¿Puedes vivir sin respuestas?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 19 marzo, 2014
Paula Aroca · 19 marzo, 2014

En todo momento de nuestras vidas nos encontramos lidiando con la incertidumbre. Si lo pensamos bien, nada está predeterminado y no podemos saber que es lo próximo que va a suceder. Sin embargo, en mayor o menor medida, sentimos que es posible predecir aquello que va a pasar.

Cuando una situación nos corre de nuestro eje, cuando avistamos que no hay una respuesta cerrada a todo, ¿cómo lidiamos con esto? Continúa leyendo el artículo y te contaremos por qué necesitamos siempre una respuesta, una relación causa-efecto y una certeza.

¿Por qué la incertidumbre nos incomoda tanto?

La Real Academia Española define la certeza como “el conocimiento seguro y claro de algo”. La incertidumbre nos inunda cuando perdemos la capacidad de predecir aquello que va a pasar o de explicar un hecho ocurrido. La incertidumbre nos deja en un lugar tan incómodo que, a lo largo de la vida, vamos encontrando y aprendiendo distintas maneras de lidiar con ella. Los niños son un claro ejemplo de esto, ya que les hacen repetir a sus padres y tíos las mismas historias una y otra vez, miran la misma película repetidas veces y los juegos tienen siempre uno de dos o tres finales que ya han jugado con anterioridad. ¿A qué se debe esto?

La ansiedad que produce no saber cómo va a terminar una historia, hace que los niños prefieran ver siempre la misma, esto los tranquiliza, les permite no encontrarse con la pregunta de qué va a pasar. Ya como adultos, aprendemos a manejar la ansiedad que produce el no saber. Sin embargo, sepámoslo o no, estamos siempre buscando una respuesta.

¿Qué es el cierre cognitivo?

Se llama cierre cognitivo a la necesidad psicológica que tenemos las personas de encontrar una respuesta firme a una pregunta o situación y a la aversión que tenemos hacia la ambigüedad. Implica una tendencia activa a buscar la información que falta para poder obtener una explicación clara de los hechos. Creemos que no nos conformamos con la primera explicación que nos dan, pero estamos muy a gusto cuando podemos ubicar un efecto derivado de cierta causa.

Uno de los principales investigadores dedicados a este tema es Arie Kruglanski, que desarrolló en los años noventa un cuestionario de 42 preguntas que permite medir el grado de necesidad de dar un cierre cognitivo que cada persona tiene. En algunos casos es tan fuerte la necesidad de dar una respuesta cerrada a una situación que se dejan afuera casi todos los factores e indicadores, excepto aquellos que uno quiere ver.

Otros investigadores han encontrado que hay una necesidad innata en el hombre de creer que hay una correlación directa entre causa y efecto. Lo más sorprendente es que tan dispuestos estamos a esa creencia, que muchas veces aceptamos correlaciones de causa- efecto tan débiles que bordean la incoherencia.

¿Tienes baja o alta tolerancia a la incertidumbre?

Las personas con un grado más alto de necesidad de cierre cognitivo prefieren las situaciones predecibles, correr menos riesgos y buscan encontrarse con la menor cantidad posible de situaciones  ambivalentes. Tienden a elegir la respuesta más simple, aquella que parece la más lógica y que cierra perfecto con la situación.

Por el contrario, aquellas personas con una alta tolerancia a la incertidumbre se permitirán encontrarse en situaciones que cuestionen un poco más las bases de aquello que creen. Además, tienen la capacidad de sentirse cómodos en situaciones que no están completamente definidas, con menos reglas y que impliquen el uso de una mayor creatividad para su resolución.

¿Y cómo te sientes tú ante la incertidumbre? ¿Necesitas sentir que tienes las situaciones bajo control y que "todo cierra"? ¿O disfrutas con un cierto grado de duda e imprevisibilidad? ¿Con qué grupo te identificas más?

Imagen cortesía de Alba Soler Photography