La huella molecular del estrés

18 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
¿Sabías que el estrés puede modificar tu ADN hasta el punto de que tus nietos tengan disposición a ciertas enfermedades? Es lo que se llama la huella molecular del estrés. Aquí te contamos más.

Gracias a la epigenética, la disciplina que estudia los cambios en el genoma producidos por factores ambientales y que son hereditarios, sabemos que hay ciertas experiencias vitales que cambian nuestro código genético. Uno de esos factores que se está estudiando y que cambia la información predisponiendo para determinadas enfermedades es la huella molecular del estrés.

El estrés es una sensación de tensión física y mental que, si bien tiene un papel adaptativo fundamental pues pone al cuerpo en alerta, puede ser muy dañino para la salud. Cuando estamos estresados aumentan los niveles de adrenalina y de cortisol, los cuales en un estado de sobreexposición alteran la respuesta del sistema inmune, del sistema digestivo y otros procesos de crecimiento.

Así pues, investigadores de todo el mundo están estudiando si esas alteraciones se registran de alguna forma en nuestra información genética, modificándola y pudiendo transmitirse a los descendientes.

La huella molecular del estrés

Para investigar la huella molecular del estrés, un equipo de la Escuela de Medicina de la Universidad Tufts (EMUT), estudió qué sucedía en una línea sucesoria de una generación. Así, encontraron que tanto hijos como nietos presentaron síntomas relacionados con el estrés que había sufrido su antecesor.

Por otro lado, también se ha estudiado el efecto que tiene el estrés postraumático, especialmente en mujeres embarazadas y sus hijos. En este sentido, se ha visto que la violencia experimentada durante el embarazo provoca que el ADN de los bebés tenga una actividad genómica distinta. Esto se denomina metilación y consiste en que el genoma reacciona al entorno activando o desactivando algunos genes.

Este proceso es un mecanismo evolutivo que facilita la adaptación del entorno, por lo tanto, se puede interpretar que la información genética del sucesor cambia como una respuesta de adaptación, pudiendo dar lugar a hijos/as más temerosos o agresivos.

Herencia genética

Bien es sabido que los genes y el ambiente interaccionan de forma bidireccional. Así, un factor genético puede proteger frente a adversidades del entorno, mientras que un factor ambiental puede afectar a un rasgo genético predisponiendo a una enfermedad.

Como se comentaba anteriormente, se ha encontrado que el estrés puede cambiar el funcionamiento del genoma e incluso transmitirse de generación en generación. Entre esos aspectos a los que puede afectar el estrés mediante el genoma, están la longevidad y el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Longevidad

Un estudio llevado a cabo por la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana y el Instituto de Investigación Scripps identificó una serie de genes que pueden alterar la respuesta al estrés y los efectos en el estado de ánimo.

Es decir, encontraron que las personas que habían padecido de un estrés significativo o de trastornos del estado de ánimo, mostraban un cambio en los niveles de expresión del gen ANK3, relacionado con el envejecimiento prematuro y reducción de la longevidad.

Enfermedades cardiovasculares

Otro estudio, liderado por la Universidad Duke, analizó la interacción de los genes con el ambiente en relación con las enfermedades cardiovasculares. En él identificaron una variante genética que aumenta la susceptibilidad de los portadores padecer una enfermedad cardiovascular, así como diabetes y obesidad.

Curiosamente, el estrés está relacionado con estas condiciones médicas, pero, además, según este estudio, esta predisposición podría portarse genéticamente. En concreto, quienes tienen unos polimorfismos concretos en el gen EBF1 presentan mayor riesgo. Y es que este gen tiene un papel fundamental en el desarrollo del sistema inmune.

En definitiva, la huella molecular del estrés no solo puede determinar el riesgo propio a padecer una enfermedad en el futuro, sino que además es transmisible y podría influir en la susceptibilidad de nuestros descendientes. Por ello, y por paliar sus efectos a corto plazo, es importante conocer e interiorizar herramientas que ayuden a gestionar el estrés.