La tristeza en los niños

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 25 enero, 2018
Sara Clemente · 25 enero, 2018

Nadie está exento de estar triste, ni siquiera los más pequeños. La pérdida de alguien, una circunstancia imprevista, una oportunidad desaprovechada… La tristeza en los niños no es una excepción. Por eso, debemos estar ahí para cuando nos necesiten. Educarles en la conciencia y regulación emocional es clave para que luego, sean capaces de expresar cómo se sienten.

La película Inside Out, traducida como Intensa-Mente (Latinoamérica) y Del revés (España), deja claro la importancia que tienen las emociones básicas en nuestra vida. En concreto, reconocer y manifestar la tristeza. Porque, al igual que el miedo, la alegría o la ira, saber canalizar el desánimo es algo a lo que se nos debería enseñar de pequeños.

Ayudarles a entender qué es la tristeza

Cuando nos encontramos con alguien que parece estar triste, con frecuencia tendemos a huir en dirección opuesta. Parece que tememos contagiarnos y, por eso, preferimos estar cerca de quien siempre tiene una sonrisa por bandera. Pero la tristeza en los niños, al igual que en los adultos, es una emoción esencial y necesaria. Y sin ella, no podríamos hacernos a la idea de lo que es la alegría.

Si bien durante la adultez es más común sentir esta emoción debido a las desavenencias que nos han podido pasar en la vida, en niños resulta, cuanto menos, chocante. Es raro encontrar a un pequeño de 5 años sentado en un banco solo con la mirada perdida o ahondando en su vida interior. Se supone que su inocencia, su precaria madurez intelectual y sus preocupaciones, únicamente lúdicas, deberían garantizarle una alegría inquebrantable. Pero puede no ser así.

Niño triste abrazado a su hermano

Esto no quiere decir que los niños no tengan derecho a sentirse mal. Lo tienen y de hecho, es más común de lo que nos imaginamos, conveniente en ciertos momentos e inevitable en muchos otros casos. Por ejemplo, pueden sentirse melancólicos por la pérdida de un familiar o su mascota, por un cambio de colegio, por una pequeña riña con algún compañero…

Por eso, la mejor manera de ayudarles es hablándoles sobre la tristeza, enseñándoles a identificarla y entenderla. Hay que hacerles ver que es preferible reconocer que ocultar. Que todos nos sentimos así algunas veces y que es bueno abrazar esta emoción para calmarla y dejarla ir.

Formas de manifestar la tristeza en los niños

Al igual que las personas adultas, los pequeños también pueden expresar su estado emocional de distintas maneras. Cuando se divierten y están felices es normal que se rían, jueguen y se muestren alegres. Cuando tienen miedo, suelen permanecer inmóviles y callados hasta que el susto se les pasa. Pero cuando están tristes, la manera que tienen de manifestar esa emoción no está tan clara.

A veces, pueden llegar a realizar conductas opuestas un mismo día que enmascaran su verdadero estado de ánimo. Veamos ejemplos de cómo se manifiesta la tristeza en los niños:

  • Hipoactividad: se muestran decaídos, apáticos, indiferentes, poco habladores, inapetentes, dormilones… Suelen llorar frecuentemente, incluso cuando no hay un detonante claro.
  • Hiperactividad: comen en exceso, están ansiosos, no quieren dormir, están demasiado parlanchines…

Así, para poder detectar cuándo les domina la tristeza, los padres y tutores deben estar especialmente atentos a los cambios bruscos en su comportamiento y a su clima emocional.

Cómo ayudarle a manejar la tristeza

Una vez que hemos detectado una conducta inusual o excesiva en el pequeño, es bueno preguntarle por qué está así. Seguramente que no sepa decírlo o, simplemente, no quiera y prefiera encerrarse en sí mismo. Pero ya sabemos que los niños, durante sus primeras etapas de desarrollo son como esponjas.

Los hijos aprenden de las expresiones emocionales de los padres, por lo que son su referencia también en el terreno emocional. Por esto, es conveniente que los progenitores le expliquen que todo el mundo se siente triste alguna vez. Que es algo normal y que papá, mamá, la abuela o el tío lo sienten alguna vez. Pero también deben explicarle que es una emoción que se termina pasando cuando consigue entenderla, afrontarla y aceptarla.

A través de las fotografías de rostros, dibujos o simplemente conversando con ellos sobre la tristeza se puede fortalecer su capacidad para reconocerla. Una vez que sepan identificarla podemos enseñarle cómo afrontarla a través de ejemplos en los que nosotros mismos simulemos cómo hacerlo.

Niño pequeño triste

Qué no le beneficia

Lamentablemente, el disimulo está más de moda que el afrontamiento. Desde pequeños nos enseñan a cambiar una lágrima por una sonrisa y a reprimir la tristeza. Pero esto no hace desaparecer esa emoción, solo la entierra de tal manera que cuando brota, lo hace con más fuerza.

  • La burla: la frase de “Eres un llorica” es tremendamente negativa cuando un niño está derramando lágrimas. Lo único que hace es frenar su expresividad emocional, retraerle y obligarle a ocultarla. Es una manera muy negativa de ridiculizar sus sentimientos.
  • Meterle prisa: si le preguntamos cómo se siente y no contesta es muy común que tendamos a urgirle y a exigirle que lo haga. Ahora bien, solamente hablará cuando sepa que cuenta con nuestro apoyo, pase el tiempo que tenga que pasar. Es importante que le hagamos sentir escuchado y apoyado en todo momento.
  • Restarle importancia: “Eso no es nada, es una tontería. No te pongas así”. Tampoco ayuda porque para él sí tiene mucha relevancia el acontecimiento que lo ha desencadenado. Lo que se debe hacer es menguar el posible dolor o tristeza que le causa y no minimizar su impacto.
  • Reñirle o castigarle: “Como sigas lloriqueando, te castigo”. Con esta sentencia solamente le estamos dejando un camino: que deje de llorar y se aguante su tristeza. Volvemos al punto uno. Por el contrario, un abrazo le ayudará a sentirse tremendamente bien y lleno de fuerza y energía.

Como vemos, el papel de las personas de su entorno es fundamental para que comprenda que no debe tener miedo estar triste ni a reconocer que lo está. La tristeza en los niños no debe pasarse por alto.