Volúmenes I y II. McGraw-Hill.Madrid
  • American Psychiatric Association (APA) (2014): Manual de Diagnóstico y Estadísitico de los Trastornos Mentales, DSM5. Editorial Médica Panamericana. Madrid.