La respuesta no es la huida - La Mente es Maravillosa

La respuesta no es la huida

Cristina Medina Gomez 21 octubre, 2015 en Emociones 0 compartidos
Mujer a punto de emprender una huida

Pensar en una huida muchas veces es para todos una forma de sentirnos a salvo en otra parte. Desear alejarse de lo que nos hace daño, nos agobia y nos acorrala por dentro es un deseo que puede ser bastante corriente en nosotros. Sin embargo, si te identificas con ello, sabrás muy bien que huir nunca fue la solución.

Lo dice la canción, la huida no es la respuesta, puesto que siempre que deseamos huir lo hacemos de algo o de alguien, y cualquiera de las dos cosas siempre viene con nosotros allá donde vayamos. Si es algo que nos ha ocurrido, necesitaremos superarlo. Si es alguien lo que nos ha ocurrido, necesitaremos saber qué podemos ser por nosotros mismos.

Mujer corriendo en una huida

Reconocer que quieres huir es de valientes

Dice una poetisa española que aquel que siente miedo nunca puede ser un cobarde porque reconocerlo es querer afrontarlo: los miedos, los cambios vertiginosos o las decepciones nos hacen sentirnos cobardes, inseguros y débiles. Querer huir, reconocerlo, es el primer paso para seguir adelante.

“No llames cobarde a alguien que tiene miedo,
solo abrázalo y dile que,
al revés de todo,
los monstruos existen hasta que les pones nombre:
solo los valientes lo hacen.”

-Elvira Sastre-

Así que tú, que has sentido alguna vez que querías marcharte y desaparecer en el mundo, eres un valiente. Has comenzado a afrontar el problema y pronto te darás cuenta de que aplazarlo, ignorarlo y huir de él solo va a posponer el enfrentamiento directo con aquello que duele.

En el momento en el que te das cuenta de que quieres dejar algo atrás e ir a otro lugar, te das cuenta de que no buscas alejarte del lugar donde estás, sino de los recuerdos que tiene dicho lugar. Sin embargo, aprenderás que los recuerdos van contigo y empapan las ciudades dónde estés. No puedes huir de ti mismo, y si tratas de huir de alguien es porque en esa relación solo quedas tú.

Huir del problema es una carrera que nunca ganarás

Mujer con los ojos cerrados huyendo de problemas

Quizá puede que estés pensando que muchas veces posponer el enfrentamiento también nos ayuda a tomar aire y cambiar de perspectiva, pero entonces deja de ser una huida y se convierte en un periodo de reflexión y supervivencia: habrá que volver allí de donde queremos irnos y hacer lo que no habíamos hecho.

De hecho, lo normal es que, cuando la huida es de algo externo, no lo necesitemos realmente: superamos el problema sin mayor complicación. La que es realmente difícil es la huida de los fantasmas que tenemos dentro. A esos fantasmas nunca los vamos a ganar si no les plantamos cara y les ponemos nombre.

Muchas veces no huimos para alejarnos, sino para soportar, para ganar tiempo que nos haga ser más fuertes y mayores que el miedo y el dolor que tenemos.
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El choque emocional que puede suponer una huida

Mujer nadando que ha emprendido una huida

Si huimos para soportar, después de ello nunca volveremos a ser los mismos que éramos. Es decir, las emociones que sentimos nos definen y en aquellos momentos en los que las emociones que tenemos son muy fuertes, nos ponemos a prueba. Salir de sentimientos duros y lograr sentirse mejor tiene, además de sus causas, sus consecuencias.

Después de la tormenta habremos aprendido, cambiado y experimentado. La huida no habrá sido la respuesta, sino cómo hemos afrontado esas ganas de huir, porque nunca podemos huir realmente. Es probable que otros lugares nos ayuden a recobrar nuestra felicidad, pero el lugar por sí solo no cambia nada.

Lo que sirve es esforzarse al máximo por salir de donde estamos, aunque eso suponga el mayor choque emocional de nuestra vida. Sirve plantarle cara al dolor y buscar en lo que nos rodea aquello que nos haga aferrarnos a la felicidad. Siempre hay algo o alguien que no va a dejar que no podamos más, que no nos dejará huir, sino luchar con todas nuestras fuerzas.

Cristina Medina Gomez

Teóricamente filóloga y esencialmente humana, por lo que siempre busco encontrar en las palabras la manera de conocerme y, por qué no, de conocernos: a veces escribir no es brindar belleza, es hallar moldes emocionales que nos unan a los demás.

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