Naltrexona a bajas dosis: ¿la panacea oculta?

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Andrés Navarro Romance
· 12 febrero, 2019
El fármaco naltrexona, un viejo conocido, parece aliviar multitud de patologías tomado a bajas dosis. Sin embargo, desde la medicina, la intervención con este tipo de sustancia se mira con recelo. Así, en este contexto, nos preguntamos qué es lo que realmente sabemos.

En la última década se ha observado un creciente interés público por un antagonista opiáceo, la naltrexona, que tomado a bajas dosis (LDN o Low Dose Naltrexone) ha producido supuestos efectos beneficiosos en muchas enfermedades, algo a lo que el corpus médico todavía mira con recelo.

Muchas han sido las ocasiones en las que hemos escuchado a nuestros mayores decir que la curación no siempre llega en forma de pastilla; que lo que nos médicos nos recetan y las farmacias nos venden es, a veces, más perjudicial que otras maneras más artificiosas de tratar enfermedades.

Esta hipotética máxima parece haberse visto cumplida con el descubrimiento -casual, al principio, y formalizado y academizado, después- de esta nueva manera de consumir el fármaco naltrexona, que se postula ayuda al organismo a defenderse de la enfermedad con sus propias armas, incluso, según se llega a afirmar, del cáncer y el VIH.

La historia del redescubrimiento

En torno a 1985, el ya fallecido Dr. Bernard Bihari (un psiquiatra neoyorquino licenciado en la Universidad de Harvard), y de acuerdo a gran cantidad de publicaciones sobre su obra, se percató de que la toma de naltrexona a bajas dosis mejoraba la respuesta inmunológica ante el VIH -el virus causante del SIDA-.

Unos años más adelante, descubrió que este medicamento, que a dosis terapéuticas (las pautadas para su uso oficial como ayuda a la deshabituación a opiáceos) se venía empleando en la adicción a la heroína y/o la morfina, beneficiaba también a pacientes con cáncer y enfermedades autoinmunes.

Mujer tomando naltrexona

De acuerdo a los registros del trabajo terapéutico del Dr. Bihari, en casi una cuarta parte, de los aproximadamente 500 casos de diversos tipos de cáncer que trató con ayuda de la naltrexona a bajas dosis, logró reducir el tamaño tumoral en, al menos, un 75% del tamaño de partida.

Desde el comienzo de su administración, y durante su posterior desarrollo, el Dr. Bihari formuló que el mecanismo anticancerígeno de la LDN se debe con probabilidad a su tendencia a incrementar el número y densidad de receptores opioides en la célula (y, en concreto, de receptores de endorfinas, las llamadas «opioides naturales» o «moléculas de la felicidad»), lo que hace a esta más susceptible al beneficio terapéutico de dichas moléculas. El número y el grado de actividad de las células defensoras de nuestro sistema inmune, según propuso, se ven también aumentados por acción de este fármaco.

«Para muchos es difícil creer que un medicamento pueda ejecutar tantas funciones. Pero la LDN no trata los síntomas, como lo hace la mayoría de los medicamentos. Trabaja contracorriente para modular los mecanismos básicos que provocan un estado de enfermedad».

-Dr. Burton M. Berkson-

¿Para qué dolencias podría ser útil este abordaje?

Al margen de su reconocido uso como anti-adictivo, muchas son las patologías que podrían hipotéticamente beneficiarse de esta aproximación terapéutica tan poco conocida:

  • Cáncer.
  • Hepatitis C.
  • Lupus.
  • Neuropatías diabéticas.
  • Colitis Ulcerosa.
  • Dermatomiositis.
  • Autismo.
  • Esclerosis Múltiple (EM).
  • Síndrome de Fatiga Crónica (SFC).
  • Enfermedad de Crohn.
  • VIH/SIDA.
  • Enfermedad de Alzheimer.
  • Enfermedad de Parkinson.
  • Síndrome del Intestino Irritable.
  • Tiroiditis de Hashimoto.
  • Etc.

Resulta verdaderamente impactante que una sola sustancia pueda causar efecto sobre tantas enfermedades y tan dispares, aunque a ojos expertos puede intuirse una suerte de conexión que hila a todas estas patologías: todas ellas guardan relación con procesos inflamatorios, y casi todas ellas están asociadas, por una u otra vía, con mecanismos autoinmunes. Mecanismos en los que una disfunción inmunitaria ocasiona que nuestro propio sistema de defensa se vuelva contra nuestras células.

«Los problemas tratados con LDN comparten todos una misma característica: en todos ellos, el sistema inmunológico desempeña un papel central; están también presentes bajos niveles sanguíneos de endorfinas, que son los que contribuyen a las deficiencias inmunológicas relacionadas con la enfermedad».

-Dr. Bernard Bihari-

¿Cómo funciona realmente la LDN?

El mecanismo de acción de este fármaco no podría ser más sencillo y lógico y a la vez más hermosamente intrincado. Año tras año se descubre mayores alcances de las rutas bioquímicas de las que forma parte, así como un creciente número de beneficios en múltiples afecciones; de hecho, una de las más recientes adiciones le confiere la capacidad de mejorar la supervivencia de las neuronas tras un daño cerebral gracias a la influencia de la naltrexona sobre las citokinas, que regulan los procesos inflamatorios.

La cascada de eventos que se cree puede subyacer a estos efectos es, en orden cronológico:

  • La LDN inhibe temporalmente la liberación de endorfinas.
  • Como resultado, el organismo reacciona incrementando la producción de las mismas así como la cantidad de receptores celulares que se unen a estas moléculas.
  • Pasado el efecto inhibitorio de la LDN, nos encontramos con un incremento de endorfinas circulantes que, además de promover una sensación de bienestar e incluso un aumento de libido, origina un crecimiento en el número de nuestros potentes defensores linfocitos T.
  • El desequilibrio de células T, característico de una amplia gama de enfermedades, queda así restaurado reduciéndose los efectos de la enfermedad.

Pastillas de naltrexona

¿Es seguro su uso? ¿Por qué los médicos en general no han oído hablar de esta terapia?

Muchas fuentes afirman que el empleo de la LDN, con las debidas precauciones, es relativamente seguro. Las cantidades de naltrexona indicadas varían entre personas y patologías y debería, en todo caso, ser pautadas por un especialista que además supervisase su toma.

Al comienzo del régimen de LDN, pueden aparecer síntomas tales como debilidad, disestesias, fatiga, dolor y, especialmente, trastornos del sueño y pesadillas. Estos efectos secundarios, en cualquier caso, deberían desaparecer en el curso de una o dos semanas, y se deben a las inusuales cantidades de endorfinas en el organismo.

Cualquier persona interesada en el potencial empleo de esta variante terapéutica debe, como ya se ha indicado, consultar a un médico especializado. Es más que probable que su doctor esté escasamente familiarizado con este enfoque medicamentoso -es poco el interés que su estudio y aplicación suscita en el campo clínico y en las grandes casas farmacéuticas dado el reducido rédito económico que su comercialización para estos fines supondría-, de modo que puede ser el propio paciente el que ofrezca al sanitario información sobre este tema.

Como bien sabemos, hay mucho más que lo que el ojo puede ver. Igualmente, hay más formas de acercarse a la salud de las que la medicina oficial es capaz de ofrecer. Aunque es responsabilidad de cada uno, quizá no sea mala idea reunir el coraje para aventurarse en la exploración de otras maneras, quizá más baratas y efectivas, de tratar padecimientos para los que muchas veces existe poca esperanza.