La (sin)razón del terrorismo - La Mente es Maravillosa

La (sin)razón del terrorismo

Roberto Muelas Lobato 17, Mayo 2017 en Psicología 132 compartidos
Imagen simbolizando el terrorismo

Últimamente, Europa ha sufrido una ola de ataques terroristas llevados a cabo por personas con afiliación a grupos terroristas yihadistas. El terrorismo no es un problema nuevo y en varios países europeos existe gran conocimiento debido a que lo han padecido durante años. Sin embargo, aunque son muchos los estudios y teorías que se han propuesto para conocer las causas que llevan a las personas a unirse a grupos terroristas y cometer atentados, el conocimiento de la población general no ha avanzado.

Los comentarios más comunes entre el público cuando un ataque de este tipo se produce hacen alusión a la locura de quienes los cometen. Esta idea de locura es tan antigua como el estudio del terrorismo pero ¿qué opinan los expertos sobre la relación entre terrorismo y locura?

La locura del terrorismo

La creencia popular coincidió con los descubrimientos científicos inicialmente. Los terroristas estaban locos. Una persona que es capaz de quitar la vida de personas inocentes no puede estar cuerdo. Sin embargo, con el tiempo, se dieron cuenta de lo erróneo de esta lógica.

Las organizaciones terroristas suelen ser grupos que viven en el anonimato e intentan permanecer ocultos. Esta situación hace que las relaciones entre ellos sean muy estrechas y aumente la confianza. Dentro de un grupo terrorista, la vida de cada miembro va a depender en gran medida de las actuaciones de los demás.

Dada esta situación, ¿confiarías tu vida a una persona loca? Contar con un miembro que padeciera locura sería un riesgo muy alto. La probabilidad de que contara algo de la organización a quien no debe o tener que darle grandes responsabilidades hace inviable esta primera creencia. Por supuesto, pueden existir casos… pero, dado el alto riesgo que conlleva, son mínimos.

La personalidad del terrorismo

Descartada esta posibilidad, la siguiente asunción fue asumir que los terroristas tenían perfiles de personalidad concretos. La personalidad que se les presuponía, normalmente, era la psicopática. Según estas creencias, los terroristas tenían rasgos de personalidad psicopáticos. Así, el acto de matar a inocentes, al no conectar con ellos, no atacaba ni su ética ni sus conciencias.

Estudios posteriores desvelaron que, tal como proponían, existen ciertos rasgos psicopáticos en algunos terroristas, pero el porcentaje no se diferencia del que se puede encontrar en el resto de la población. Siendo así, los terroristas presentan rasgos psicóticos en la misma medida que los pueden tener un grupo de personas escogidas al azar. En este punto, considerar que los terroristas son locos o psicópatas carece de lógica.

Sin embargo, tenemos que señalar un matiz importante: el número de personas con personalidades o rasgos psicóticos es mucho mayor cuando se estudia a los llamados lobos solitarios, o por su correcto término, actores solitarios. Estos son personas que deciden cometer ataques por su cuenta, sin tener el apoyo de ninguna organización terrorista.

La frustración de los terroristas

Una vez descartada la idea de que los terroristas están locos (al menos en el sentido más estricto de la palabra), se pensó que tenía que existir algo que desencadenara la violencia. Ese algo fue denominado frustración. Según estas teorías, los terroristas eran personas que habían sufrido alguna frustración que les había llevado a recurrir a la violencia. Pero, ¿quién no se ha sentido frustrado alguna vez? Es imposible que todas las personas frustradas se hayan hecho terroristas.

Para solventar esta mala interpretación se recurrió a la privación relativa. En este caso no era la frustración, sino la privación de algún beneficio lo que provocaba la agresión. Pero la privación no conducía directamente a la agresión, tenía que darse una comparación entre aquello de lo que se veían privados y lo que poseían aquellos que se lo habían quitado o no se lo permitían tener. Así, si se experimentaba como una privación muy grande, se recurriría a la violencia.

De nuevo, al estudiar a los terroristas y compararlos con gente que no tenía relación del terrorismo se vio que ésta suposición no se daba solo en los terroristas. Muchas personas se sienten privadas de derechos, libertades y bienes, y no por ello recurren a la violencia.

Terrorista

Las raíces del terrorismo

Actualmente se ha dejado de entender el terrorismo como un síndrome y se piensa como una herramienta (la mayoría de veces manipulada). Así, el terrorismo vendría a ser una táctica a usar para conseguir fines políticos. Los terroristas serían personas que persiguen esos fines políticos y que, mediante dinámicas grupales y factores psicológicos optan por recurrir al terrorismo como una fórmula, válida para ellos, de conseguir sus objetivos. Sin embargo, los fines de una organización terrorista no tienen por qué coincidir con los de todos sus miembros.

Los terroristas consideran que su uso de la violencia es en legítima defensa. Desde esta perspectiva el terrorismo se puede entender como una conducta altruista. Ellos sacrifican todo lo que tienen, incluso su vida, para salvar a los miembros de su grupo y conseguir sus ideales. A pesar de que esta perspectiva puede parecer aberrante, es necesario tenerla en cuenta para descubrir qué lleva a las personas a unirse a grupos terroristas.

… y lo que es más importante, actuar sobre ella para deslegitimarla. No el fondo de las reclamaciones, sino la forma de hacerlas. Está en nuestra mano separar el mensaje de la forma. De esta manera nos podrán creer cuando digamos que existen otras vías, y que el asesinato lo único que hace es invalidarles como interlocutores y echar tierra sobre el mensaje que pretenden trasmitir. Enseñarles que con sus balas y sus bombas lo único que logran es que nos tapemos todavía más los oídos frente a lo que reclaman.

Roberto Muelas Lobato

Eterno estudiante de psicología social. Desde el laboratorio intento explicar esa realidad a veces tan confusa divagando entre la divulgación y la ciencia.

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