La clave para dejar de criticarte a ti mismo

Edith Sánchez·
10 Julio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
09 Julio, 2020
La autocrítica puede convertirse en un hábito muy destructivo. Un ancla que nos deje inmóviles e indefensos frente a nuestros miedos, que celebran cada a taque que hacemos sobre nosotros mismos, olvidándonos del cariño o la compasión.

Criticarte a ti mismo es saludable cuando equivale a un ejercicio de evaluación afectuoso, motivado por la intención de crecer y ser mejor. No siempre ocurre esto. A veces, esa voz crítica termina convirtiéndose en un enemigo al acecho, que vigila, señala y censura, la mayoría de las veces sin motivo real.

Lamentablemente son muchas las personas que se hacen acompañar por esa voz insidiosa, cuya función no es otra que la de dañar y destruir. Pese a ello, sigue ahí y a veces le das demasiado crédito; no dejas de criticarte a ti mismo, casi siempre con formas y por razones que no lo ameritan.

Lo malo es que a veces llegas a pensar que criticarte a ti mismo es un ejercicio válido, ya que esto te ayuda a corregir errores y te hace más humilde. Esto no es cierto. Ni tú, ni nadie, crece o evoluciona a punta de señalamientos descarnados. El crecimiento personal es fruto de la motivación, no del fustigamiento.

Temo a un solo enemigo que se llama, yo mismo”.

-Giovanni Papini-

Chico pensando y criticándose a sí mismo

Criticarte a ti mismo

La voz crítica a la que tanto hacemos caso no siempre habla inspirada en la realidad o la sabiduría. Te miras al espejo y comienza a parlotear; surgen ideas, como que estás horrible, que te pasaste de peso o eres un desastre.

Cada vez que cometes un error, ahí está para decirte lo tonto que has sido o lo mal que lo hiciste. También, cómo no, remarca los puntos en los que podían haber estado más acertado y termina por descalificarte. El resultado de toda esta crítica es dolor y decepción.

¿Qué pasa después de criticarte a ti mismo con esa severidad? Aparece el rechazo hacia lo que eres o haces. También sale de caza el germen del miedo: primero te limita y luego te detiene. Terminas sintiendo que mereces mucho menos de lo que tienes.

¿Autoestima?

Cuando te sientes miserable y estás convencido de que no sirves para nada, no falta el mensaje en el que te dicen que la solución está en incrementar tu autoestima. Sin embargo, ¿cómo aumentar el amor propio, si tu misma conciencia te está diciendo todo el tiempo que eres un fracaso?

Finalmente, apreciamos las cosas desde unas pautas y valores definidos. Tenemos parámetros para definir lo que es lindo, o inteligente, exitoso, etc. Y es precisamente desde esos parámetros que no cesas de criticarte a ti mismo, porque no te ajustas a lo que señalan. ¿Cómo entonces vas a sentir que te quieres más, de la noche a la mañana?

Muchas veces buscamos en la mente respuestas que están más bien en el corazón. En este caso, quizás lo más aconsejable no sea buscar razones para quererte más, sino adoptar una actitud que lo haga posible. Tampoco se trata simplemente de acallar la voz crítica, sino más bien de educarla.

La clave está en la compasión

La compasión auténtica escasea en el mundo y lo peor es que muchas veces no nos la prodigamos, ni siquiera a nosotros mismos. Quizás por eso, tampoco estamos en capacidad de ofrecérsela a otros. Prima la comparación descarnada y la idea de que cada persona vale en la medida en que sea superior a otros.

También se ha impuesto la idea de que el débil o lo débil debe ser perseguido sin tregua. De ahí nacen comportamientos abusivos como el acoso o el matoneo. La idea en este es hacer sentir inferior a quien ya es vulnerable por alguna razón. Se supone que esto genera la ilusión de poder y superioridad y que, en esa medida, compensa los propios sentimientos de inferioridad.

Predomina el criterio de que la realidad se mide en términos de los fuertes y los débiles; los superiores y los inferiores. Por eso la comparación es un ejercicio cotidiano. La idea es que alguien salga perdiendo y que ese alguien no seamos nosotros, pero en ese peligroso juego, tarde o temprano todo el mundo pierde.

Mujer dándose un abrazo

Mirarte con compasión

La vocecita crítica es una especie de matón que llevamos dentro. Su víctima somos nosotros mismos y terminamos autoejerciendo un acoso moral y emocional. No se necesita que alguien haga bullying, porque de eso nos encargamos nosotros mismos. ¿Te das cuenta de lo absurdo que termina siendo todo esto?

La compasión es la clave para salir de ese círculo vicioso fatal de estar criticándote a ti mismo. Mirarte compasivamente significa ser generoso, empático y paciente con lo que evalúas y ves, en lugar de aplicar juicios severos e indolentes.

En lugar de mirar en qué eres superior o inferior a los demás, piensa en lo que te hace igual a todos. Si dejas de criticarte no vas a volverte más haragán o mediocre; lo que vas a conseguir es una perspectiva más humana y amorosa hacia ti mismo. Esto también te ayudará a ser más tolerante con los demás y se convertirá en una fortaleza para ser mejor.

Gilbert, P. (2014). Terapia centrada en la compasión. Editorial Desclée de Brouwer.