Trastorno de estrés postraumático: desarrollo y tratamientos

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Alicia Escaño Hidalgo
· 3 abril, 2019
En este artículo os presentamos el trastorno de estrés postraumático, una explicación de su desarrollo y las intervenciones que mejores resultados obtienen en la actualidad.

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) surge en algunas personas que han estado expuestas a acontecimientos muy estresantes y, a la vez, catastróficos. Estos hechos desencadenantes puede consistir en la muerte de algún ser querido en circunstancias traumáticas, lesiones graves, violencia sexual, etc., ya sea de forma real o como una amenaza.

Suelen identificarse la presencia de elementos intrusivos en el foco de consciencia, como recuerdos angustiosos recurrentes e involuntarios del suceso traumático, sueños angustiosos o pesadillas, reacciones disociativas, como amnesia para lo ocurrido, o reacciones de malestar desproporcionadas al encontrarse con algún elemento que recuerde al trauma.

Una vez que la persona ha sido expuesta al trauma, es normal que empiece a desarrollar la sintomatología típica de este cuadro.

Por otro lado, los pacientes que sufren TEPT desarrollan una evitación muy marcada de los estímulos asociados al trauma. Pueden intentar a toda costa evitar recordar el hecho, contárselo a otra persona o acercarse a personas, lugares u objetos que puedan ser susceptibles de provocar la reexperimentación del hecho.

Hay presencia de alteraciones cognitivas y del estado de ánimo, como la incapacidad para recordar un aspecto importante del suceso, creencias negativas sobre uno mismo, los demás o el mundo, sentimiento de desapego o incapacidad para experimentar emociones positivas. No es extraño encontrar un comportamiento irritable y arrebatos de furia, una culpabilidad o vergüenza muy intensa e incluso hipervigilancia, problemas de sueño o concentración.

DSM5 además nos recalca que la duración de la alteración debe ser superior a un mes ya que por el contrario estaríamos ante un cuadro de estrés agudo (TEA).

Mujer triste con crisis existencial

¿Cómo se desarrolla el trastorno de estrés postraumático?

Experimentar un trauma no es simplemente tener que exponerse a una situación complicada y afrontarla. Los traumas desbordan los recursos psicológicos de la persona. Su cerebro, su alma y su ser no pueden procesar ni asumir tanto dolor, de forma tan intensa y tan fugaz y, por lo tanto, desarrollan el TEPT como mecanismo de protección hacia futuras amenazas.

No todas las personas que experimentan un trauma generan esta sintomatología posteriormente, pero aun así, la prevalencia puede llegar al 58% en población de riesgo.

En el caso de violación, la prevalencia suele ser del 50% o más y más aun si la persona agresora es alguien conocido para la víctima. Esto ocurre porque el hecho de ser alguien conocido provoca mayor inseguridad en la persona al pensar que «en ningún sitio y con nadie se está a salvo».

Desde las teorías del aprendizaje, los sentimientos extremos que el sujeto sufre durante el suceso traumático permiten predecir por medio de condicionamiento cómo se desarrollarán los problemas futuros que el paciente pueda tener. Es por esta razón que, posteriormente, el simple hecho de contar el suceso a un amigo o a un terapeuta hace las funciones de estímulo condicionado – es decir, se asocia el propio hecho- y puede provocar de nuevo la sintomatología tan desagradable.

Para entender la re-experimentación que suele ocurrir en estos pacientes -por ejemplo, en forma de flashbacks, Foa y Kozak hablan de una red de miedos tras la exposición al trauma, que es reactivada una y otra vez ante múltiples estímulos, por lo que el sujeto comienza a desarrollar estrategias de evitación que se perpetúan por procesos de reforzamiento negativo– la persona siente un alivio tremendo cuando huye de algo que le recuerde al trauma-.

Tratamientos eficaces en el trastorno de estrés postraumático

Al hablar de los modelos que explican el desarrollo del TEPT, podemos sacar en claro que el hecho de evitar hablar del evento traumático o de tomar contacto con estímulos que nos recuerden al mismo, supone un alivio momentáneo para el paciente. Pero este alivio tiene las «patas muy cortas«, pues no permite el reprocesamiento emocional, tan necesario para la curación de este desorden.

Por ello, la terapia de exposición es el tratamiento de elección y la que posee un mayor apoyo empírico según los últimos estudios (Cahill, Rothbaum, Resick y Follette, 2009). La clave de la exposición que se lleva a cabo en el TEPT es que esta sea repetida y prolongada a todo aquello relacionado con el trauma.

Las modalidades pueden ser muy variadas: en vivo a los desencadenantes que están siendo evitados. Un paciente, por ejemplo, puede exponerse de forma repetida a la ropa que llevaba el día del suceso: mirarla, tocarla, olerla, hasta que su activación descienda.

También se realiza en imaginación, evidentemente porque el acontecimiento forma parte del pasado. En este sentido, es conveniente que el paciente evoque de forma deliberada el recuerdo doloroso o bien lo escriba, lo relate o lo escuche en una grabación. La terapia de exposición se ha mostrado sumamente eficaz, sobre todo para pacientes adultos con trauma simple. 

En segundo lugar, se ha comprobado que la terapia cognitiva también es eficaz en pacientes con TEPT. Su objetivo es modificar, utilizando herramientas como el diálogo socrático, las creencias y pensamientos irracionales sobre el trauma – creer que se tiene la culpa de haber sido violada, por ejemplo-.

La terapia cognitiva se dirige al significado que el trauma y sus secuelas posee para el paciente. Se trabajan también los conceptos de seguridad y peligro, así como la confianza hacia la vida y el resto de personas, que tras el trauma queda muy dañada.

En la terapia cognitiva, trabajamos con los pacientes sobre todo las emociones de vergüenza y culpa, las cuales son muy frecuentes en esta población clínica y a menudo suponen un obstáculo para la superación del suceso traumático, al mismo tiempo que actúan como una especie de señuelo para devolver el recuerdo de la experiencia traumática al foco de conciencia.

Psicólogo con paciente

TPC de Resick y Schnicke

Existe una modalidad de terapia cognitiva que está dando muy buenos resultados. Es la terapia de procesamiento cognitivo de Resick y Schnicke. Esta terapia integra aspectos de la terapia cognitiva con la teoría del procesamiento de la información. Se centra en redirigir la atención del paciente al presente, en las emociones secundarias y pensamientos distorsionados y se dirige a síntomas secundarios como la salud, la culpa o la baja calidad de vida.

Reta los significados del trauma en cinco áreas, que son aquellas en las que los pacientes suelen tener más dificultades: seguridad, confianza, poder o control, autoestima e intimidad y implicaciones en la vida.

Se realiza una exposición, describiendo la experiencia de forma detallada y luego leyéndola. El paciente puede elegir la profundidad de la exposición a su trauma al haberse visto que esto no afecta a la mejoría de forma significativa.

Existen muchos otros tratamientos usados en el TEPT que también resultan eficaces, pero en este artículo hemos querido señalar los que a nivel científico encuentran mayor validez. No podemos dejar, de todos modos, de señalar el EMDR, desarrollada por Shapiro como técnica específica para el trauma, la terapia dialéctica o el entrenamiento en inoculación al estrés que se ha visto eficaz cuando los pacientes tienen un alto componente de ira.

  • Belloch, A., Sandín, B. y Ramos, F (2008). Manual de psicopatología. Volúmenes I y II. McGraw-Hill.Madrid
  • American Psychiatric Association (APA) (2014): Manual de Diagnóstico y Estadísitico de los Trastornos Mentales, DSM5. Editorial Médica Panamericana. Madrid.
  • Vallejo, P, M.A. (2016). Manual de Terapia de Conducta. Editorial Dykinson-Psicología. Tomo I.