La técnica de la silla vacía

Daniela Alós · 31 octubre, 2017

La técnica de la silla vacía es una de las herramientas de trabajo más utilizadas por la Teoría Gestalt. Sin embargo, no es exclusiva de esta corriente, también es utilizada por terapeutas de otras ramas de la psicología. La popularización de su uso se debe a que ha demostrado ser una herramienta muy efectiva para el abordaje de ciertos problemas.

Así, “la silla vacía” es una técnica emocional que puede constituirse como un gran recurso para abordar en consulta asuntos no resueltos del pasado. Siguiendo los pasos adecuados, marcados por el terapeuta, los resultados pueden ser muy positivos para el desarrollo personal, y dentro de este, para el emocional. Es así gracias a que permite el contacto emocional con una situación o persona ausente. Lo peculiar de este contacto es que, en él, el paciente conserva en todo momento el control.

Esta técnica fue ideada por Fritz Perls, médico neuropsiquiatra y psicoanalista, creador de la Terapia Gestalt. La utilizaba cuando ofrecía sesiones cortas de demostración a grandes audiencias de profesionales que deseaban enterarse del enfoque gestáltico.

Sin embargo, también se le acuña la creación de la técnica de la silla vacía a Jacob Levy Moreno, fundador del Psicodrama. Corriente en la que el uso de esta herramienta es bastante frecuente también. En ambas corrientes el uso de la técnica es la misma y tiene sus indicaciones.

¿En qué consiste la técnica de la silla vacía?

La técnica de la silla vacía convierte una sesión de psicoterapia en un encuentro vivencial del paciente. Además de las dos sillas habituales utilizadas en el set de psicoterapia, es agregada una tercera silla -la silla vacía- en la que la persona es inducida a imaginar que alguien o algo está sentado allí, para luego dirigirse a ello como si realmente estuviese presente.

Inicialmente, la persona proyecta imaginariamente en la silla vacía a una parte de su personalidad, una persona ausente, un sentimiento o una situación determinada con la que tiene un conflicto para dar paso a un diálogo. Posteriormente, la persona, siguiendo la consigna del terapeuta, pasará a ocupar la silla vacía cambiando así de rol. El diálogo se establece por medio del cambio de roles en la silla. 

Es decir, la persona en un primer momento se dirigirá a aquello que está proyectando en la silla, le hablará y dirá todo lo que necesite como si realmente estuviese presente en la sesión. Posteriormente, ocupará el lugar de aquello proyectado imaginariamente y le dará la voz que se dirigirá a su persona.

“El pasado solo es visto a través de nuestros ojos secuestrados por el presente”

-Fritz Perls-

Silla vacía

¿Qué aspectos aborda la técnica de la silla vacía?

La confrontación que se produce en la escenificación de la silla vacía permite a la persona enfrentarse a conflictos, tanto actuales como del pasado. La idea es producir un efecto catártico y transformador importante. Suele ser utilizada para el trabajo de tres propósitos diferentes.

Una situación o acontecimiento

Trabajan con cualquier acontecimiento que haya marcado significativamente a la persona y haya alterado su vida de alguna manera. Puede representar una situación perturbadora o un acontecimiento traumático. Por ejemplo, una violación, accidente, abuso, agresión física o una escena de la infancia con su madre.

De esta forma, la persona puede dar voz y una comprensión distinta en el presente a un acontecimiento ocurrido en el pasado. Donde a pesar de que no puede ser cambiado aquello que sucedió, a través del contacto con las emociones y pensamientos de ese momento la persona logrará expresar aquello que no pudo en aquel entonces y darle un significado diferente al hecho. 

La técnica de la silla vacía, al producir un efecto de pantalla -donde la persona localiza su atención y proyecta el acontecimiento-, puede lograr que la persona entre en contacto con las emociones y con la forma en la que afectan su vida. Le da un significado distinto a la forma de sentirlo, si es en el pasado y si es en el presente, descubre nuevas formas de afrontar y responder ante tal situación.

“Estar presente ahora consiste en unir nuestra atención y nuestra conciencia”

-Fritz Perls-

Una persona no disponible

La técnica de la silla vacía permite trabajar con la evocación de una persona con la que existe un asunto inconcluso, pero que no está disponible en este momento, bien sea porque haya fallecido, desaparecido, abandonado, separado o simplemente porque cualquier otra circunstancia impide el encuentro.

Haciendo uso de la imaginación la persona evoca aquella figura significativa -que ya no existe en la realidad física, pero sí en su realidad psicológica- sentándola en la silla vacía. Una vez logrado esto, la persona se dirige directamente a aquella figura que ocupa la silla, transmitiéndole en el presente todas las emociones que le hizo sentir en el pasado y en la actualidad. Recordemos que el objetivo es lograr un efecto catártico.

Un aspecto de la propia personalidad

La persona proyecta en la silla aspectos de su propia personalidad, necesidades, incapacidades, sentimientos, etc. Para poder manejar y comprender mejor aspectos subjetivos -internos- en una realidad diferente, la realidad concreta. Al proyectar estos aspectos en la silla vacía, se hacen más tangibles. De alguna manera es como si cobraran vida.

Cuando la persona proyecta aspectos de su propia personalidad en la silla vacía, permite mirarse y examinarse a distancia, desde afuera. De esta manera, adquiere la posibilidad de lograr una impresión más imparcial de sí misma. A veces, el negar aspectos de la propia personalidad radica en la lucha entre el deseo de la persona y la restricción moral, que lleva a la no aceptación de sí mismo.

“Saber qué es lo que está bloqueando una situación vital es la tarea de cada uno”
-Fritz Perls-
Silla en mitad del campo

Uso de la técnica de la silla vacía

La técnica de la silla vacía pretende ser un instrumento a través del cual la persona pueda escenificar una serie de roles para proyectarse y conseguir efectos catárticos. En este sentido, puede proyectar en ella aquellos aspectos de su personalidad no aceptados como propios, una persona ausente, un sentimiento o una situación determinada con la que tiene un conflicto. Todo ello con la finalidad de integrarlos.

Si bien es una herramienta útil y que pareciese de sencilla aplicación, esta debe ser utilizada bajo la supervisión de un terapeuta. El uso de la misma es de forma intermitente, no puede ser llevada a cabo en todas las sesiones ni tampoco es recomendable para todas las personas. De ahí la importancia en que sea siempre aplicada por un terapeuta.