¡La educación tarea de todos! ¡enseñemos a pensar!

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 25 noviembre, 2015
José Manuel Landrove Ramos · 31 julio, 2013

 Educar es socializar, es incorporar a la cultura, es orientar. Educar para la sociedad y para la cultura es, a la vez, orientar para la vida e incorporar aprendizajes funcionales que estén en conexión con el entorno. Cada individuo viene a este mundo en una sociedad determinada e interioriza, “aprehende” la cultura de ese lugar. El ser humano, desde su más tierna infancia construye su propia identidad a partir de las experiencias y valoraciones que recibe de su medio social: padres, profesores, compañeros…  El concepto de sí tiene como contenido las representaciones, valoraciones y actitudes que cada uno tiene acerca de sí mismo. A la formación de esta identidad contribuyen las experiencias habidas en el entorno familiar. Esto es así por las características del niño cuando nace y por el tipo de relaciones que establece con los padres. Más adelante, la escuela le proporcionará al individuo un escenario nuevo con una organización social más amplia y compleja y con nuevas vivencias con adultos y con iguales.

Enseñar a convivir y crear habilidades sociales es una de las funciones esenciales de la escuela, que contribuye a la socialización de los alumnos. Educar es socializar. Una manera de enseñar a convivir es instruir en habilidades sociales. Las destrezas o habilidades sociales son modos de saber hacer en relación con los demás. La sociabilidad no es algo innato. Es algo que se aprende y esos aprendizajes pasan a ser considerados como destrezas ,  habilidades o capacidades sociales que la educación ha de contribuir a desarrollar. Mediante este proceso de socialización la persona va adquiriendo las pautas de conducta, normas y creencias dominantes en la sociedad y que son valoradas y aceptadas por ésta como tales. Es un proceso relacionado con el desarrollo de otras capacidades: inteligencia, afectividad, identidad personal. Los aspectos afectivos, sociales y cognoscitivos de la conducta son indisociables.

Saber desenviolverse en un medio social es muy importe para el desarrollo psíquico de la persona. Las capacidades sociales tienen que ver con las relaciones entre el niño y los adultos: padres y familiares, profesores, adultos en general, que constituirán para él una fuente de transmisión educativa, lingüística, cultural y social. Por otro lado, están las relaciones sociales entre los propios niños, en las que destacan los aspectos de cooperación y de relación en la igualdad.

La evaluación de la conducta social se hace por observación directa en las situaciones habituales. Por tanto, habrá que guiar al alumno  presentándole modelos explicando paso a paso como desarrolla su conducta; simular situaciones en las que los alumnos tengan que repetir el modelo;  proporcionar un adecuado ”feedback” sobre su propio comportamiento, ofreciéndole las sugerencias oportunas.

Este aprendizaje de estrategias generales alcanza su culmen en aprender a pensar y más aún, en aprender a aprender: una instrucción que puede y debe realizarse a través de las diferentes áreas. La capacidad de pensar es una habilidad compleja que no coincide con el conocimiento. Conocimiento y pensamiento son interdependientes entre sí, pero distintos. Pensamiento hábil sería la capacidad de aplicar el conocimiento eficazmente. La habilidad del pensamiento está sujeta a modificación y mejora con el entrenamiento. Un aprendizaje eficaz exige que estas habilidades y estrategias puedan ser transferidas y adaptadas a nuevas situaciones o problemas previamente no experimentados. Aprender a pensar contribuirá  a mejorar el desempeño intelectual en materias abstractas, y a elevar el rendimiento escolar y la competencia en situaciones sociales.

Por tanto, podríamos concluir que a veces los comportamientos humanos dependen tanto de que las personas quieran saber como de que quieran pensar. Los conocimientos previos con que afrontamos los aprendizajes y el contexto en que se realicen serán otros factores relevantes. Hemos de ser capaces de extrapolar conductas aprendidas a situaciones de la vida real, y sobre todo hemos de estar capacitados  para hacer inferencias a situaciones en las que no nos hayamos encontrado nunca, sabiendo resolverlas satisfactoriamente.
En definitiva, cualquier actividad encaminada a enseñar a pensar debe de preparar a las personas para:

a) Saber solucionar problemas, mediante la presentación de situaciones-problema, aplicando un modelo para su solución con varias fases: comprensión del problema, ideación de un plan, ejecución de ese plan y verificación de resultados.

b) Aprender a ser creativos, mediante estrategias que favorezcan el pensamiento creativo:  el análisis de supuestos, el torbellino de ideas…

c) Aplicar el razonamiento deductivo e inductivo, mediante la capacidad de razonar de acuerdo con los principios de la inferencia.

d) La metacognición, o sea, el conocimiento acerca del propio conocimiento, vinculado a estrategias del control del pensamiento. Las capacidades metacognitivas o de control cognitivo hacen posibles la planificación y regulación del empleo eficaz de los conocimientos, estrategias y recursos cognitivos de que dispone el sujeto. Habrá que favorecer que cada uno conozca mejor las propias capacidades y limitaciones.

Una variedad de los programas de  enseñar a pensar  son los programas de técnicas de estudio. Ahora bien,  las técnicas de estudio que hay que favorecer son las que predisponen para un aprendizaje mejor y más funcional, no las que preparan para los exámenes. Cabe resaltar las siguientes:


1. Técnicas o destrezas instrumentales básicas: 

son adecuadas para saber comprender y asimilar la información objeto de estudio:

–  Comprensión lectora, técnicas de subrayado, realización de resúmenes y esquemas, mapas conceptuales…
– Técnicas de recogida de información sobre un tema, uso de diccionarios, apuntes…
– Técnicas para mejorar la retención y el recuerdo.

2. Los factores motivacionales

Para aprender es necesario estar motivado. A veces se puede recurrir a una motivación extrínseca, ajena a la tarea misma, como son los premios o los castigos. Pero, lo ideal es conseguir una motivación intrínseca , es decir una motivación relativa a la propia tarea o actividad que entonces se realiza por sí misma, por su propio valor, y no por consecuencias que contingentemente puedan vincularse a su resultado.

3. Otras estrategias y circunstancias:

enseñar a los alumnos a planificar su tiempo de trabajo y a saber cuáles son las condiciones necesarias del ambiente de estudio:  lugar, luz, temperatura…

A pesar de todo lo expuesto, habrá que tener en cuenta las diferencias individuales y observar las características del pensador inhábil para localizar las funciones cognitivas deficientes y observar si se encuentra en la fase de entrada, elaboración o salida del pensamiento (procesamiento de información). El individuo debe ser objeto de una intervención específica para su corrección y mejora.  El supuesto es siempre que puede modificarse y mejorarse el funcionamiento de la inteligencia, pero evidentemente, es necesario identificar en que fase se dan las disfunciones para aplicar correctamente el procedimiento educativo que les aporte remedio.

La colaboración de padres, madres y profesores, el intercambio de información con ellos y su participación en la educación de los hijos son elementos básicos en la configuración de una verdadera comunidad educativa, dentro de la cual crecen y se desarrollan las generaciones de los más jóvenes. Es en el seno de esta comunidad donde tienen lugar los procesos más personalizados de la educación. Las tareas del profesorado conjuntamente con  los equipos de orientación tienen que ver con la personalización de la enseñanza y, además, el trabajo de cooperación con madres y padres es uno de los núcleos esenciales de la función docente y está en el corazón de  toda acción educativa.

La escuela es un lugar para la convivencia y un lugar donde se convive. El aprendizaje de la convivencia en la escuela se producirá no tanto por la instrucción explicita sino más bien por el modo en como en ella se convive. Comunicarse, cooperar, ser solidario, respetar las reglas… es algo que además de ser objeto de enseñanza ha de constituir el entramado de la vida escolar y de la función socializadora.