La pregunta fundamental sobre la vida, según Jung

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 18 enero, 2019
Edith Sánchez · 19 enero, 2019
Para Carl Jung, la pregunta fundamental de la vida tiene que ver con la trascendencia o el alcance que tiene la existencia individual. Cuando esta pregunta no se responde satisfactoriamente, hay un malestar y un vacío que llegan a ser determinantes.

En el siglo XX la preocupación por el sentido de la vida trascendió las fronteras del arte, la literatura o los círculos intelectuales. La paulatina caída de los valores absolutos, la decepción por la crueldad humana y la falta de referencias estables alimentaron la necesidad de de dar una respuesta-. Por su parte, el psiquiatra suizo Carl Jung captó esa inquietud generalizada y lanzó una hipótesis para identificar aquella pregunta fundamental sobre la vida cuya respuesta fuera capaz de dotar de sentido a la existencia.

Para Jung, lo decisivo era nuestro sentido de trascendencia. En otras palabras, creía que cada persona necesita sentir que su vida tiene un sentido, el cual va más allá de lo inmediato. Que lo que hace en el mundo alcanza un eco, un impacto sobre la realidad. Además, afirmaba que cuando la vida se percibe simplemente como una suma de momentos, sin mayor dirección que pequeños objetivos de poca relevancia, aparece la angustia existencial. La sensación de que todo carece de sentido.

Antes de la modernidad, las religiones proporcionaban un sentido de trascendencia a la vida. La existencia de las personas no terminaba con su muerte, sino que se extendía hacia otra forma de vida espiritual, en la que todo lo que se había hecho era evaluado y premiado o castigado. Así, con la paulatina caída de las creencias religiosas, el ser humano quedó como desnudo frente a la realidad. Eso comenzaba a vislumbrarse en la época de Jung y por eso, él se empeñó en dar forma a esa pregunta fundamental sobre la vida.

“Cuanto más se fija un hombre en sus falsas posesiones y menos sensibilidad tiene a lo esencial, menos satisfactoria es su vida”.

-Carl Jung-

Carl Jung

La pregunta fundamental sobre la vida

Según Carl Jung, la pregunta fundamental sobre la vida es esta: la existencia de una persona en particular, ¿está relacionada con algo infinito? Sin darnos cuenta, la mayoría de nosotros buscamos establecer esa conexión con lo infinito en nuestra existencia. No siempre somos conscientes de ello, pero lo hacemos por medio de la actividad religiosa, el trabajo, las convicciones, etc.

Lo infinito es un conjunto o serie con final o fronteras desconocidas. La vida humana acaba con la muerte. Pero todos sabemos que, más allá de la muerte de cada uno de nosotros, hay realidades que nos trascienden. Estaban allí antes de que naciéramos y seguirán allí después de nuestra desaparición individual.

La religión ha sido una de las formas más naturales de establecer ese contacto con lo infinito. La creencia en un Dios responde a la pregunta fundamental de la vida. Para los no creyentes o para quienes ese Dios no tiene una presencia determinante, las cosas se vuelven más complejas. El infinito entonces se busca a través de la propia descendencia; los hijos prolongan la vida. También es posible que se trate de encontrar en un determinado marco, como puede ser el laboral o el social.

Mujer subiendo escaleras

La importancia del sentido de trascendencia

Desde los albores de la historia, el hombre quiso establecer ese contacto con lo infinito. Ya fuera por temor, por la imposibilidad de asimilar la idea de la muerte o como medio para consolidar una autoridad a la que todos los seres humanos debieran obedecer. Desde épocas muy tempranas, también el amor se convirtió en la piedra angular que daba respuesta a esa pregunta fundamental de la vida.

Sin embargo, el ser humano descubrió que si el objeto de su amor era algo o alguien caduco y limitado, ese sentimiento estaba condenado a generar sufrimiento. En la medida en que el objeto del amor tenga un fin, el sentido de trascendencia está condenado a morir, como consecuencia de la pérdida irremediable. Por eso el ser humano creó dioses en todas partes y los amó. Estos no morían; el destino no podía privarnos de su compañía. De este modo, se estableció un vínculo con lo infinito.

Más adelante, y con el desarrollo de las ciencias y las artes, para muchos el concepto de Dios pasó a un segundo plano. Precisamente, las ciencias y las artes se convirtieron en un nuevo “infinito” que otorgaba trascendencia a la vida de una persona.

La importancia de la pregunta fundamental sobre la vida y el sentido de trascendencia es que otorgan una forma de dicha que no se alcanza de ninguna otra manera. Esto fue expresado por el filósofo Spinoza, de manera muy lúcida. Al respecto dijo: “Toda nuestra felicidad o infelicidad depende solamente de la cualidad del objeto en el que fijamos nuestro amor […] Pero el amor hacia un objeto eterno e infinito alimenta la mente con una alegría pura sin rastros de tristeza”.

  • Jung, C. G., & Wilhelm, R. (1929). El secreto de la flor de oro. Colombia: Ed. Solar Ltda.