La empatía en las personas con autismo

09 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
¿Tienen empatía las personas que han recibido un diagnóstico de TEA? ¿Sería la empatía lo que explicaría sus dificultades para la interacción social en base a patrones de comunicación estándar? Veremos qué respuestas nos da la ciencia a estas preguntas.

Las personas con un trastorno del espectro autista (TEA) cargan con un estereotipo social asociado a la ausencia de sentimientos y preocupación por el otro. Esta pesada carga tiene mucho que ver con el debate abierto en la propia comunidad científica. Así, hoy queremos reflexionar sobre si realmente existe la empatía en las personas con autismo.

Cabe destacar que se han llegado a jerarquizar las dificultades en la socialización en personas con trastorno del espectro autista. Estas exploraciones se han hecho desde las primeras descripciones de Asperger y Kanner, pioneros en el estudio de este trastorno del desarrollo. Pero, ¿qué pensamiento prima en la actualidad?

¿Qué es la empatía?

Según la definición de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la empatía es ‘la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos’. Es decir, nuestra habilidad para ponernos en el lugar del otro, estando así en posición de prestar una ayuda de más valor o de mejorar la comunicación.

Desde la psicología, se precisa que la empatía cuenta con dos elementos: uno emocional y otro cognitivo. El primero consiste en ser capaces de conectar con el estado emocional de los demás asociado a las reacciones que lo causan; el segundo tiene que ver con comprender cómo piensa el otro. Entonces, una persona empática tendría una mayor facilidad para sintonizar con las emociones, los pensamientos y las conductas de los demás.

Personas agarrándose las manos

Trastornos del espectro autista (TEA)

Los TEA son trastornos del neurodesarollo en los que, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales (DSM V), se presentan déficits en la comunicación e interacción social de forma persistente. Se mostrarían en diferentes contextos como los siguientes:

  • Dificultades en la reciprocidad.
  • Déficit para desarrollar, mantener y comprender una relación.
  • Dificultad en la comunicación no verbal utilizada en la interacción social.

Estos pueden variar desde una interacción y ajuste a las relaciones y comunicación poco integrada hasta una ausencia total de: el interés por las personas, la comunicación no verbal y la comprensión de los gestos y expresiones.

Además, con frecuencia se manifiestan acompañados de patrones repetitivos y restringidos de actividades, conductas e intereses que se manifiestan en al menos dos de los síntomas a continuación:

  • Hiper o hiporreactividad a estímulos sensoriales o inusual interés en aspectos sensoriales del entorno.
  • Habla, movimientos o uso de objetos de forma repetitiva o estereotipada.
  • Intereses restringidos y fijos que son anormales respecto a la intensidad o centro de interés.
  • Adherencia a rutinas de forma excesiva, resistencia a los cambios o patrones de comportamiento ritualizados a nivel verbal y no verbal.

Ahora bien, para el diagnóstico, los síntomas deben estar presentes en la infancia temprana, limitar y alterar el funcionamiento diario, y no explicarse mejor por otro trastorno.

Además, se debe especificar si: se asocia con catatonia, un trastorno mental o del comportamiento, a una afección médica, genética o factor ambiental, si hay alteraciones del lenguaje y si existe discapacidad intelectual. También, es importante aclarar la severidad -grado en el que el trastorno afecta a la adaptación del paciente-.

Empatía en las personas con autismo

La empatía en las personas con TEA ha sido bastante investigada. Los déficits se han asociado sobre todo a la integración social. Se derivan de que la empatía, al ser un ingrediente esencial para la experiencia emocional y tener que ver con la respuesta afectiva, tendría una gran influencia en este sentido.

Entonces, al estar afectados relacionados directamente con la interacción social, se vería lastrada la posibilidad de conectar con el otro. La explicación más aceptada es aquella que se refiere a las bases neurológicas, relacionadas, sobre todo el sistema límbico, las neuronas espejo, y la ínsula, áreas esenciales para el aprendizaje y regulación emocional, reconocimiento facial y la imitación.

Teoría de la empatización-sistematización

Por otro lado, la teoría de la empatización y sistematización de Baron-Cohen propone que la empatía es deficitaria en algunos aspectos de las personas con TEA.

Así, la sistematización de objetos y eventos para comprenderlos y predecir conductas se relacionaría con las obsesiones y sistemas de conductas repetitivas. Aspectos que se vinculan con el cerebro social y analítico; el primero se asociaría con un declive en la empatía y el segundo con un hiperfuncionamiento analítico.

Mujer mirando por la ventana

El dolor y la empatía en las personas con autismo

En otro sentido, asociado a la empatía respecto al dolor, podemos ver que ante imágenes de otra persona sufriendo se activan nuestras áreas cerebrales asociadas a la empatía.

Una investigación en la que se quiso ver qué sucedía en personas con TEA arrojó resultados sorprendentes, pues al ver vídeos de personas sufriendo -mientras se registraba su actividad cerebral- no se observaron diferencias significativas entre los grupos estudiados: con TEA y sin él. ¡Increíble! ¿verdad?

Ahora bien, si se evidenciaron diferencias en las áreas que tienen que ver con la reevaluación cognitiva, lo que significa que en los TEA, la sensación de alerta emocional es más potente. Este fenómeno podría ser consecuencia de anomalías en las conexiones subcorticales, lo que llevaría a una compresión afectiva menor, acompañada de mayor regulación de las emociones. Aumento, que podría ser interpretado por los demás como una incapacidad o dificultad para conectar con el otro.

De este modo, la empatía en las personas con autismo continúa explorándose, pues para algunos existe y para otros no. Además, hablamos de un grupo muy heterogéneo, donde las diferencias individuales tienen un peso muy importante.

Por otro lado, la empatía tiene que ver tanto con la capacidad cognitiva de una persona de percibir como con la capacidad emocional de sentir el estado emocional de otra persona; aunque haya bases neurobiológicas y psicológicas que intenten comprender cómo funciona en personas con TEA, aún nos hacen falta más respuestas.

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