La auténtica productividad está en sentirte bien aquí y ahora

09 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
La productividad no siempre va de esfuerzos, sino de satisfacción personal. Por eso, a veces, el simple hecho de cuidarnos y darnos lo que merecemos en un momento dado, también es un modo de ser productivos, de alcanzar metas cotidianas.

La auténtica productividad no está siempre en alcanzar un gran número de objetivos diarios. No si en cada logro laboral se nos va en ellos la calidad de vida, la salud, la satisfacción emocional y el equilibrio psicológico.

Somos una sociedad a quien nos han hecho creer desde siempre aquello de “cuanto más haces, más vales, cuanto más produces más estatus adquieres”. Tal vez, sea momento de reformular esa idea.

Si buscamos en un diccionario la palabra productividad, podemos encontrar definiciones como ‘la cantidad de producción que puede generar una persona en una determinada cantidad de tiempo y usando a su vez, un nivel puntual de esfuerzo o energía’. Esta idea es fácil de entender, sin embargo, en la vida real pocas palabras nos causan tantos quebraderos de cabeza y cuadros de ansiedad.

Uno puede levantarse al amanecer para cumplir con su jornada laboral e irse a la cama a altas horas de la madrugada tras haber realizado cientos de tareas. Sin embargo, aún así, puede tener la sensación de que ese día no ha sido nada productivo.¿La razón? A menudo, el no haber cumplido con lo que nos habíamos propuesto mentalmente nos genera sufrimiento.

La productividad no va de matemáticas, no va de hacer 100 ventas, conseguir 5 clientes nuevos o embalar 200 cajas por hora. En realidad, este término pertenece más bien al campo de las emociones y la subjetividad. Uno es realmente productivo cuando se siente bien con lo que consigue cada día; sea mucho o sea poco.

Mujer feliz y tranquila por su auténtica productividad

La auténtica productividad llega con la satisfacción personal

En el libro de Lewis Carroll Alicia a través del espejo encontramos un pasaje de lo más metafórico. Se trata de ese en que los habitantes del país de la Reina Roja están obligados a correr muy rápido solo para permanecer en el mismo punto. Así, quienes deseaban avanzar para poder llegar a algún lugar en concreto, debían correr a mayor velocidad que los demás.

Esta imagen asentó lo que se conoce como la hipótesis de la Reina Roja que nos permite entender que para sobrevivir en un escenario determinado, hay que invertir mayores recursos y energías que el resto para ser eficientes y garantizar así, nuestro éxito o avance.

En el tema de la productividad sucede algo parecido. No basta con hacer lo mismo que quienes nos rodean, hay que producir más, más rápido y con mayor calidad. Solo así se posiciona una empresa en el mercado y solo así, demuestra el trabajador su valía. No basta por tanto con estar ocupados, hay que estar «muy ocupados» para dar imagen de eficiencia absoluta.

Esta idea la interiorizamos de manera muy temprana y nos abocaba a creer que cuantas más horas le echáramos a ese trabajo, a esa ocupación, objetivo o tarea, más valiosos éramos y mejor imagen teníamos de nosotros mismos. Sin embargo, tarde o temprano lo descubríamos: estar siempre ocupados no da la felicidad, sino que nos inocula la insatisfacción y el sufrimiento en muchos casos.

La auténtica productividad no está en cuántas cosas haces sino en cómo te sientes

La auténtica productividad para un escritor no se mide en el número de páginas escritas en un día. Se trata más bien, de lo satisfecho que se sienta con aquello que ha escrito, sean 20 páginas o 5.

Las empresa no deberían medir tampoco su productividad en el número de horas trabajadas. A veces, no hace falta estar 10 horas en una oficina para alcanzar los objetivos, en ocasiones, basta con la mitad.

La psicología del trabajo sabe que para que el capital humano sea productivo, debe sentirse satisfecho. La motivación, el buen clima de trabajo, el compañerismo, la satisfacción y la valoración del empleado logran sacar lo mejor de la persona y mejoran de manera notable la productividad final.

Las emociones son esos tendones psíquicos que impulsan no solo el trabajo bien hecho sino también el deseo superarnos, de alcanzar mayores objetivos.

Hombre meditando al aire libre por el método Hakomi

A veces, no hacer nada también es ser productivo

En ocasiones, llegan momentos de nuestra vida en los que estamos obligados a parar, a bajar el ritmo. Sin embargo, nos encontramos tan habituados a llenar nuestro tiempo de tareas, de objetivos que alcanzar y de horarios que cumplir, que poner nuestra vida en pausa es todo un desafío e incluso un problema.

Lo es porque nos han hecho creer que estar ocupado es sinónimo de productividad. Nos han convencido de que el tiempo es oro y hay que aprovecharlo al máximo haciendo cosas (las que sean) durante al menos 25 horas al día. De pronto, cuando nuestra realidad entra en un estado de calma, cuando no se nos pide nada más que ser y estar, hay algo que parece fallar en nosotros. ¡No estamos siendo productivos!

Y sin embargo, lo podemos ser. Porque, a veces, no hacer nada es lo mejor que uno puede regalarse. Descansar, llevar una vida más pausada, curiosa, contemplativa y del color de la calma es terapéutico.

Darnos lo que merecemos cuando lo necesitamos, aunque nos cueste creerlo, es la auténtica productividad en ciertas épocas. Todo ello, puede revertir en nuestro bienestar físico y mental. Tengámoslo en cuenta.

“La felicidad no está en otro lugar sino en este lugar. No en otra hora sino en esta hora. Ni yo ni nadie más puede recorrer ese camino por ti”.

-Walt Whitman-