La compasión abre el corazón y nos hace más felices

Adriana Reyes Zendrera · 12 mayo, 2017

La compasión es la habilidad que tenemos de comprender el sufrimiento del otro y que responde al deseo de aliviarlo y reducirlo. El concepto de compasión es más simple y a la vez más intenso que la propia empatía y nos invita a querer ayudar y mitigar el sufrimiento ajeno.

La auto-compasión, en cambio, nos aporta una actitud comprensiva con nosotros mismos, especialmente cuando las cosas no salen como esperamos. Aprender a desarrollar la compasión es una habilidad que nos puede ayudar a sentirnos más felices y satisfechos en nuestra vida diaria; sin abusar ni recrearnos en ella, por supuesto.

El psicólogo e investigador Paul Gilbert, creador de la terapia centrada en la compasión, señala que sentir compasión no quiere decir sentir lástima por los demás. Es más una motivación que nos da energía para ayudar a los demás, de manera que ellos mismos puedan aliviar su propio sufrimiento con nuestra ayuda. 

Los componentes de la compasión

La palabra compasión quiere decir literalmente “sufrir juntos” o “tratar con emociones desde la simpatía”. Es una emoción que nos surge cuando percibimos el sufrimiento de los demás y que nos provoca un impulso hacia disminuir el sufrimiento que vemos en los otros. La emoción de la compasión se divide en diferentes componentes:

  • Un componente cognitivo que engloba la atención y evaluación del sufrimiento ajeno, además del reconocimiento de nuestras capacidades para actuar frente al sufrimiento de los demás.
  • Un componente conductual que incluye el compromiso por parte de cada uno y la decisión firme de realizar acciones que ayuden a eliminar el sufrimiento.
  • Un componente emocional que nos impulse a actuar desde nuestras entrañas, generando reacciones emocionales que nos proporcionen satisfacción personal. Nuestro grado de bienestar psicológico depende en parte del tipo de relaciones que forjamos con los demás. Si tejemos relaciones con hilos de bondad y la compasión es más fácil que nos sintamos satisfechos con nuestras acciones.

Mano dando un corazón a otra como gesto de ayuda

La compasión nos abre el corazón

Esta emoción nos facilita conectar con nuestro corazón para ponernos en el lugar de los demás. Nos abre la puerta de las emociones, permitiéndonos sentir cómo los demás están viviendo lo que les duele o les hace sufrir.

La compasión, si es de verdad, nos ayuda a dejar de mirarnos el ombligo y empezar a alzar la vista para ver qué pasa a nuestro alrededor. Nos recuerda que no estamos solos en este mundo, que los demás también importan. Además, si la ayuda que brindamos es honesta, nos va a proporcionar una enorme paz interior.

El acto de la compasión nos acerca al otro, nos brinda la posibilidad de dar lo mejor de nosotros mismos para ayudar a los demás, con humildad y cercanía. Esto nos hace más humanos, sensibles y honestos con las personas que nos rodean, y por supuesto, con nosotros mismos. Cada vez que nos preocupamos por alguien que lo necesita, estamos agrandando el corazón y ofreciendo al otro una ayuda sincera.

El miedo a la compasión

¿Por qué cuando tenemos tantas oportunidades no las aprovechamos? No nos damos la oportunidad de actuar compasivamente porque nuestro foco no está en el lugar adecuado. La neurociencia social ha demostrado que nuestro impulso natural es ayudar. Estamos preparados para ofrecer  a nivel cerebral. ¿Entonces por qué a veces no ayudamos?

La emoción de compasión nos puede llevar a sentir miedo a actuar por diferentes causas, por ejemplo:

  • Pensar que ayudar a los demás a aliviar su sufrimiento nos pone en una situación de vulnerabilidad, y eso nos puede causar rechazo.
  • Ser incapaces de observar a los demás sufriendo, porque eso puede despertar emociones de tristeza que quizá no queremos sentir.
  • Revivir, a través del sentimiento de compasión, heridas de la infancia no resueltas, que nos impiden conectar con el sufrimiento ajeno.
  • Sentir que si conectamos con el sufrimiento ajeno, no vamos a poder salir de él.
  • Centrar nuestras atenciones en otras cosas, que percibimos como “más importantes”.

“El problema humano básico es la falta de compasión. Mientras este problema subsista, subsistirán los demás problemas. Si se resuelve, podemos esperar días más felices”

-Dalai Lama-

La autocompasión, la capacidad de aceptarnos tal y como somos

La autocompasión se construye al darnos cuenta de nuestro sufrimiento interno, pudiendo entender su significado, además de permitirnos aceptarlo y darnos cariño. Es una manera de fomentar una actitud amorosa hacia nosotros, cuando las cosas no salen como habíamos planeado.

“Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. 

-Gandhi-

Mujer con los ojos azules

La compasión nos invita a mirar la sociedad como fuerza de transformación, desde nuestro interior hacia el exterior. En vez de llenarnos de autocrítica y juicio, la autocompasión nos permite ser benevolentes y desarrollar un adulto amoroso en nuestro interior, que nos cuida y nos protege cada día.  El sufrimiento en vez de alejarnos de la humanidad, nos une a ella.

4 pasos para desarrollar la compasión

Si queremos percibir el sufrimiento ajeno y ejercitar la autocompasión va a ser necesario entrenar la manera de percibir el sufrimiento. Lo único que necesitamos es fijarnos, darnos cuenta, de que no estamos solos, que hay personas que necesitan ayuda. Es decir, no mirar para otro lado. Esto implica que al entrar en contacto con el sufrimiento ajeno podemos sentirnos desbordados por nuestras emociones. Esta será nuestra segunda tarea, aprender a gestionar las emociones que naces ne nosotros cuando actuamos guiados por la compasión.

Percibir el sufrimiento

Percibir el sufrimiento propio y ajeno es el primer paso para sentir compasión. Para ello vamos a tener que abrir nuestro corazón, así podremos entrar en contacto con nuestras emociones. Por ejemplo, si estamos por la calle y vemos que alguien está sufriendo pararnos un momento para poder percibir ese sufrimiento, en vez de pasar de largo, como si no fuera con nosotros.

Evaluar el sufrimiento ajeno

Es importante, practicar la mirada sin juicio, porque si no, la compasión no surgirá dentro nuestro. Tampoco aparecerá si no hemos hecho el paso previo de percibir el sufrimiento. Por ejemplo, si pensamos que la persona se merece su sufrimiento, entonces es posible que la compasión no aparezca.

Sentir plenamente la emoción

Abrirnos a la emoción significa permitirnos sentir todas las emociones, aunque a veces nos produzcan sufrimiento y un poco de malestar. Si nos dejamos llevar por la compasión, vamos a poder contactar con un sentimiento de bondad.

Por ejemplo, si vemos por la televisión una noticia que nos impacta, permitirnos llorar, y no bloquearlo. De esta forma vamos a poder sentirnos más libres cuando sentimos compasión.

Pasar a la acción 

Una vez podido percibir el sufrimiento ajeno, evaluar cuán grande es, y sentirlo sin censura, nos toca actuar para que no quede todo en un sentimiento interno. Por ejemplo, ponernos manos a la obra para intentar aliviar el sufrimiento de nuestro amigo o familiar, y darle ese apoyo emocional que tanto necesita.

Los efectos positivos de la compasión

Hay muchos efectos positivos para la sociedad y para nosotros mismos cuando podemos sentir la emoción de compasión. Para el Dalai Lama el poder de la compasión tiene la capacidad de:

  • Fomentar un tipo de educación que se centre en la empatía, la ética y el desarrollo personal.
  • Crear nuevos sistemas económicos que sean más justos para la sociedad
  • Reconocer que somos una única especie humana, donde no hay separación entre ellos/nosotros o superior/inferior.
  • Desarrollar el diálogo y comunicación en vez de la violencia.
  • Reducir la desigualdad social permitiendo más transparencia en todos los ámbitos.
  • Acabar con las diferencias culturales, además de los prejuicios y la corrupción.

Abrazo

Si incluimos la compasión en nuestra vida vamos a notar cambios significativos. Podemos probar a imaginarnos a alguien querido sufriendo y ver qué efectos provoca esto en nuestro cuerpo. Enviar a esta persona querida sentimientos de bondad y compasión. Ver qué cambia en nosotros al hacer este ejercicio. Luego probar de enviar buenos sentimientos con alguien que no nos caiga tan bien y comprobar qué pasa en nuestro cuerpo.

El mindfulness o atención plena nos ayuda a desarrollar esta compasión que luego podemos trasladar a los demás. Para desarrollar la compasión vamos a tener que generar un espacio mental, como si fuera nuestra consulta particular, en el que percibir el sufrimiento ajeno, para poder pasar a la acción. Así empezaremos poniendo nuestro granito de arena, contribuyendo a construir un mundo más justo y generoso.

El cambio de sociedad empieza por tratarnos mejor, practicar la empatía y la compasión hacia cada uno de nosotros, y luego hacia los demás. No hay excusas para no empezar hoy mismo. Cuanto antes empecemos a experimentar la compasión, mayor felicidad y bienestar vamos a poder sentir en nuestro día a día.