La susceptibilidad: el reflejo de la inseguridad psicológica

Detrás de la persona susceptible hay un "yo" frágil al que todo le duele, le molesta y la frustra. Tras ese sentimiento se esconde también la inseguridad psicológica y una mala gestión emocional.
La susceptibilidad: el reflejo de la inseguridad psicológica
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 04 diciembre, 2020.

Última actualización: 04 diciembre, 2020

La susceptibilidad no es una herida, es un síntoma. La persona que reacciona de manera negativa o sobredimensionada ante las cosas, no solo es hipersensible, no solo evidencia ciertos problemas en la gestión emocional. Tras ella también está la inseguridad de quien no se quiere bien, de esa figura que no confía en sus competencias y habilidades y acaba respondiendo ante el mundo de manera adversa.

Todos somos conscientes de que la vida con estos hombres y mujeres resulta compleja. Sin embargo, antes de quedarnos solo con el desconcierto y la constante dificultad a la hora de dirigirnos a ellos, es conveniente comprenderlos. Más aún, todos nosotros podemos en un momento dado derivar en este comportamiento reactivo, porque basta con pasar por una mala experiencia o una época de estrés para actuar del mismo modo.

Detrás de quien vive enfadado con el mundo y se ofende con excesiva felicidad, hay un yo de cristal que debe ser reparado. Entender esta realidad nos puede ayudar no solo a lidiar mejor con estas personalidades, también a entendernos un poco mejor. Lo analizamos.

Chico pensando mirando por una ventana

¿Qué hay detrás de la susceptibilidad?

El mundo de la psicología lleva tiempo estudiando el aspecto de la susceptibilidad. Como bien señalábamos al inicio, más que una dimensión propia es un síntoma de una realidad más profunda. No obstante, en nuestro trato diario con las personas nos quedamos solo con el comportamiento de quien se ofende con nada y se enfada con todo, diciéndonos aquello de “¡Pero qué susceptible es!”.

Sin embargo, trabajos como los realizados en la Universidad de Psicología, Ruhr-University Bochum, en Alemania nos señalan algo importante. Todos estamos bajo la influencia de nuestro entorno; sin embargo, no todos lo somos de la misma forma. Estas últimas evidenciarían con ese rasgo una mayor tendencia a sufrir determinados trastornos psicológicos.

Esa reactividad se puede deber a factores genéticos. Puede darse el hecho de que el cerebro sufra una alteración en la producción de serotonina con lo que hay una tendencia mayor al desánimo y a estar siempre en estado de alerta y a la defensiva. Es decir, no podemos descartar un factor biológico; sin embargo, por término medio, la susceptibilidad responde a un déficit en la gestión emocional y en las habilidades psicológicas.

Lo analizamos.

La inseguridad personal y la actitud defensiva

La inseguridad personal es una reacción emocional ante una autopercepción negativa. Es decir, esta sensación se instala en las personas cuando no confían en sus competencias para manejarse en el mundo, cuando se sienten en desventaja o no se aprecian a sí mismas de manera adecuada.

Esa combinación entre la baja autoestima y la sensación de falibilidad sitúa su enfoque en la necesidad de protegerse y, de ahí, su actitud defensiva. A la mínima, se sienten dañados, ofendidos y hasta amenazados por las conductas ajenas. Es como si todo “fuera con ellos”.

Asimismo, la persona definida por la susceptibilidad tampoco confía en los demás. Esa inseguridad crónica que les acompaña de manera casi constante provoca que tengan la idea de que los demás los van a defraudar en el momento menos pensado.

La hipótesis de la susceptibilidad

¿Por qué hay quien evidencia una mayor susceptibilidad y otros en cambio carecen de esta dimensión? Además de la inseguridad y la baja autoestima antes citada, existe otra interesante teoría que vale la pena considerar. La hipótesis de la susceptibilidad diferencial nos habla de cómo algunas personas, debido a sus características biológicas, temperamentales o conductuales son más sensibles al estrés.

Estudios, como los realizados en la Universidad Birkbeck de Londres, destacan que algunas personas son más susceptibles a las variables estresantes del ambiente. Son esas figuras que se preocupan por nada, que sobredimensionan cualquier situación y que se sienten superados casi cualquier cosa. Esa susceptibilidad genera un elevado sufrimiento y tendría un desencadenante biológico en ciertos casos.

Las experiencias traumáticas no superadas

Insistimos una vez más en un hecho, la susceptibilidad es en buena parte de los casos el síntoma de alguna realidad psicológica no atendida. Por ello, señalábamos al inicio que aunque este tipo de reacciones o conductas nos resulten molestas y problemáticas, todos las podemos padecer en algún momento dado.

  • Cuando atravesamos por un momento complicado, doloroso y hasta traumático es común sentirse susceptible.
  • La susceptibilidad es la herida que duele cuando se roza. Es la reacción de quien se siente atrapado por el sufrimiento, la incomprensión y la soledad.
  • Supone a veces reaccionar de manera negativa a los demás cuando, por ejemplo, nos sentimos mal con nosotros mismos. Son realidades no afrontadas y no gestionadas que se encapsulan y que duelen ante el más mínimo roce, ante cualquier palabra o comportamiento ajeno.

Como podemos imaginar, todos podemos pasar por una tesitura semejante. Porque esta dimensión puede ser innata o adquirida, la primera hace referencia a la hipótesis de la susceptibilidad antes citada, la que tiene un origen genético. La segunda surge como reacción a nuestras experiencias complejas, también a una infancia basada en la hiperexigencia o la falta de apego.

Mujer que sufre susceptibilidad

¿Cómo podemos tratar nuestra susceptibilidad?

Casi siempre nos preocupamos por cómo tratar a las personas susceptibles. Ahora bien… ¿y si llevamos una época experimentando esta misma sensación, la de sentirnos molestos u ofendidos con casi todo? En este caso, podemos abordarlo del siguiente modo:

  • Conocer el origen de ese sensación y afrontarlo.
  • Trabajar nuestra autoestima.
  • Aprender técnicas de gestión emocional.
  • Trabajar nuestra autoaceptación y seguridad personal.
  • Mejorar el diálogo interno y la autocrítica.

Por término medio, la susceptibilidad es un rasgo que solemos arrastrar desde la infancia. No dudemos en solicitar ayuda psicológica si esta sensación, si este sentimiento obstaculiza nuestro bienestar y la relación con nuestro entorno.

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