La privación sensorial y sus temibles efectos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 3 junio, 2019
Edith Sánchez · 3 junio, 2019
La privación sensorial, particularmente en un lapso superior a 48 horas, genera grandes efectos en la percepción, la cognición y las emociones. Se ha comprobado que la privación social tiene efectos muy similares.

Los primeros estudios sobre la privación sensorial datan de los años 50, aunque es posible que haya investigaciones secretas previas a esa década. Los primeros experimentos con voluntarios se llevaron a cabo en la Universidad McGill, en Montreal, Canadá.

En su sentido más básico, la privación sensorial tiene que ver con la restricción parcial o total de estímulos, aplicada a uno o varios sentidos. Impedir la visión, la escucha, el tacto o todo a la vez. Este tipo de prácticas se han empleado con fines terapéuticos de investigación y como método de tortura.

Lamentablemente fue ese último uso el que despertó el interés en la privación sensorial. Tras la Segunda Guerra Mundial se tuvo noticia de que los prisioneros eran capaces de confesar sin que se les golpeara. Bastaba con privar sus sentidos de los estímulos del entorno y entonces se producían grandes cambios en su voluntad.

Hay cinco vías de entrada al cerebro, solo cinco. Todo lo que aprende un niño en su vida lo aprende por estas cinco vías. Puede verlo, oírlo, tocarlo, gustarlo y olerlo. Todo lo que aprendió Leonardo da Vinci lo aprendió por estas cinco vías”.

-Glenn Doman-

Hombre preocupado con la cabeza hacia abajo

Condiciones de los experimentos

En principio, se emplearon básicamente tres tipos de condiciones experimentales para estudiar la privación sensorial, al menos en los estudios conocidos.

La primera es la situación de Bexton, Heron y Scott, que data de 1954. La segunda, la de Wexler, Mendelson, Liederman y Solomon, de 1958. Y la tercera es la situación de Shurley, de 1960. Veamos en qué consiste cada una de ellas:

  • Primera situación. No hay privación sensorial total. El voluntario se acuesta en una cama, dentro de una habitación iluminada y aislada. Usa gafas oscuras, guantes y unas cápsulas de cartón en las manos. Permanece así entre dos y seis días.
  • Segunda situación. El voluntario se acuesta sobre un colchón que está dentro de una cápsula que limita sus movimientos. Está en una habitación con paredes desnudas y una luz mínima. Permanece así hasta 36 horas.
  • Tercera situación. El voluntario se sumerge en un tanque de agua, completamente desnudo. Lleva una máscara que le permite respirar, pero no ver, ni escuchar nada. No toca el fondo del tanque. Permanece así hasta que lo resista.

Privación sensorial y procesos perceptivos

Los experimentos llevados a cabo evaluaron, en primer lugar, si estas condiciones alteraban los procesos perceptivos. Concluyeron que sí, y de una forma muy notoria. Hay, sobre todo, grandes trastornos visuales. El voluntario ve que objetos estáticos se mueven y que cambian de tamaño y forma.

Llegan a ver que las paredes se mueven y que las mesas caminan. Hay también mayor sensibilidad visual, pero después de varios días, los estímulos se perciben más lentamente. Una línea recta llega a verse como una “S”. También se presentan otras alucinaciones.

Así mismo, se produce una desorientación generalizada en el tacto y la percepción del tiempo y del espacio. En uno de los experimentos se demostró que los efectos del aislamiento social son similares a los de la privación sensorial.

Efectos en el plano cognoscitivo

Muchos de los voluntarios señalaron que querían aprovechar el experimento para prensar en problemas personales a los cuales no habían podido dedicarles tiempo. En un comienzo lo hicieron, pero con el paso de las horas fue cada vez más difícil concentrarse en sus pensamientos. Después de cierto tiempo, ni siquiera eran capaces de contar hasta 30.

Los investigadores comprobaron que la capacidad para memorizar y retener mejoró después de los experimentos. Al mismo tiempo, disminuyeron las capacidades de abstraer, generalizar y hacer razonamientos matemáticos.

De manera sorprendente, la capacidad de aprendizaje mejora en quienes están sometidos a privación sensorial frente a quienes no sufren esta condición. Entre tanto, las capacidades motoras disminuyen sensiblemente, especialmente tras 48 horas de no recibir estímulos.

Mujer confusa con las manos en la cara

Unas conclusiones interesantes

Para decirlo en términos simples, lo que comprobaron todos esos experimentos es que mediante la privación sensorial es posible inducir a estados de pseudopsicosis. Esto es, una psicosis temporal. Se dice que es “pseudo” porque una vez termina el experimento y la persona retorna a su vida normal, también recupera todas sus funciones habituales.

Uno de los resultados más interesantes fue el de comprobar que mientras en las personas llamadas “normales” se presentan alucinaciones durante la privación sensorial, en quienes están diagnosticados de esquizofrenia dichas alucinaciones tienden a desaparecer.

De la misma manera se comprobó que la personalidad de cada individuo es determinante en la forma como experimenta la privación sensorial. Todos los voluntarios hacen esfuerzos por adaptarse a las condiciones, pero una buena parte de ellos tiende a recordar el pasado y entra en depresión. Casi todos se vuelven mucho más sugestionables y esto lleva a que los efectos de la tortura psicológica sean más profundos, igual que los de la terapia psicológica.

  • Ardila, R. (1970). Privación sensorial. Revista Interamericano de Psicologia, 4, 253.