La afasia: cómo un accidente puede dejarte en blanco

La afasia: cómo un accidente puede dejarte en blanco

Ana Quintana 22 enero, 2013 en Actualidad y psicología 656 compartidos

La afasia se describe como una alteración de la capacidad de utilizar el lenguaje o la pérdida adquirida del lenguaje como resultado de una lesión cerebral. En consecuencia, la afasia se entiende como un trastorno adquirido en la capacidad de producción del lenguaje oral. En el hemisferio izquierdo es donde, mayoritariamente, se lateralizan las funciones lingüísticas, aunque en determinadas ocasiones pueden tener una representación hemisférica. De este modo, el lenguaje posee un componente cortical y subcortical. A nivel cortical, nos encontramos con zonas específicas que controlan aspectos motores del habla (movimientos para la producción oral de sonidos, articulación, praxias) y aspectos referentes a la comprensión del lenguaje y, por otro lado, a nivel subcortical, la producción y comprensión del lenguaje está posibilitada por otras funciones cognitivas como son la atención, memoria de trabajo, memoria a largo plazo y funciones ejecutivas. El funcionamiento normal del cerebro, puede verse afectado por diferentes patologías neurológicas; así, entre las principales alteraciones neurológicas que pueden llevar a producir alteraciones del lenguaje encontramos: accidentes cerebrovasculares (ACV), traumatismos craneoencefálicos, tumores cerebrales, infecciones del sistema nervioso, enfermedades nutricionales y metabólicas y enfermedades degenerativas.

Principales causas de alteración neurológica

Los ACV constituye una de las principales causas de las afecciones neurológicas en el adulto,por lo que se considera de vital importancia el reconocimiento precoz de la sintomatología a fin de actuar lo más rápida y eficazmente posible. La enfermedad cerebro vascular se corresponde con cualquier alteración en el funcionamiento cerebral originado en alguna condición patológica de los vasos sanguíneos. Dentro de los ACV, nos encontramos con dos grandes grupos: – isquemias: accidentes producidos debido al decremento o a la interrupción del flujo sanguíneo en el tejido cerebral (trombosis, embolismo, arterioesclerosis) – hemorragias: son secundarias a la ruptura de un vaso que permite la filtración de la sangre dentro del parénquima cerebral.

Sintomatología del ACV

La forma de aparición de los ACV es bastante característica: se produce de modo súbito un déficit neurológico focal (hemiplejía, afasia…). Aún así, los síntomas dependen en gran medida de la localización de la afectación cerebral. Lo más fecuente refiere a: – Pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, o parálisis en la cara (hemiparesia/ hemiplejía). – Dificultad para expresarse, entender lo que se le dice o lenguaje ininteligible (afasia). – Dificultad al caminar, pérdida de equilibrio o de coordinación. – Mareos, dolor de cabeza brusco, intenso e inusual, casi siempre acompañado de otros síntomas. – Pérdida de la visión en uno o ambos ojos.

Sintomatología neuropsiquiátrica

La probabilidad de sufrir depresión post-ictus es mayor entre los tres primeros meses y los doce tras el ACV y comienza a reducirse a partir de entonces. Entre un tercio y la mitad de los pacientes que presenta un ACV desarrolla síntomas depresivos relacionados con sentimientos de tristeza y aislamiento, irritabilidad, trastornos del sueño e indiferencia hacia la terapia. No se aprecia una correlación significativa entre la presencia del cuadro depresivo y la etiología y extensión de la lesión, sino con el grado de preocupación subjetiva por el propio estado de salud. La pauta temporal de a depresión post-ictus coincide con la duración de la elaboración de un duelo no patológico, por lo que se comienza a pensar en la idea de duelo como una reacción ante la pérdida de dependencia funcional. La ansiedad entendida con miedo o aprensión, acompañada de síntomas físicos autónomos, puede dar lugar a la presencia de un Trastorno de Ansiedad Generalizada ente el 1 y 30% de los casos. Esta sintomatología aparece como la presencia de cogniciones disfuncionales relacionadas con el hecho de haber sufrido un ACV y con sus consecuencias futuras.

¿Qué hacer ante un ACV?

– diagnóstico de la causa y gravedad de la enfermedad. – tratamiento de la enfermedad para conseguir la estabilidad e iniciar la recuperación. – ayudar y enseña al paciente y la familia a afrontar la nueva situación.

Intervención neuropsicológica en el ACV

Se lleva a cabo una evaluación neuropsicológica mediante test estandarizados con el fin de desarrollar el perfil cognitivo del paciente. En función de dicho perfil, se establece un plan de intervención y se lleva a cabo la rehabilitación de las funciones cognitivas afectadas mediante el empleo de métodos sustitutoris, compensatorios o restaurativos con el fin de alcanzar la máxima funcionalidad del paciente.

Consideraciones finales a nivel social

– no debemos otorgar a la persona una mayor dependencia de la que ya posee. – mantener un sistema de comunicación efectivo que le permita expresar sus sentimientos y deseos. – no olvidar las necesidades e intereses de la persona, debemos tenerla en cuenta en todo momento. – adaptar las preguntas a la capacidad de respuesta y darle tiempo para contestar, ser pacientes.

Ana Quintana

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