La mente silenciosa: claves del pensamiento relajado

La mente silenciosa: claves del pensamiento relajado

Valeria Sabater 19 diciembre, 2017 en Procesos psicológicos básicos 0 compartidos
mujer sentada en el campo practicando la mente silenciosa

La mente silenciosa no tiene pesos, es diáfana, es libre y luminosa como la superficie del mar. En ella se disuelven al instante los egoísmos, las presiones externas se apagan y hasta esos remolinos internos cargados de obsesiones y pensamientos negativos pierden intensidad. Nada puede ser tan saludable como poner en práctica ese pensamiento relajado donde hallar calma en medio del caos.

Gordon Hempton, un conocido ecólogo acústico, nos dice que el silencio es una “especie” en peligro de extinción. Es más, según este experto de la naturaleza, del sonido y el bienestar, el silencio y la quietud son vitales para nuestra supervivencia. Puede que esta última afirmación nos parezca algo desmesurada, pero en realidad, tiene una validez y una trascendencia evidente.

El ser humano está perdiendo la capacidad de escuchar. Y no nos referimos solo a la habilidad de ser receptivos a lo que nuestro entorno nos dice, nos comunica o nos evoca desde los más complejos y afinados estímulos. Las personas apenas nos escuchamos ya a nosotras mismas. El silencio, según el profesor Gordon Hempton, nos obliga a estar presentes y a ser honestos. Es un modo de desnudar el alma, de descalzar la mente y de abrir el corazón para reencontrarnos con nosotros mismos de forma auténtica.

Así, podríamos decir casi sin equivocarnos que tener una mente silenciosa es un modo de ensanchar espacios internos para conectar con lo que nos envuelve y con aquello que somos. Es un modo de revelación donde invertir en salud y bienestar, una práctica que todos deberíamos aplicar en nuestro día a día.

Chica rodeada de pelotas en el aire practicando la mente silenciosa

Nuestra mente es la principal fuente de agotamiento

Admitámoslo, en ocasiones nuestra mente es un animal con una energía tremenda, es infatigable, es inquieta, todo lo devora, todo lo enreda y casi sin darnos cuenta puede convertirse en nuestro peor enemigo. Esa máquina de pensar no entiende de tiempos de descanso, y por ello no duda en quitarnos horas de sueño para mantenernos alerta, para alimentar la rumiación, la charla inútil y la obsesión hasta crear una densa niebla donde quedar perdidos. Aislados en el océano de la ansiedad o la depresión.

Meister Eckhart, un conocido dominico y filósofo alemán del siglo XIII, decía ya en aquellos tiempos que el único modo de calmar la angustia interna era abrazando el silencio. Según él, la quietud y la ausencia de sonido a nuestro alrededor puede actuar como un fuego purificador. Es como una casa sosegada donde el alma se hace más intuitiva, donde se refresca nuestra mirada y se profundiza en el conocimiento.

Lo que el maestro Eckhart nos explicó en su día tiene unas claras connotaciones místicas, lo sabemos. Sin embargo, resulta curioso cómo a lo largo de nuestra historia sea precisamente el mundo de la religión y la espiritualidad quienes hayan reclamado de alguna forma la importancia del silencio. Buda, por ejemplo, también explicó en sus textos que poner en práctica una mente silenciosa era el camino para acabar con el agotamiento, la mentira y quedar libres de todo tipo de búsquedas egoístas…

La mente silenciosa, en esencia, es aquella que no se aleja de la realidad ni la evita. Es más, siempre está alerta, siempre está despierta y busca por encima de todo ver la naturaleza de la realidad, tanto externa como interna.

“El silencio es el único amigo que jamás traiciona”.

-Confucio-

Rostro con esfera en la nariz

La mente silenciosa y el pensamiento relajado

Tenemos claro que la mente puede ser muy a menudo nuestra principal fuente de agotamiento. Sabemos también que un modo de practicar el pensamiento relajado es iniciándonos en la meditación, en el Mindfulness o incluso en el yoga. Nos lo han dicho muchas veces, e incluso es posible que lo hayamos intentado alguna vez sin éxito, hasta el punto de decirnos que eso de la meditación no va con nosotros.

No nos decantemos por una opción con los ojos cerrados, por muy conocida que esta sea. Para practicar y beneficiarnos de una mente silenciosa hay muchos más caminos, muchas más cerraduras para abrir esa “estancia mental sosegada”. La clave, como todo en la vida, está en hallar esa respuesta que más se ajuste a nosotros, a nuestras necesidades y personalidad. Por ello, nos será de utilidad reflexionar en las propuestas que detallaremos a continuación.

mujer ante paisaje natural practicando la mente silenciosa

4 principios para practicar la mente silenciosa

El primer objetivo, por curioso que nos resulte, es dejar de tener miedo al silencio. Nos costará admitirlo, pero es una realidad evidente. Algo tan simple, como buscar un entorno natural sin ningún atisbo de civilización en kilómetros y sentarnos allí en completa soledad, puede ser para muchos algo aterrador.

  • El silencio nos desnuda y hace que nos sintamos desprovistos de “algo”. Sin embargo, ese “algo” es a menudo toda la superficialidad y los pesos de más que arrastramos en nuestra mente. Es necesario por tanto dejarnos abrazar por el silencio sin miedos, con intimidad, con honestidad para dejar ir todo lastre…
  • Una hora de soledad al día. Para dar forma a una mente silenciosa debemos aprender o re-aprender a estar solos. La soledad libremente elegida durante un instante de tiempo, es saludable, es catártica y nos reinicia en todos los sentidos.
  • Empatía con uno mismo. Para calmar a la mente inquieta, la mente insaciable y sus pensamientos negativos, practiquemos una empatía real con nosotros mismos. De este modo, volveremos nuestra mirada hacia el interior, para ser esa voz relajada que es capaz de decirnos: “todo está bien, cálmate, detén el rumbo de esos pensamientos y céntrate. Todo irá mejor a partir de ahora. Solo aprecia el silencio”.
  • Ralentizar las cosas no es perder el tiempo. Otra estrategia sensacional es aprender a ir más despacio en nuestro día a día. Debemos entender que ir más lento no siempre es sinónimo de perder el tiempo. Ralentizar nuestra vida, permitirnos estar más presentes, favorece también la calma mental.

Para concluir, la mente silenciosa no es ninguna suerte de entelequia, no es una capacidad imposible de adquirir, de entrenar o algo que solo los que llevan años meditando pueden disfrutar. Este tipo de pensamiento relajado requiere voluntad, autocontrol y una buena dosis de amor propio donde convencernos de que la propia mente nunca puede ni debe ser nuestro peor enemigo.

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

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