La ansiedad y los estados de nerviosismo

Claudio Navarro · 28 noviembre, 2013

¿Quién no se ha sentido nervioso antes de un examen, una declaración de amor o durante una presentación? Ese desagradable estado de agitación, que en cierta medida es normal, puede adquirir dimensiones realmente alarmantes, que incluso llegan a impedir que la persona se desenvuelva normalmente. Así es la ansiedad…

En estos casos, la ansiedad se convierte en una poderosa barrera para avanzar en la vida, generando sufrimiento innecesario por los demás… pero ¿por qué nos sentimos ansiosos y qué podemos hacer al respecto?

Los estados de nerviosismo no son más que miedos e inseguridades que nos hacen dudar sobre el resultado de algo a lo que nos tenemos que enfrentar

Miedo, ansiedad y otras “perlas”

La ansiedad es una respuesta bastante compleja, ya que involucra pensamientos, emociones, así como reacciones fisiológicas y conductuales. Esta “avalancha” se activa cuando ciertos eventos o circunstancias son percibidos como amenazantes para nuestra integridad física o psicológica. Sin embargo, hay que aclarar que no es lo mismo que miedo.

El miedo es la evaluación básica y automática de peligro, mientras que la ansiedad es un estado más duradero de amenaza que involucra al pensamiento en mayor proporción, en comparación con el miedo.

Hombre con ansiedad

Los oscuros pensamientos que acompañan los estados de ansiedad tienen que ver con incontrolabilidad, incertidumbre, vulnerabilidad (indefensión) e incapacidad para obtener los resultados deseados

Hay algunas características particulares de estos estados ansiosos que nos permitirán conocerlos en profundidad para así no asustarnos cuando aparezcan y solucionarlos de la manera más correcta. Aquí os las dejamos:

  • Están basados en asunciones falsas o razonamientos inadecuados acerca de la amenaza o daño potencial.
  • Interfieren con la habilidad de la persona de afrontar circunstancias aversivas o difíciles.
  • Están presentes por un tiempo prolongado.
  • Muchos de los síntomas son fisiológicos (sudoración, taquicardia, enrojecimiento o palidez, etc.).

Lo que hace que estos estados ansiosos sean tan devastadores es la sensación de vulnerabilidad. Esta terrible sensación hace que nos sintamos a merced de peligros internos o externos sobre los cuales carecemos de control, o bien que éste es insuficiente para sentirnos seguros.

En la ansiedad, este sentido magnificado de vulnerabilidad es evidente en la anticipación exagerada de un posible daño frente a estímulos que son neutrales o inocuos. Al mismo tiempo, cuando estamos ansiosos ignoramos las señales de seguridad presentes en las situaciones que consideramos amenazantes. Por ejemplo, durante una presentación en público, ignoraremos toda la preparación previa que tuvimos, o los resultados positivos que obtuvimos en otras presentaciones.

Hombre tapándose la cara con un folio

La intensidad de un estado de ansiedad depende del equilibrio entre la evaluación inicial de amenaza y la evaluación posterior de seguridad y habilidad para manejar la situación

¿Qué hago con esos nervios?

Ya vimos lo que es la ansiedad y cómo se produce, pasemos entonces a explorar algunas medidas concretas para mantenerla a raya:

  • Pregúntate cuál sería la peor cosa que podría ocurrirte en esa situación, y qué te dirías a ti mismo para aliviar la ansiedad y para asegurarte de que todo va a estar bien. Esto te permitirá reevaluar la percepción de amenaza y vulnerabilidad hacia la situación que te genera ansiedad.
  • Reconoce resultados positivos que hayas obtenido en el pasado al afrontar ese tipo de situaciones para fortalecer tu percepción de auto-eficacia y así sentirte menos vulnerable.
  • La meditación, las técnicas de relajación y de respiración te sacan automáticamente de ese desagradable estado mental, emocional y fisiológico asociado con la ansiedad. No dudes en recurrir a estos valiosos recursos.
  • Si aun aplicando estas medidas la ansiedad persiste y, sobre todo, si interfiere con tu normal desenvolvimiento, lo más recomendable es recurrir a un especialista.

Pero ¿sabes algo? Después de todo, la ansiedad no es tan mala. En baja proporción puede ayudar a activarnos y prepararnos para afrontar un reto, e incluso puede protegernos de un peligro, al evitarlo. Pero cuando sabemos que nos impide avanzar, porque nuestra mente está fuera de control, entonces es hora de dominar esos nervios con armas concretas y efectivas.