La tercera ola, un experimento sobrecogedor

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 14 octubre, 2017
Edith Sánchez · 15 abril, 2014

Steve Conigio era un estudiante de secundaria como cualquier otro. Un día, en la clase de historia que tomaba con el profesor Ron Jones, formuló una interesante pregunta: “¿cómo pudo el pueblo alemán, los ciudadanos de a pie, alegar ignorancia sobre lo que estaba pasando con los judíos?”. Su maestro quedó caviloso. No sabía cómo responderle. Este fue el comienzo de un desconcertante experimento con la mente humana, que fue conocido como La Tercera Ola.

Ron Jones decidió tomar una semana de sus clases para enseñarles vivencialmente a los estudiantes cómo había sido posible que una sociedad libre se transformara en un régimen fascista.

Siguió un cuidadoso plan y así consiguió probar su punto: sometidos a ciertas presiones continuas, muchos seres humanos terminan aceptando el totalitarismo como norma de vida

La disciplina

El profesor comenzó el proceso mediante la persuasión. Primero intentó convencer a los alumnos acerca de la belleza y la grandeza de la disciplina. Les ordenó asumir una postura corporal muy rígida en sus pupitres y corregía severamente hasta el más mínimo fallo.

Los alumnos asimilaron rápidamente los nuevos parámetros y Jones se preguntó hasta dónde sería capaz de llevarlos. Entonces introdujo nuevas normas, como la exigencia de dirigirse a él llamándole “señor” o la obligación de ponerse de pie y dar un paso al costado antes de hablarle a la clase.

Profesor

Lo curioso es que la productividad del grupo aumentó significativamente. Los alumnos más pasivos de pronto se mostraron más interesados y participativos. Todos parecían responder de manera positiva ante el autoritarismo.

El sentido de pertenencia

Al segundo día, el profesor Jones escribió en la pizarra una consigna que resumía lo aprendido el día anterior: “Fuerza a través de la disciplina”. Y añadió una nueva sentencia: “Fuerza a través de la comunidad”. Luego les habló de la importancia de pertenecer a un grupo. Inventó historias para reforzar la idea.

Más adelante hizo que cada estudiante repitiera las dos consignas aprendidas, en dos ocasiones. Ellos se mostraban muy complacidos y parecían experimentar cada vez más el sentimiento de pertenencia al grupo.

Al final, el maestro inventó un saludo con la mano para que los miembros se reconocieran entre sí. Fue entonces cuando otros estudiantes supieron de esta nueva “comunidad” y pidieron entrar

El paso a la acción

El tercer día se implantó un carnet obligatorio para pertenecer al grupo de la Tercera Ola y más de 200 estudiantes pidieron ser admitidos. También se diseñó un ritual de iniciación, en el que los nuevos integrantes debían jurar fidelidad a los principios del grupo. También se alertó a todos sobre la necesidad de vigilar a los demás para que no infringieran las normas.

No pasó mucho tiempo antes de que comenzaran a llegar las delaciones. Proliferaron “los chivatos”, pero la idea estaba en pleno furor. Los alumnos que antes habían sido los más destacados, ahora se veían desorientados y pasivos. Quienes anteriormente estaban aislados, de repente se integraron al grupo sin mayores problemas. Incluso el rector de la escuela comenzó a utilizar el saludo de “La Tercera Ola”.

El orgullo

Al día siguiente el profesor Jones llegó a su clase y encontró a un grupo de 80 alumnos, completamente silenciosos y atentos a lo que iba a decir. El maestro habló del orgullo nacional, de la importancia de hacer del país la mejor nación del planeta.

Enseguida los invitó a una reunión pública, exclusiva para los miembros de la Tercera Ola, en la que un candidato a presidente anunciaría un programa de gobierno para la nación.

Todos estaban entusiasmados y comenzaron a preparar la actividad sin hacer ningún reparo

Profesor con la mano levantada

Se descubre el experimento

El último día del experimento comenzó con los preparativos para la manifestación. En el auditorio Jones saludó a sus alumnos quienes le respondieron con el gesto acordado. También les pidió repetir el mantra (¡Fuerza a través de la disciplina!) y ellos lo hicieron varias veces, con singular convicción.

Luego Jones prendió un televisor para que todos conocieran al ansiado líder. La imagen permaneció en blanco. Poco a poco comenzó a cundir la angustia y se impuso un largo y desilusionado silencio.

Fue entonces cuando Jones tomó el micrófono y dijo estas palabras:

“Escuchad con atención, tengo algo importante que deciros. No hay ningún líder. No hay ningún movimiento nacional llamado la Tercera Ola. Habéis sido usados, manipulados, no sois mejores que los nazis alemanes que habéis estudiado”

Luego proyectó una película sobre el Tercer Reich. Algunos lloraron. Otros simplemente se levantaron y se fueron en silencio, decepcionados.

Imagen cortesía de James Vaughan, FilaSiete