La malformación facial y sus inesperados efectos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 6 julio, 2018
Edith Sánchez · 6 julio, 2018

La malformación facial o las cicatrices en el rostro pueden producir un fuerte impacto psicológico. Recordemos que, aunque la cara no es la identidad como tal, sí constituye su principal símbolo. Por lo tanto, la conformación del rostro tiene un efecto tanto en la conformación de la identidad individual como en la identidad social.

Reconocemos a otras personas no por sus manos, sus piernas o el contorno de su figura. Sabemos que alguien es alguien al ver su cara. En las sociedades occidentales, la malformación facial, las cicatrices o los surcos muy pronunciados suelen interpretarse como defectos y causar rechazo.

Dependiendo del contexto, el efecto de las malformaciones faciales y las marcas en el rostro puede ir de moderado a severo. A veces su incidencia es menor, pero en otras su influencia sobre el estado emocional de la persona es muy grande, sobre todo cuando esas huellas están ahí desde edades tempranas o en entornos en lo que se valora mucho la apariencia física.

Las cicatrices son sitios por donde el alma ha intentado marcharse y ha sido obligada a volver, ha sido encerrada, cosida dentro”.

-J. M. Coetzee-

La malformación facial y la interacción

Las personas con diferencias físicas visibles suelen establecer una interacción particular con el mundo. Un estudio detectó que muchas personas reaccionan tomando distancia o apartando la mirada cuando están frente a alguien con malformación facial o marcas en el rostro. Un pequeño gesto que, sin embargo, tiene gran impacto. Es una forma de rechazo sutil a la que alguien con esas huellas en el rostro tiene que enfrentarse una y otra vez.

El otro aspecto es que quienes tienen esas marcas en el rostro reciben una atención no deseada en los espacios públicos. Alguien con una cara común no tiene constantemente esa atención de los extraños que se encuentra en la calle. En cambio, cuando hay malformación facial o marcas en el rostro, son muchos los desconocidos que fijan su atención en ellas. A veces, incluso llegan a hacer comentarios al respecto.

De este modo, quienes tienen este tipo de problemas deben soportar constantemente una intrusión de los demás en su fuero interno, en su privacidad. Básicamente es como si no tuvieran el derecho a ir por ahí, siendo un anónimo más. Todo el tiempo son objeto de miradas que les cuestionan, que señalan.

mujer con malformación facial

La marca y el destino

Lo que uno mira cuando le habla a otra persona es su rostro. Consciente o inconscientemente, ese rostro remite a ciertos significados y simbolismos. Se sabe, por ejemplo, que en Ecuador una familia rechazó a su propia hija porque nació con una gran mancha de color púrpura en la cara. Lo asumieron como un signo de infortunio, asociado a determinadas creencias supersticiones. Esto hizo que la abandonaran.

Muchas personas hacen ese tipo de asociaciones arbitrarias. Un rostro marcado es frecuentemente relacionado con una realidad simbólica subyacente. Es “lo feo”, o “lo malo”, o “lo siniestro”. De ahí que un estudio llevado a cabo en Europa, en 2008, detectara que hasta el 56% de las personas con marcas en el rostro tenían signos de depresión.

Sorpresivamente, otro estudio realizado en Reino Unido reveló que los adolescentes con paladar hendido o afecciones craneoencefálicas de nacimiento, mostraban un grado mayor de autoaceptación que otros con un rostro común. El estudio no expuso las razones por las cuales ocurría esto.

chico que se cubre el rostro por su malformación facial

El camino de la autoaceptación

Una persona con malformación facial, con cicatrices de acné o por un traumatismo o con marcas de otro tipo en el rostro no la tiene fácil en la vida. Es usual que estas condiciones conduzcan al aislamiento, al sentimiento de vergüenza frente a uno mismo y a la limitación de actividades. En la investigación de 2008 se observó que la mitad de la muestra tenía problemas de autoestima, el 21% experimentaba ansiedad y el 26% sentía enojo y frustración con la vida.

Como en tantas otras realidades difíciles de la vida, la de la malformación facial y las marcas en el rostro también se puede abordar, elaborar y superar. El trabajo tiene que estar orientado hacia la autoaceptación, aún en contravía de la aceptación de otros. No es un proceso que esté exento de sufrimiento y de altibajos, pero se puede lograr.

chica con malformación facial

Una persona con diferencias visibles en su rostro, en caso de necesitarlo, debe contar con ayuda psicológica para trabajar su autoaceptación y su autoestima. Con un apoyo adecuado, logrará poner la marca en el lugar que le corresponde: el de un accidente, un azar. En este sentido, los estudios nos dicen que quienes se enfrentan a grandes desafíos y los superan, tienen, en general, mayor sabiduría y mejores recursos para construir una vida digna de ejemplo.