La reciprocidad asimétrica, un obstáculo en las relaciones humanas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 27 febrero, 2018
Edith Sánchez · 27 febrero, 2018

La equidad forma parte de la base de la mayoría de las relaciones que mantenemos. Por otro lado, todos sabemos que la equidad total es una utopía. Nunca es posible lograr un equilibrio perfecto entre lo que se da y se recibe o hacer, cuando está en nuestras manos, que reciba más el que más se lo merece o más lo necesita. Sin embargo, cuando lo que impera es una clara reciprocidad asimétrica, se produce un gran deterioro en muchos vínculos.

Todos conocemos a una o más personas que lo dan todo por los demás, que reparten todo cuanto tienen. A las que, por todo lo que dan, es complicado responder de la misma manera. Es también razonable que resulte imposible establecer una total igualdad en lo que cada uno entrega. Tampoco es deseable que esto fuera así: tendría más de cálculo que de espontaneidad.

Por otro lado, el concepto de “dar” es muy amplio. Significa brindar a otros bienes materiales o espirituales. Dentro de estos, se cuentan: el afecto, el tiempo, la escucha, etc. Si prima una reciprocidad asimétrica, lo habitual es que una de las partes se sienta cómoda recibiendo y no haga ningún esfuerzo por corresponder. Una actitud que se vuelve particularmente crítica en las relaciones de pareja.

Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen”.

-Willy Brandt-

agujas representando las reciprocidad asimétrica

Las causas de la reciprocidad asimétrica

Vale la pena preguntarnos por qué a veces se configuran relaciones en las que se instala esa reciprocidad asimétrica. Lo más común es que este fenómeno sea fruto de dos tipos de situaciones. En ambas se construye la idea de que uno de los involucrados dispone de mayor capacidad, o tiene mayor deber, para con el otro o los otros.

La primera situación se da cuando hay una persona que tiene algún tipo de fortaleza especial. Por ejemplo, cuenta con más habilidades para solucionar problemas, tiene más conocimientos o simplemente es más fuerte emocionalmente que quienes le rodean. Esta especial virtud termina jugando en su contra. Los demás esperan que sean ellos los que resuelvan, orienten, etc., sin nada que compense su contribución o desgaste.

Este tipo de situaciones a veces se extiende hasta la acción del Estado. Es el llamado “asistencialismo. Se basa en la idea de que una persona, por tener algún tipo de vulnerabilidad, no tiene por qué corresponder a lo que se le da. Si bien hay situaciones en las que se justifica esa reciprocidad asimétrica, esto solo aplica para circunstancias muy específicas y de manera temporal.

Cuando el más vulnerable es obligado a dar

La segunda situación en la que suele configurarse la reciprocidad asimétrica es opuesta a la anterior. Ocurre cuando una de las partes es menospreciada o despojada de su dignidad. Se conforma entonces la idea de que debe dar todo de sí a cambio de muy poco, porque de uno u otro modo sus necesidades son menos importantes que las de los demás.

Es lo que ha ocurrido a lo largo de la historia con los pueblos esclavizados. Se han forjado ideas según las cuales por tener determinado color de piel o por pertenecer a una determinada cultura, se carece de derechos. En esos casos, el sometido solo debe dar de sí, sin esperar nada a cambio.

Esto también sucede en muchas relaciones humanas, particularmente en relaciones familiares o de pareja. Se instala la idea de que la parte más frágil o vulnerable tiene más obligaciones que el otro o que los demás. El que no ha estudiado una profesión debe servirle a los que sí. O se imagina que quien es más inseguro debe someterse a los demás para conseguir su aceptación.

Mujer enfadada con su pareja

Los efectos de la reciprocidad asimétrica

Aunque de un modo u otro siempre hay cierta reciprocidad asimétrica en las relaciones humanas, cuando esta es desproporcionada, genera efectos muy dañinos para los involucrados. Lo que hace, en últimas, es crear unas condiciones injustas e insanas. Injustas porque una persona termina siendo instrumento de otra. E insanas porque esa falta de reciprocidad es una forma de violencia, que también engendra violencia.

En todos los casos, incluyendo el del Estado, quien se ve obligado a dar sin recibir, está siendo explotado. Esto se puede mantener relativamente estable por algún tiempo, pero más pronto que tarde va a generar una insatisfacción creciente, que muchas veces termina rompiendo el falso equilibrio.

Manipulación emocional

Para quien domina, en todo caso, la reciprocidad asimétrica tampoco aporta mucho. Puede tener el dominio o contar con los buenos oficios gratuitos de alguien, pero esto de alguna manera también le degrada y en ocasiones le inutiliza. También lo pone en un estado de necesidad. ¿Qué sería del amo sin su esclavo? ¿Qué queda del que domina cuando ya no cuenta con su dominado?