La negación o el deseo de no saber

Edith Sánchez · 30 marzo, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 30 marzo, 2019
La negación es muy habitual en las adicciones, en los duelos y en las situaciones que involucran tabúes. Ese deseo de no saber proporciona una tranquilidad momentánea, pero con el tiempo se torna altamente destructivo.

El psicoanálisis plantea que existen algunas estrategias inconscientes que todos empleamos para mantenernos en equilibrio. A dichas estrategias se les llama mecanismos de defensa y uno de ellos es la negación o el deseo de no saber o de no admitir. Aunque esto puede generar cierta tranquilidad momentánea, a la larga trae muchos problemas.

Como el nombre lo indica, la negación consiste en invalidar alguna información que resulta desagradable o que no se quiere reconocer. Esta operación ocurre de forma inconsciente. Ese deseo de no saber resulta inapropiado, ya que impide a las personas desarrollar formas de afrontamiento de la realidad.

El contenido de una imagen o un pensamiento reprimidos, pueden pues, abrirse paso a la conciencia, bajo la condición de ser negados. La negación es una forma de percatarse de lo reprimido”.

-Sigmund Freud-

A través de la negación, la persona cancela, por así decirlo, algún aspecto que le incomoda, que le implica insatisfacción o un conflicto consigo mismo o con los demás. Es muy frecuente en las adicciones o cuando existen importantes problemas de personalidad. Podríamos decir que ese deseo de no saber es el mismo mecanismo del avestruz.

Mujer tapándose los ojos

Manifestaciones de negación

La negación se manifiesta tanto en el pensamiento, como en los actos y en el lenguaje. Por ejemplo, una persona entra a un sitio en el que está alguien a quien no quiere ver. Muchas veces ocurre que, efectivamente, no lo ve. Por más que mira los rostros de los presentes, no se da cuenta de que esa persona está ahí.

Otra situación muy habitual en la que opera ese deseo de no saber es cuando surge algún evento extremadamente doloroso. Cuando alguien muy amado muere, a veces surge la fantasía de que resucite. O que se comunique desde el más allá (es decir, que no haya muerto en sentido absoluto).

Esto mismo sucede si aparece una enfermedad catastrófica. Se piensa que el diagnóstico está equivocado, que hubo alguna falla en las pruebas o que hay alguna cura para lo que han declarado como incurable.

La negación en el lenguaje se manifiesta en la forma gramatical de la doble negación. Cuando algo se niega dos veces, en realidad, se está afirmando. Por ejemplo, alguien le pregunta a otra persona si tomó un dinero que no era suyo. Esta responde: “No, para nada. Yo no fui quien tomó ese dinero”. La primera frase niega la segunda.

El deseo de no saber

Nadie trata de ignorar la realidad porque sí. Se pone en marcha el mecanismo de la negación porque el reconocimiento de una realidad en particular implica una especie de terremoto en la existencia. Los cimientos mismos de lo que somos, la imagen que tenemos de quienes somos o nuestro lugar en la sociedad quedan en entredicho.

El deseo de no saber protege de esa profunda inestabilidad que sobrevendría tras admitir una verdad específica. Esto es particularmente visible en temas tabú, como el abuso infantil. Muchas veces, la familia se niega a creer al niño que habla acerca de situaciones de abuso sexual, por parte de algún tío o primo, etc. Admitirlo implica generar grandes rupturas familiares y, eventualmente, afrontar acciones legales.

Ese deseo de no saber es también un deseo de hacer más tolerable la realidad y no exponerse a un colapso de la vida personal, de la familia e incluso de los valores y las costumbres aceptadas. Sin embargo, la negación no es exitosa: cubre, pero no elimina.

Mujer con los ojos cerrados pensando en la felicidad de los demás

Los efectos de la negación

La principal consecuencia de la negación es la imposibilidad de poner en marcha acciones de cambio, frente a realidades problemáticas. Las dificultades están ahí, aunque no queramos verlas. Muy frecuentemente esa resistencia a asumirlas solo lleva a que se agraven y sean cada vez más inabordables.

La negación no logra su objetivo, porque más tarde o más temprano la realidad se impone a los deseos. A veces, esa realidad es lo suficientemente seria como para hacer estragos en la vida de una o varias personas. En los casos extremos, llega incluso a incubar el germen de un trastorno mental severo.

Aceptar una realidad amarga o dolorosa nunca es fácil. Es normal que nos tome algún tiempo y que sea necesario vencer algunas resistencias para lograrlo. También necesitamos confiar en nuestros propios recursos para lograrlo. Si lo hacemos, descubriremos que las situaciones difíciles son un camino para crecer.

  • Freud, A., & Carcamo, C. E. (1961). El yo y los mecanismos de defensa (Vol. 3). Barcelona: Paidós.