La universidad no es lo que parece

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Alberto Álamo
· 9 abril, 2019
Alrededor de la universidad giran una serie de expectativas. Es interesante repasarlas y contrastarlas con la realidad

Desde siempre hemos hemos asociado una serie de ideas al mundo de la universidad. Y no es algo raro, ya que la época universitaria es percibida de muchas formas. De hecho, no existen dos testimonios iguales acerca de la vivencia personal de la etapa universitaria.

Estudiar una carrera es una opción que la mayoría de la gente suele considerar desde edades muy tempranas. Por ello, es interesante analizar qué expectativas suele haber a la hora de estudiar un grado. Profundicemos. 

Expectativas sobre el paso por la universidad

Aunque con el paso del tiempo la tendencia va cambiando, la universidad goza de miles de minicampañas de marketing, desde que somos pequeños. Estas nos llegan desde nuestros maestros, familiares, allegados, etc. y nos vienen a decir que estudiar una carrera es lo mejor que podemos hacer para conseguir una vida estable en un futuro.

Estudiantes universitarios

Ahora bien, la noción que ahora se tiene de la universidad ya no es exactamente la misma, ya que se han producido muchos cambios sociales, especialmente en el mercado laboral. Pero, a pesar de ello, aún existen expectativas asociadas a estudiar una carrera:

Empleabilidad

Está muy extendido creer que la carrera, per se, va a dotarnos de más empleabilidad que otro tipo de formaciones, como los ciclos de grado medio o superior.

Evidentemente, cada carrera cuenta con unas determinadas salidas que interactúan con el estado del mercado de trabajo. Pero si la creencia reside en que tener un título de grado (el que sea) nos va a dar ventaja por ser percibido como un título de mayor importancia, es una creencia poco fiel a la realidad académica y laboral.

Fiesta

La universidad y la fiesta son dos ámbitos que, a pesar de su incompatibilidad de base, suelen ir de la mano en el ideario de la mayoría de personas. Esta expectativa también es alimentada por las influencias estadounidenses de cómo es la vida del estudiante universitario.

En muchas películas y series americanas vemos como la etapa universitaria es casi una filosofía de vida, dotada de innumerables códigos, rituales y costumbres. Aquí no existe una vida universitaria comparable con la de Estados Unidos, pero sí que existen experiencias y espacios propios del colectivo universitario. Las becas Erasmus son un ejemplo.

Crecimiento intelectual

La expectativa de creer que por estudiar una carrera te vas a convertir en poco menos que un sabio todavía ronda muchas cabezas. Lamentablemente, cultivar tu mente y tu intelecto tiene más que ver con una actitud personal que con la estimulación intelectual que suele ofrecer un grado.

Independencia

Por edad, es muy frecuente asociar la etapa universitaria a la libertad en su máxima expresión. Si a eso le sumamos que, en muchos casos, la gente tiene que irse fuera de su ciudad o pueblo para estudiarla, la expectativa gana fuerza. Esta expectativa se suele cumplir, al menos en lo que respecta a las actividades diarias.

Sin embargo, en lo académico, se ha producido cierta involución. La asistencia es obligatoria en los grados universitarios, a no ser que el profesor o profesora decida “mirar hacia otro lado”.

Antes de los grados, en las diplomaturas y licenciaturas, no era muy frecuente que la asistencia a las clases fuese obligatoria, y si lo era, era por decisión del docente en cuestión. Existía entonces la libertad de decidir si acudir a clase o preparar la materia por cuenta propia.

Alumnos en clase de la universidad

¿Qué nos llevamos de la etapa universitaria?

Más allá de expectativas, sí que podría decirse que la universidad es una pequeña etapa de nuestra vida. Si decidimos elegir ese camino, vamos a aprender mucho. Pero, los aprendizajes más importantes seguramente se encuentren fuera de las aulas.

Una de las cosas más hermosas de la etapa universitaria es poder compartir espacios con personas que jamás te imaginarías que podrías conocer. Muchas de ellas, además, van a enseñarte mucho sobre la vida, con sus aportaciones, con debates, con conversaciones sinceras… La gente, los compañeros y compañeras son, sin duda, lo mejor que te vas a llevar de la universidad.

Algunas de esas personas acabarán por convertirse en amigos incondicionales, otros serán compañeros a los que no les pierdes la pista y te alegrará verles crecer. Incluso tendrás compañeros con los que te limites a cruzar dos palabras y no acabes por tener mucha relación.

Pues, aunque no lo creas, vas a recordarlos a todos, incluso a estos últimos compañeros… a aquel compañero que era tímido, pero siempre te saludaba con una sonrisa, o a aquella compañera que se sentaba justo detrás de ti con la que no llegaste a hablar. Y es que, si la universidad nos aporta algo con más intensidad que las propias relaciones que nos llevamos es esto, la nostalgia.