La fuerza del cambio está en tu interior

Raquel Lemos Rodríguez · 2 agosto, 2015

En ocasiones, la vida no está yendo por el sendero más positivo. Nos sentimos frustrados, desalentados, nada está bien y no sabemos cómo lograr que un cambio en esa situación.

Cuando nos sentimos tan perdidos, cuando la depresión o problemas peores nos abordan, acudir a un psicólogo es una opción. Pero, ¿qué nos garantiza que nos solucionará el problema?

“Nadie puede ponerle en una prisión psicológica, ya está en ella”

-Jiddu Krishnamurti-

Ir al psicólogo se convierte en nuestra vía de escape. Incluso a veces, acudimos porque pensamos que somos incapaces de lograr una solución por nosotros mismos. Pero, ¿estás seguro de ello?

Tú te conoces mejor que nadie

Hombre con pájaros alrededor pensando en un cambio
Cuando acudimos a un psicólogo, este tiene que conocernos primero. A menos que sea una persona conocida o alguien de nuestra propia familia, el psicólogo no sabe absolutamente nada de nosotros.

A pesar de esta primera sensación incómoda por tener que contarle todo a la persona desconocida que tenemos delante, esto puede ser terapéutico. Hablar de nosotros nos hará reflexionar sobre nuestra vida y recordar momentos que creíamos olvidados.

Todo esto será importante para solucionar los problemas que nos acaecen en este momento. Pero, a pesar de esto el psicólogo nunca llegará a conocerte tanto como te conoces tú mismo.

Es más, quizás te resistas a que esto suceda así. Son pocas las personas que lo saben todo de nosotros. Y seguramente, ¡se nos escape algo! Sentimientos, pensamientos, sueños… Es algo que vivimos solos y que no compartimos con nadie. Si estás pasando por un mal momento, tú mejor que nadie conocerás tus reacciones y los motivos.

“El que sabe conocerse a sí mismo es dueño de sí”

-Pierre de Ronsard-

Existen cosas que no queremos que nadie conozca. Quizás el problema que tenemos en este momento esté relacionado con alguna especie de culpabilidad que nos avergüenza. Tal vez, no le quieras contar esto a tu psicólogo. Un punto muy importante que afectará al éxito de la terapia.

Hay que ser totalmente sinceros, pero no hay mejor sinceridad que la que nos profesamos a nosotros mismos.

Positivismo, cambio y esfuerzo

¿Quién dijo que podría ser fácil? Cualquier cambio, todo lo que merece la pena, ¡cuesta! Lo primero que debemos pensar es siempre en positivo. Hay una situación negativa que nos está haciendo la vida muy difícil y complicada. Algo inesperado, que se escapa de nuestro control. ¿Qué hacer ante una situación como esta?

Mujer feliz al atardecer
Nuestra vida ha cambiado y con positivismo debemos intentar superar y cambiar esta situación por la que estamos pasando. Para ello, es necesario que seamos conscientes de lo que nos está pasando.

El psicólogo puede ayudarnos, pero nosotros tenemos que creer en el problema y querer superarlo. Si no es así, el psicólogo no podrá hacer nada por nosotros.

Imaginemos esta situación: una chica o un chico que sufre anorexia. En muchas ocasiones, la anorexia implica un problema más profundo. No comer no implica que se vea gorda, sino que es casi un tipo de “autolesión” ante algo que le duele.

La persona sabe que está delgada, pero intenta verse aún más delgada. Se está “machacando”, está sufriendo por algo mucho más complicado. Esta persona puede ir al psicólogo, puede incluso pedir ayuda por ella misma. Sabe que tiene un problema y solicita superarlo. Pero, ¿solo dejamos en manos del psicólogo todo esto? No.

Es la propia persona la que va a salir de su problema. El psicólogo es orientador. Alguien que nos aconseja, que logra que abramos los ojos y escojamos el mejor camino para el cambio. Solo la persona que tiene el problema deberá sacar las fuerzas necesarias para salir de él. Pues nadie más que ella tomará la iniciativa de poder cambiar.

“Un poco más de persistencia, un poco más de esfuerzo

y lo que parecía un fracaso sin esperanza puede convertirse en un glorioso éxito”

-Elbert Hubbard-

Como has visto, tú puedes llegar a ser tu mejor psicólogo. Estos pueden orientarnos, abrirnos los ojos, ayudarnos… Pero no harán milagros. La fuerza del cambio, el esfuerzo, recae solo en nosotros. Aunque es importante tener en cuenta que si nos vemos desbordados y desorientados, la ayuda de un psicólogo también es necesaria.