La gente que no tiene vida suele cuestionar la de los demás

Raquel Aldana · 22 septiembre, 2015
La gente que no se valora o que no dispone de un proyecto vital motivador, suele proyectar en ocasiones sus frustraciones sobre quienes le envuelven

Hay gente que tiene por costumbre valorar la vida, los logros y las decisiones de los demás. Esto ocurre a pesar de que nadie les haya pedido opinión, por lo que sus comentarios suelen albergar intenciones no demasiado buenas.

Aunque sepamos que esto ocurre y podamos detectar las críticas malintencionadas de los buenos comentarios, no siempre podemos evitar que nos afecten de alguna manera. Cuando la crítica y el menosprecio son continuos, lo que “duele” es nuestra autoestima.

En este sentido, hay veces que podemos ayudarles a ser conscientes de que están cometiendo cientos de errores insalvables al meterse en la vida de los demás, pero otras veces nos tenemos que alejar para poder salvaguardar nuestra propia salud emocional.

Así, algo que debemos tener claro sobre los perfiles caracterizados por la crítica y el juicio constante es que hay dimensiones ocultas que es necesario comprender. Quien hace uso del desprecio permanente carece sin duda de un buen autoconcepto. Su resentimiento no solo es dañino para los demás, también lo es para sí mismos.

Comprender esas dinámicas internas y saber manejarlos situando adecuados límites es una estrategia de salud y bienestar en la que debemos invertir.

Normalmente la gente que se mete en la vida de los demás es la que mayor conflicto emocional tiene en la suya propia, pues suelen cabalgar entre la baja autoestima, el rechazo y sus dificultades.

Bruja dándole la manzana roja a blancanieves simbolizando a la gente malvada

Lo que la gente piense de ti es su realidad, no la tuya

Probablemente en algún momento las opiniones y los juicios de los demás te hayan hecho cuestionarte cuál es tu realidad. Has podido llegar a pensar que vivías tapándote los ojos y que en realidad no eras nada consciente de la imagen que proyectabas dentro y fuera de ti mismo.

Tal y como nos explica Carl Rogers, máximo exponente de la psicología humanista, nada es tan necesario como saber quién somos. Reafirmarnos en nuestra identidad separándola de aquello que puedan proyectarnos o decirnos los demás es clave para poder situarnos en el mundo y reafirmarnos. Recuerda que los demás pueden conocer nuestro nombre, pero no nuestra historia, no han vivido en nuestra piel ni han calzado nuestros zapatos.

Piensa que si tú mismo tienes la sensación de desconocerte en alguna ocasión, los demás no pueden haber llegado a un lugar en el que ni siquiera tú has estado. Así, sé consciente de que sus palabras solo obedecen a una realidad ilusoria que su mente ha creado.

No esperes que los demás comprendan tu viaje, especialmente si nunca han tenido que recorrer tu camino.

Niña abrazando el tronco de un árbol simbolizando a la gente contenta

Pásale tus propios filtros a los juicios ajenos

Los filtros mentales nos ayudan a clarificar qué es importante. Tienen que ver a su vez con las diferentes formas en que interpretamos nuestra realidad y el significado que le damos a lo que nos rodea. Aún más, si no somos capaces de llevar a cabo este ajuste de la percepción, dejaremos pasar por esos filtros ideas poco saludables para la propia identidad y autoestima.

Es más, estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Western de Ontario, nos explican que quien no aplica de forma adecuada esas barreras mentales, puede empezar a dejarse llevar por pensamientos negativos y limitantes. Caer en estas dinámicas mentales donde focalizarnos solo en lo que nos dice la gente, nos hace más vulnerables a depresiones o trastornos de ansiedad.

“El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa y le dice:

-Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia…

-¡Espera! -le interrumpe el filósofo-. ¿Hiciste pasar por los tres filtros lo que vas a contarme?.

¿Los tres filtros? -preguntó su discípulo.

-Sí, el primero es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

-No. Lo oí comentar a unos vecinos.

-Al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

-No, en realidad no. Al contrario…

-¡Ah, vaya! El último filtro es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

-A decir verdad, no.

-Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Somos nosotros los que le damos validez a las palabras y acciones de los demás. Por eso, es importante que filtremos la información que realmente es constructiva y la separemos de la destructiva.

Así, pasándole los filtros de la verdad, la bondad y la necesidad nos quedaremos con aquello que merezca realmente la alegría y no la pena. Solo cuando dejamos de vivir conforme a lo que los demás esperan o piensan de nosotros, logramos sentirnos bien.

Caras sonrientes de color amarillo simbolizando a la gente contenta

Rodéate de personas que te ayuden, no que te anulen

Rodéate de aquella gente que te suma y evita a aquella que te resta. No permitas que te anulen con críticas, comentarios o valoraciones que no tienen como fin ayudarte. Deshazte de aquellas palabras que pretendan anular tus capacidades o truncar tus sueños y aspiraciones.

Acércate a la gente de mirada sincera, pues son las que comprenderán y respetarán quién eres y lo que sientes. Las personas en las que te puedes apoyar son aquellas que te ofrecen una paz sin ruido, sin distorsiones y sin segundas intenciones.

En definitiva, procura no hacer caso de la ironía malévola y trabaja por construir un lugar en tu mundo que esté lejos del chantaje emocional, de la destrucción y de la toxicidad que caracterizan a ciertas personas y ambientes.

No te olvides de que las personas más infelices de este mundo son aquellas que se preocupan demasiado por lo que piensan los demás.