La felicidad se construye de pequeñas cosas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 29 junio, 2017
Valeria Sabater · 22 febrero, 2015

Puede que te sorprenda. Si buscamos en el diccionario de la RAE, la definición de la palabra “felicidad” nos dice que es un “estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien“. Obviamente nuestra admirada institución de la lengua no tiene por qué saber de psicología; está claro que una idea como esta viene a apoyar una vez más esa falsa imagen de que para conseguir la felicidad uno debe acumular cosas: casas, coches…

No podemos negar que las personas necesitamos esos bienes materiales para vivir, tener un trabajo y una retribución económica con los que disponer de un escalón básico para nuestra felicidad. Aunque debemos ser muy conscientes de que lo material no siempre cubre todas nuestras complejas necesidades como seres humanos.

Las personas tenemos aspiraciones, necesidades básicas como el amor, la superación, la satisfacción personal, el bienestar cotidiano, la tranquilidad, el equilibrio emocional, el alcanzar un sueño, el sentirnos realizados… Dimensiones invisibles que no siempre cubre un buen talonario.

Tal y como dice esa famosa frase, la felicidad no es un objetivo, sino un camino que hemos de construir día a día. ¿Estás de acuerdo?

Mujer en bicicleta sonriendo con felicidad

 

La felicidad se esconde en las pequeñas cosas

Estamos seguros de que conoces a más de una persona que diariamente te habla de sus proyectos como metas finales para conseguir su auténtica felicidad.

“Cuando logre mi ascenso podré comprarme la casa que quiero y ser feliz”. “Cuando encuentre a la persona adecuada podré ser verdaderamente feliz”. “Qué ganas tengo de hacer ese viaje para al menos, ser feliz durante al menos una semana”.

Si fijan su felicidad en un futuro más o menos cercano, ¿de qué modo están viviendo su presente? Es más, ¿desde cuándo puede planificarse la felicidad?

Es un error. Podemos poner como meta un objetivo, pero nunca nuestra propia felicidad. Vale la pena tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Lo que importa es nuestro “aquí y ahora”. El presente que vives es el que te define, el camino que estás transitando ahora y que mereces cruzar con felicidad, equilibrio y tranquilidad.
  • El futuro aún no existe. Puedes anclar en él metas personales o profesionales que motiven tu día a día, pero mientras llegas a ellos, intenta ser feliz. Que cada paso diario hasta esos objetivos, haya merecido la pena porque lo has hecho siendo feliz.
  • La felicidad no es algo que se encuentra de modo casual. Tampoco es una entidad momentánea y efímera. La felicidad se construye y se encuentra en las cosas más pequeñas, las más insignificantes.

La felicidad no tiene recetas mágicas

 

Pareja enamorada y feliz

Detén un momento tus pasos o esa mirada que tienes fijada en el futuro, y observa lo que tienes a tu alrededor:

Tienes familia, amigos que te hacen reír, tienes a alguien que te coge la mano para darte apoyo. Puedes escuchar la risa de tus hijos cada día, tienes salud, mascotas que te dan un amor incondicional. Dispones de tus instantes de privacidad para soñar, sientes el sol y el olor de los árboles, te levantas por las mañanas con ilusiones y disfrutas de la lectura de un buen libro o te emocionas con una buena película. Te sientes libre cuando andas, cuando corres bajo la lluvia… Todo eso, aunque no lo creas, también es felicidad.

No hay receta mágica para ser felices, hemos de tenerlo claro. También hemos de ser conscientes de que la felicidad no siempre es permanente. Hay curvas, caídas, pequeños y grandes agujeros negros que a veces nos arrastran y nos desintegran un poco por dentro.

No hay vida sin dolor y no hay medicina más efectiva que el sufrimiento para saber qué es la felicidad, de ahí que en ocasiones, lo que más debamos valorar es la calma, esa tranquilidad serena en que estar bien con los nuestros y con nosotros mismos.

La felicidad sencilla es la más gratificante, pero no todos saben o pueden verla.

En ocasiones, hay quien solo aspira a acumular cosas, a conseguir cosas e incluso a coleccionar personas… Pero su corazón sigue estando vacío. No importa el esfuerzo que haga, su felicidad siempre será efímera porque es incapaz de comprender el auténtico secreto de esta vida: vivir en calma, apreciar las cosas pequeñas y estar bien con uno mismo. Aprender a ser humilde y ser feliz con todo lo que nos rodea.