La ciencia del lenguaje tabú: tacos y palabrotas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 12 octubre, 2018
Sergio De Dios González · 13 octubre, 2018
Dentro de nuestro amplio lenguaje hay una parte oscura. Hablamos de los tacos o plabrotas. ¿Quieres saber cómo, pese a su mala prensa, nos pueden ayudar?

Los seres humanos contamos con una enorme capacidad para comunicarnos. No solo somos capaces de compartir significados comunes, sino que también contamos con un vocabulario y una gramática que nos permite ser precisos a la hora de trasmitir exactamente eso que queremos compartir. Además, podemos ayudarnos de la mímica o de las imágenes para complementar el lenguaje. Incluso, podemos conjugar el pasado, el presente y el futuro en un mismo discurso.

Pues bien, dentro del lenguaje hay una parte que podríamos denominar oscura. Hablamos de esas palabras malsonantes que en el hablar popular se conocen como tacos o palabrotas. En este sentido, parece que su utilización produciría una suerte de descarga emocional (efecto catártico) y que además esta descarga sería mucho más potente si la realizamos en nuestra lengua de cuna. 

Bocadillo con símbolos

¿Qué entendemos por tabú?

Tabú suena a prohibido. A algo que sucede pero que no forma parte de las conversaciones, en muchos casos por desconocimiento, en otros muchos por vergüenza o porque se considera algo impropio. Poco adecuado en el marco de una determinada cultura. Por eso no podemos hablar de tabús sin hablar del marco cultural en el que tienen esta naturaleza.

Así, el mundo occidental, los tacos o palabrotas están muy mal vistos. Estarían desterrados del lenguaje si pretendemos ser educados y amables. También estarían más asociados a un lenguaje más masculino que femenino. Por otro lado, su “mala prensa” estaría asociada en buena medida a que aludirían a una falta de control emocional. Muchos piensan que solo los utilizan aquellos que son incapaces de gestionar sus emociones de valencia positiva de un manera mucho más sofisticada.

Por otro lado, el uso de palabrotas sería sobre todo un tabú en las grandes ciudades, entendiendo que son propios de personas con menos cultura y más bruscas en el trato. Respondiendo así al estereotipo de hombre de campo, muy cultivado en el hacer y poco en la tarea intelectual. Pensemos que los tacos o palabrotas también se conocen como vulgarismos.

Un estereotipo que se tambalea si tenemos en cuenta que el uso de palabrotas no está asociado a la riqueza léxica de una persona. De hecho, en un estudio realizado por Jay y Jay (2015) se encontró que las personas con mayor facilidad para producir una lista de palabras con una característica común (Ej. Animales) también eran capaces de hacer una lista más extensa de palabrotas.

Efectos beneficiosos del lenguaje tabú

Precisamente, los efectos beneficiosos de las palabras mal sonantes tendrían que ver precisamente con la ruptura de la norma. Pero, ¿de qué beneficios hablamos? Stephens y col. (2010) realizaron un estudio muy curioso en este sentido. Dividieron a los voluntarios en dos grupos. A los dos grupos se les pidió que sumergieran las manos en agua helada y que intentaran aguantar lo máximo posible.

Los grupos se diferenciaron en una única variable: unos podían utilizar palabras malsonantes mientras que otros solamente podían utilizar palabras neutras. ¿os imagináis que pasó? Pues que el grupo que pudo decir palabrotas aguantó el doble de tiempo -sí, el doble- que el grupo control (palabras neutras). Además, añadir un apunte, parece que este efecto analgésico hay que utilizarlo con moderación (no aguantaron más quienes más palabrotas dijeron).

Este resultado sería consecuente con la hipótesis de que el efecto estaría relacionado con la ruptura de la norma. Así, romper muchas veces con la norma haría que esta empezara a ser menos norma y por lo tanto también menos excitante sería romper con ella.

Monigotes discutiendo

Otro de los datos que encajaría con la ruptura de la norma es que expresar palabrotas nos produce una mayor excitación, medida como respuesta galvánica de la piel, si lo hacemos en lengua materna. Encaja con la hipótesis porque se supone que la cultura materna al igual que la lengua materna es la que más tenemos interiorizada: el lugar donde se encontraría nuestra parte más “primitiva”.

Artículo de referencia
Cognitiva, C. (n.d.). Palabrotas, tacos y juramentos: La ciencia del lenguaje tabú | Ciencia Cognitiva. Retrieved October 12, 2018, from http://www.cienciacognitiva.org/?p=1703
Bibliografía Jay, K. L., y Jay, T. B. (2015). Taboo word fluency and knowledge of slurs and general pejoratives: Deconstructing the poverty-of-vocabulary myth. Language Sciences, 52, 251-259. Stephens, R., y Umland, C. (2011). Swearing as a response to pain: Effect of daily swearing frequency. Journal of Pain, 12, 1274–1281.