La casita de Vanistendael: resiliencia en construcción

04 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Girod de la Malla
Existen diferentes modelos que abordan el desarrollo de la resiliencia. Hoy os queremos presentar uno de los más sencillos y a la vez más útiles: el modelo de la casa de Vanistendael.

Seguramente ya conozcas el término “resiliencia”. Es la capacidad de algunas personas para superar situaciones adversas e incluso salir reforzado de ellas. Pero…, el resiliente, ¿nace o se hace? Todo apunta a que la resiliencia se puede trabajar. Por ello, el psicólogo Stefan Vanistendael diseñó un modelo de construcción de resiliencia llamado la casita de la resiliencia. Conozcamos más sobre él.

Vanistendael sistematizó las etapas pedagógicas de la construcción de la resiliencia a través de la metáfora de la casita. En ella se compara el proceso de construcción o desarrollo de la resiliencia con el proceso de construcción de una casa. Esta analogía permite  simplificar el proceso y que este sea fácilmente comprensible. Sin embargo, antes de entrar en la casita, vamos a conocer la visión de Stefan sobre la resiliencia.

Flor en la carretera

¿Qué es la resiliencia?

La resiliencia está de moda, lo que ha derivado en muchas y muy diferentes definiciones. La definición clásica, como mencionamos al inicio, hace alusión a la capacidad de superar adversidades y salir reforzado de ellas, transformándolas en oportunidades de desarrollo personal.

Vanistendael es una de las personas que más ha explorado el campo de la resiliencia y habla de ella como un proceso dinámico, una capacidad que se construye, pero no de manera lineal, sino con altos y bajos. Es decir, es una capacidad que es variable y que se desarrolla en, y con el entorno, durante toda la vida. Nunca está del todo completa ni del todo incompleta.

“La resiliencia no es un rebote, una cura total ni un regreso a un estado anterior sin heridas. Es la apertura hacia un nuevo crecimiento, una nueva etapa de la vida en la cual la cicatriz de la herida no desaparece, pero si se integra a esta nueva vida en otro nivel de profundidad”.

-Stefan Vanistendael-

La casita de Vanistendael

Como dice Vanistendael, la casita es una ayuda práctica para simplificar el trabajo y desarrollo de la resiliencia. No es el único modelo posible. En concreto, en el suyo otorga una serie de características a la casita, entre las que encontramos:

  • Permite entender de manera sencilla realidades complejas.
  • Las habitaciones de la casita son los aspectos generales de la resiliencia (los aplicables a distintas personas), mientras que la parte única e individual de la resiliencia de cada persona está representada por los muebles del interior de cada habitación.
  • Es un modelo flexible, facilita la comunicación y permite introducir cambios y mejoras durante el proceso para adaptarlo de la mejor manera a cada persona.
  • Permite poner el foco de atención en las fortalezas y potencialidades de cada persona, y no tanto en sus “traumas”.
  • La casita pretende ser una guía en el proceso y facilitará la visualización de nuestro estado, que zonas necesitan mejoras y qué zonas tenemos más desarrolladas.

Una de las comparaciones más importantes entre una casa y una persona resiliente, es que ninguna de las dos constituye una estructura rígida o inmodificable. Ambas han pasado por un proceso de construcción, han podido sufrir deterioro en determinadas épocas y han podido requerir reformas para mejorar su estructura.

Al igual que en una casa, las diferentes habitaciones y pisos están comunicados por escaleras, pasillos, ascensores… Los distintos elementos o factores de la resiliencia también se encuentran relacionados, siendo interdependientes y alimentándose los unos a los otros.

Como la construcción de una casa, la construcción de la resiliencia se empieza “por los pies”. Vamos a hacer un recorrido ordenado por los elementos que se van construyendo en una casa y sus análogos en la construcción de la resiliencia.

Construyendo la casita de Vanistendael

El suelo es el terreno sobre el que empezamos a construir, el elemento básico e imprescindible en toda construcción, incluida la de la resiliencia. Constituyen los mínimos necesarios para avanzar. Es la base de la pirámide de necesidades de Abraham Maslow: necesidades fisiológicas (sueño, comida y bebida, sexualidad…), vivienda, ropa, etc. Si tenemos un suelo estable y resistente, nuestra casa se mantendrá en pie conforme vayamos construyendo. Pero no basta con eso.

Los cimientos representan las redes sociales de cada persona y sus vínculos afectivos, y la formación de una red de apoyos. Son todas las relaciones que establecemos con el entorno: la familia, los amigos, el trabajo, nuestro barrio de residencia… Incluye sentirnos aceptados, queridos, respetados, valorados… y la propia aceptación personal.

En el primer piso se encuentra la capacidad para buscar (y dar) sentido a nuestras experiencias, y a nuestra vida en general. Consiste en ser capaces de responder a “para qué” nos pasan las cosas. Debemos ir más allá del “por qué”, porque no se trata solo de buscar la causa, sino de ver qué nos aporta una determinada situación, qué nos enseña, de qué manera nos puede hacer crecer…

En el segundo piso encontramos las habitaciones. Como explica Vanistendael, están la autoestima, las aptitudes personales y sociales, el sentido del humor – algo a lo que el autor otorga mucho valor -, y la capacidad de relativizar.

Por último, en la buhardilla o tejado está la apertura a nuevas experiencias. Una buena construcción va a permitir una mayor apertura a nuevas experiencias y el abandono de la zona de confort. Además es un espacio abierto para incorporar nuevos elementos que favorezcan el desarrollo de la resiliencia.

Niño dibujando la casita de casita de Vanistendael

La importancia de la resiliencia desde la infancia

Como hemos visto, la resiliencia se desarrolla a lo largo de la vida, siendo sensible a nuestras experiencias y nuestro entorno, además de a otros factores. Por lo tanto, es una capacidad que se puede -y se debe- entrenar desde la infancia.

Entrenar la resiliencia de los niños, en primer lugar, les ayuda a entender que las situaciones adversas son parte de la vida, pero que se puede salir reforzado de ellas y sacar algo positivo. Trabajarla es la mejor forma que tenemos de acercar a los niños a afrontar de manera constructiva los problemas y a crecer con bienestar psicológico.

A partir de cierta edad puede ser útil trabajar la resiliencia de los niños con la metáfora de la casita, ya que se puede hacer en forma de juego, ellos mismos pueden hacer el dibujo de su casita y se pueden hacer dinámicas de grupales en las que cada uno presente su casa al resto de sus compañeros. Esto permitirá, además de trabajar la resiliencia, fomentar el autoconocimiento y desarrollar otras aptitudes, como la asertividad o las habilidades sociales.