La inteligencia emocional no te hará más feliz, pero vivirás mejor

15 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
La felicidad viene y va. La importancia de la inteligencia emocional reside en darnos herramientas para movernos tanto en días difíciles como en momentos de calma. Porque lo realmente esencial es sentirnos bien con nosotros mismos. Descubre cómo lograrlo.
 

La inteligencia emocional no te hará más feliz, no conseguirá que la adversidad no llame a tu puerta o que las dificultades te preocupen menos. A pesar de que en ocasiones intenten vendernos la idea de que con esta competencia alcanzaremos el éxito profesional y personal erigiendo el tipo de vida que deseamos, todos estos eslóganes tienen importantes matices.

Daniel Goleman lo dejó claro en los años 90 con su famoso libro Inteligencia Emocional: esta área solo tiene un propósito y no es otro que traer inteligencia a las emociones. Esa es la auténtica clave, habilitarnos como personas más hábiles en esta dimensión para desenvolvernos mejor en la convivencia con los demás y aprender a regular nuestro comportamiento sabiendo qué necesitamos y cómo responder ante esas necesidades.

Esa es la meta y esa, a su vez, la auténtica magia. Porque, en realidad, algo a lo que deberíamos aspirar en nuestro día a día no es a la felicidad absoluta, a ese estado de alegría y satisfacción permanente. Nuestra realidad ya es lo bastante compleja, incierta y cambiante para que ese clímax absoluto sea algo realmente duradero.

 

Lo que deberíamos anhelar es estar bien con nosotros mismos, sentir que aunque lleguen las dificultades tenemos recursos psicológicos para manejarlas. Es también entender que las relaciones humanas son complicadas y que, en ocasiones, traen sufrimientos. Pero con inteligencia emocional manejaremos mucho mejor esas situaciones para no quedar atascados y facilitar una mejor convivencia.

Conozcamos más datos al respecto.

Cerebro con corazón representando que la inteligencia emocional no te hará más feliz

La inteligencia emocional no te hará más feliz, pero te sentirás más competente

La falta de inteligencia emocional es algo común. La vemos en esos adultos que no saben llevar una conversación en la que escuchar, respetar y expresar necesidades e ideas con claridad y sin perder los papeles. La observamos también en nuestros trabajos, en esos directivos que no cuidan del clima emocional de sus trabajadores e imponen un liderazgo agresivo.

 

Es más, también apreciamos esa carencia en padres y madres que no saben educar a sus hijos en dicha competencia. Invalidan las emociones de sus niños con el clásico «no llores, no te pongas así por eso porque es una tontería» o «ya eres mayor para estas rabietas, así que ahí te quedas hasta que se te pase».

Educar en inteligencia emocional es reconocer que detrás de cada conducta hay una emoción. Por tanto, la finalidad de todo progenitor será desarrollar esa madurez emocional y esa autoconciencia desde edades bien tempranas. Sin embargo, llevamos décadas viendo estas carencias y aunque a nivel educativo y en las escuelas ya se aprecia un cambio, aún tenemos mucho por hacer, corregir y promover.

Por ello, es necesario a su vez, clarificar algunas ideas.

Ser emocionalmente inteligente no es un don, es una cualidad que se trabaja

La inteligencia emocional no te hará más feliz, no hará que seas el primero de la clase o el líder absoluto en tu trabajo soñado. No estamos hablando de un don con el que uno pueda catapultarse de manera directa hacia el éxito. Estamos ante una cualidad que nos permite asentar las bases para una realidad más satisfactoria y hábil.

 

Comprender, usar, regular y manejar nuestras emociones permite, por ejemplo, lidiar mucho mejor con el estrés.

Regular nuestros sentimientos, entender su mensaje y hacer de la empatía ese anclaje para comprender a los demás, armoniza nuestras relaciones y nos permite sentirnos más seguros a la hora de interactuar.

Todo ello son cualidades de vida, herramientas para el bienestar y recursos para afrontar la adversidad. Al fin y al cabo, la felicidad viene y va. Lo que necesitamos en realidad son mecanismos para movernos con presteza entre los días difíciles y recursos para sacar partido de los días de calma.

Todo ello nos permitirá sentirnos autorrealizados y satisfechos con nosotros mismos en cualquier circunstancia, fácil o complicada.

Mujer buscando un camino pensando que la inteligencia emocional no te hará más feliz
 

La inteligencia emocional no te hará más feliz, pero asentará las bases

La inteligencia emocional no te hará más feliz, pero pondrá los nutrientes psicológicos para que lo consigas. Esto es lo que nos demuestran, por ejemplo, en un interesante estudio llevado a cabo en el 2007 en la Universidad de Oxford por el doctor Alex Furnham. Según este trabajo la inteligencia emocional asienta las bases para que nos percibamos como personas más satisfechas con nosotras mismas.

Sin embargo, hay un elemento fundamental y es que la felicidad es un área multidimensional. En ella se integran aspectos como nuestras relaciones afectivas y sociales, haber alcanzado ciertas metas, vivir acorde a nuestros valores, tener un día a día en el que no sintamos miedo o angustia y sentirnos realizados, entre otros.

La inteligencia emocional no es la respuesta a todo, pero impulsa y ayuda a alcanzar muchos de estos aspectos. Es más, esta cualidad por sí misma no va a evitar que nos lleguen las pérdidas, las decepciones, los fracasos… La infelicidad también forma parte de la vida y debemos aceptarla sabiendo que no es permanente.

 

La inteligencia emocional nos ayudará a manejar esos estados para que podamos pasar a etapas de aceptación, a esos ciclos en los que aunque la felicidad no es absoluta, todo duele menos y nos permitimos darnos nuevas oportunidades. Ese es el secreto.

 
  • Furnham, A., & Christoforou, I. (2007). Personality traits, emotional intelligence, and multiple happiness. North American Journal of Psychology9(3), 439–462.